Temtem, parecidos razonables y patios de colegio

Temtem no es un plagio. Temtem no es una copia ni un clon, no. Aunque esto seguramente se puede discutir (yo no pienso discutir, pero se puede). Para mi, Temtem es una carta de amor. Es una carta de amor a Pokémon y a todos los fans de Pokémon; nuevos, viejos, antiguos… 

Y es obvio que la gente de Crema, el estudio español detrás del fenómeno Temtem, son fans de los juegos de GameFreak, y me parece claro que se han acercado a la fórmula desde el cariño, y no desde una hoja de excel.

Han visto donde cojeaba la saga de Pikachu y compañía y le han dado una vuelta de tuerca a sistemas y convenciones firmemente ancladas en el pasado. Convenciones mejores o peores, pero idiosincráticas de Pokémon, y que si no estuviesen ahí en la siguiente entrega sería, por lo menos, para arrugar el morro. Temtem es ágil, en todo. Desde el tutorial, que dura lo que tiene que durar, y no del orden de 5 a 10 horas, a los combates en sí. Se entra y se sale del combate en el tiempo justo, además, son todo lo veloces que quieras que sean, y no dan sensación de pesadez ni tedio.

Ayuda que el juego sea un festín para los ojos. Ya no solo los modelos, tanto los de los bichos como los del mundo, riquísimo de detalles, sino la dirección artística, que acierta de lleno con los tonos pasteles, los efectos de partículas, la propia interfaz… El juego toca todas las teclas necesarias para transmitir una sensación de suavidad pocas veces vistas. Y todavía más mérito tiene esto cuando estamos hablando de un título en Early Access. 

Por decirlo rápido y claro, Temtem lo está petando, aun sin ser la versión final (una versión final que todavía tardaría en llegar, si todo va bien, alrededor de un añito). Y esta puede ser un arma de doble filo. Que la gente de Crema no pueda llegar a las expectativas de la ya numerosa, y cada día un poquito más, comunidad de jugadores. Jugadores que han encontrado en el título español un refugio muy calentito, y que hace sonar las mismas notas que aquel rojo y azúl, cambiando el patio del colegio y el cable link por el sofá y las comodidades modernas. Y para redondear, no podría haber salido en mejor momento. Justo cuando Pokémon se encuentra en sus horas más bajas, con un título que cumple pero no enamora y un futuro que tiene las ventas millonarias aseguradas, pero no así el cariño de los jugadores.

Al final, Temtem apela a despertar en nosotros los mismos sentimientos que nuestros primeros Pokémon, solo que nos da todas las comodidades de hoy en día para hacerlo, envueltas en un paquete que, más que paquete, es un caramelo. Un caramelo de los que ya no se hacen, pero que nos recuerda sabores pasados, solo que esta vez es artesanal, local y sin azúcares añadidos ni aceite de palma.

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