Las melodías más relajantes de la banda sonora de la saga Ori

Ana María Gutiérrez

Ana María Gutiérrez

Durante cualquier gameplay, el papel que la música ocupa en función del escenario donde nos encontremos, las opciones de jugabilidad y la trama del argumento que se desarrolle en ese momento, es fundamental, permitiendo pasar por diferentes gamas de sonidos que provocarán determinadas emociones. Gareth Coker, compositor de los dos juegos de Ori, Ori and the Blind Forest (2015) y Ori and the Will of the Wisps (2020), es un maestro en ello, siendo capaz de llevarnos con su música del dramatismo más desolador a la paz y la calma absolutas. Y todo ello, en cuestión de segundos. Así, en este artículo, y en consonancia con la temática que presentábamos en nuestro artículo anterior, haremos un repaso con los temas más relajantes y evocadores que podemos encontrar en estos dos juegos del pequeño espíritu del bosque Níbel, y que, con toda seguridad, no os dejarán indiferentes. Solamente hemos analizado estos temas por cuestiones de extensión, destacando cada una de las bandas sonoras de los dos juegos de la saga son verdaderas obras de arte y merecen la pena ser escuchadas una y otra vez.

Una banda sonora que para nada se queda atrás frente a la belleza del bosque Níbel

Ori and the Blind Forest


La banda sonora de este título, del británico Gareth Coker, viene dando de qué hablar desde su lanzamiento, y es que se trata de un conjunto de melodías repletas de efectos, colores e instrumentaciones que, sencillamente, suponen la perfección de la música para videojuegos llevada, además, a un juego de una enorme calidad técnica y artística. Premiada en los X Premios Jerry Goldsmith en la categoría de Mejor Banda Sonora para Videojuego, Ori and the Blind Forest representa uno de los trabajos más cuidados del compositor, ya que consigue transportar al oyente al mágico mundo de Ori desde el inicio del juego, siendo fiel en todo momento a lo que el propio guion exige y con melodías cargadas de contrastes y de un fuerte componente emocional, dentro de una trama de gran poder dramático. 

Si bien todas las pistas que podemos encontrar en esta banda sonora son dignas de reconocimiento, hemos seleccionado algunas que, por su tratamiento musical y su carácter, se ajustan perfectamente al tipo de música que pretendemos abordar:

The Waters Cleansed

Para llegar a este punto del juego, nuestro pequeño espíritu del bosque había tenido que completar una durísima huida por la crecida de las aguas dentro del Árbol Ginso, restaurando con ello el primero de los tres elementos necesarios para superar el juego: el agua. Cumplido este objetivo, Ori es atacado por la búho Kuro y salvado por la araña Gumo, iniciando con ello la Ciénaga del Sentispino. La estética de este lugar se caracteriza por un paisaje de naturaleza virgen y frondosa, regado por cascadas y un lago de aguas cristalinas, calmadas y aparentemente inofensivas (y decimos aparentemente porque no estará exenta de peligros).

Ciénaga del Sentispino. Inicio de la zona.

La amplitud y luminosidad de esta zona del mapa rompe por completo con lo encontrado en el juego hasta ahora, mucho más tétrico y oscuro, y esto también se va a ver reflejado en la música, que recrea el carácter inocente y puro de este paraje. Instrumentos como la marimba, el oboe, el pizzicato de las cuerdas, el piano y el vibráfono dotan a la pieza de un carácter juguetón y sencillo, que se asemeja en cierto modo a una melodía infantil. Con ello, se pretende crear una atmósfera fresca, reposada, y desenfada, que nos recuerda que después de la “tormenta” vivida en el Árbol de Ginso, siempre llega la calma y la paz, como muestra esta zona rebosante de vida. Y precisamente todo ello se consigue a través de un tiempo musical tranquilo que presenta el tema principal de la banda sonora de forma claramente reconocible en el oboe y sobre duraciones más largas que la de temas anteriores. No cabe duda de que el encanto de esta melodía, sumado a la belleza de las imágenes, no dejarán indiferente al jugador, que podrá deleitarse, además, con los múltiples recovecos acuáticos y aéreos que este espacio ofrece.

Riding the Wind
Completing the Circle

En esta ocasión, Ori llega al Paso del pesar, una zona de constante ascensión, con escarpadas rocas repletas de pinchos, que deberá completarse haciendo uso en gran parte de la pluma de Kuro. A modo de paracaídas, ésta aprovecha las corrientes de aire para subir por lugares imposibles en los que el salto no supone una opción. El final de su empresa en estos lares termina con la obtención de la piedra solar, tras llegar a una cima donde el paisaje desprende hermosura y esplendor. Un cielo azul intenso, un sol brillante que se remonta por encima de las nubes y, de fondo, el volcán del Monte Horu, hacen sin duda las delicias del jugador que, tras las vicisitudes vividas en tan complicada ascensión, siente que, por fin, ha alcanzado la libertad y seguridad de la cima de la montaña y, con ello, su meta: la piedra solar (incluso podríamos ponernos filosóficos estableciendo un símil con la propia vida y sus dificultades a la hora de conseguir nuestros objetivos).

Paso del pesar. Final de la ascensión y obtención de la piedra solar.

No es casual, pues, que tanto en esta escena como en las que la preceden, la música recree la propia ascensión y el sentimiento de libertad y plenitud que supone haber alcanzado la cima. Este efecto se produce a través del uso y contraste de los instrumentos, de modo que las melodías más graves de las cuerdas recrean la profundidad de la montaña ascendida y la más aguda de la flauta, interpretada por la solista Rachel Mellis, se asocia a las corrientes de aire que impulsan a nuestro protagonista hacia su objetivo. El sonido amaderado de la flauta y su melodía, repleta de adornos y con un carácter improvisado, fluctúan con el resto de temas, en un constante ir y venir de efectos que se asemejan al fluir de las ráfagas de viento. La melodía va ganando intensidad a medida que se desarrolla, lo que se consigue incluyendo nuevos instrumentos, como las cuerdas más agudas (violines), el piano realizando el tema principal de la banda sonora, o una gran variedad de instrumentos de percusión. Esta mecánica se va sucediendo en forma de bucle una y otra vez, lo que contribuye a llenar de continuidad y dinamismo la acción del juego, igual que el fluir constante del viento, con una atmósfera prácticamente hipnótica, muy ligada a la propia magia que acompaña al pequeño Ori, potenciado además con efectos de sonido como ecos.

Ori and the Will of the Wisps


En esta nueva aventura de Ori, que vuelve a encumbrarse como una magistral obra de arte debido a su excelente calidad técnica en cuanto a gráficos y música, el pequeño espíritu del bosque tendrá que encontrar al búho Ku, hijo de Kuro, que se separa de Ori al sufrir un accidente en una tormenta durante uno de sus primeros vuelos. Nuestro protagonista se adentra, así, en una nueva aventura en la que, a diferencia del primer juego, podrá interactuar con personajes que aparecen en las diferentes zonas del mapa, sumando con ello, cierto componente RPG a al propio género metroidvania. Otras novedades son la mejora de armas a través de compras e intercambios con dichos personajes, nuevas habilidades de juego y la posibilidad de completar misiones secundarias, entre ellas, la de los cristales Gorlek para repoblar la aldea de los Moki.

Si bien toda la música del juego vuelve a convertirse en un auténtico deleite en el que se amplían las sonoridades a través de nuevos instrumentos, queremos destacar especialmente un tema que, por sus características y efectos en el oyente, merece especial mención:

Luma Pools

Por establecer una analogía con Ori and the Blind Forest, podríamos decir que hemos llegado de nuevo a un estanque (como sucedía en la Ciénaga del Sentispino), pero con un carácter completamente diferente. Si bien en el primer juego lo verde de la vegetación virgen creaba, junto a la música, la sensación de pureza y paz, ahora la intención es llevar la imaginación hacia un mundo lleno de fantasía, con un paisaje “imposible” que recuerda a la magia de las sirenas. La vegetación rosada, las burbujas de agua que salen de las profundas aguas y que nos impulsan a ascender a las plataformas más elevadas y los arrecifes de coral que encontramos aquí dotan a esta parte del juego de un sinfín de posibilidades en cuanto a jugabilidad, con una prueba de velocidad especialmente difícil de completar. Ni que decir tiene que la música, como no podía ser de otra manera, va a ser tratada con el rigor que merece para reflejar todo lo que la escena inspira. 

Así, quizá lo más destacable es el efecto que va produciendo el orden de los timbres musicales que se suceden, ya que, desde primera hora, las voces femeninas y el piano, con un carácter ondulante y a través de ecos, nos meten de lleno en ese mundo de sirenas y cantos acuáticos que recuerdan más a una ensoñación que a una escena real dentro del juego. La cuerda va intensificando esta emoción inicial hasta dar paso a un tema interpretado por un instrumento de timbre muy peculiar, como es el sitar (instrumento indio que seguro que os sonará de algunas canciones de John Lennon), que llena la escena de un mayor exotismo, si es que cabe. Esto da paso a la percusión (marimba y vibráfono), que añade nuevamente cierto toque infantil, pero, sobre todo, continuidad hacia el motivo que después toman las flautas y que, igual que ocurría en los anteriores temas de Ori, marcan el contacto con la naturaleza y la sensación de libertad (la misma que nuestro protagonista ha de sentir cuando vuela libre en el firmamento al impulsarse con las burbujas que afloran de las aguas cristalinas). Como viene siendo habitual en esta banda sonora desde el primer juego, el oboe hace irrupción introduciendo el tema y siendo secundado por la unión de voces, flauta, piano, percusión y cuerda. El tratamiento musical, pues, se basa en la adición de todos los instrumentos que aparecían anteriormente de forma solista para crear como resultado un conjunto sonoro cargado de intensidad, cerrando con la marimba y el sitar, que se pierden en la nada, finalizando con ello esta “ensoñación”.

Estanques de Luma. Ori preparado para sumergirse en las agudas de este idílico lugar.

Una vez presentadas estas melodías, creemos que lo mejor, más que describirlas, es escucharlas y dejarse llevar por los sentidos. Seguro que, por lo menos, viviréis una experiencia sonora muy placentera que os transportará a otros mundos mágicos. Como músico profesional y estudiante de psicología, a modo de curiosidad, resulta significativo que la musicoterapia utilice como instrumentos potencialmente terapéuticos la flauta, el piano y la voz humana, entre otros. ¿Coincidencia que los hayamos encontrado en estas piezas? Sinceramente, no lo creemos.

Para saber más:


Requena, N. (2021). Revista Manual nº 7. Entrevista a Gareth Coker, pp. 34-45.

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