Florence: sí, pero no.

Contiene spoilers.


Durante el 2018 Florence tuvo tres nominaciones en The Game Awards 2018: Juegos de impacto, mejor juego para móviles y mejor debut de un juego indie, además de una gran acogida por el público y la prensa. Si además sumamos el nombre de Ken Wong, que está detrás de Mountains, conocido por Monument Valley, este juego era obligatorio jugarlo.

Tenía curiosidad desde su inicio porque me suelen gustar los juegos que priman las emociones por encima de las mecánicas, que le dan una vuelta más, que buscan hacerte sentir algo distinto al jugarlos, pero hasta ahora no había tenido la oportunidad de probarlo. 

Por suerte, ya hace tiempo que los videojuegos han dejado de ser vistos como algo para niños e incluso han dado un paso más allá de lo que simplemente sería distraer para convertirse en poderosas herramientas que sirven para mostrar una realidad, denunciar situaciones, educar o simplemente trasladar experiencias. 

Florence es uno de esos juegos que precisamente busca convertirse en una experiencia, en una historia interactiva que te cautive sin necesidad de una gran jugabilidad, gráficos o textos. 

Tras jugarlo, y pese a que valoro la intención con la que se ha creado Florence, la sensación final es de una frialdad que no me esperaba. Pero no acabo entender de muy bien el por qué, de ahí que me haya decidido por escribir esta experiencia que no deja de ser ese conjunto de ideas que me han venido a raíz de jugarlo. 

Todos tenemos historias en nuestros recuerdos que nos hacen temblar, sonreír, poner la piel de gallina. Recuerdos que queremos que permanezcan siempre ahí y que jamás pasen al olvido. Algunos que nos gusta guardar en secreto para nosotros, sin compartirlos, siendo egoístas en nuestra felicidad, y otros que los cantaríamos al mundo entero ya sea porque es algo bonito o incluso porque es algo que nos ha hecho aprender, madurar, evitar errores futuros en nuestra vida y evitar que otras personas cometan ese error. Otras veces ni siquiera son errores, es que la propia vida te hace aprender a base de historias que no tienen un final feliz.

Florence es una historia de amor. De ese primer amor con el que aprendes lo bueno y lo malo de amar, de ser vulnerable, de ceder una parte de ti para pasar a ser dos. Una historia que se divide en seis actos que van evolucionando a medida que lo hace la propia protagonista, tanto en el amor como a nivel personal.

Nuestra protagonista, Florence Yeoh, vive una vida monótona, una vida que se encuentra estancada. Sin ningún diálogo vivimos ese día a día de Florence. Una vida de rutina sin color en la que se despierta, coge el tren, trabaja, aguanta las llamadas de su madre -algo sobre protectora y con la insistente necesidad de querer buscarle un novio- aunque apenas sin hacerle caso, vuelve a casa y así, día tras día.

Pero un día, sin buscarlo, aparecen esas notas de color en su vida: encuentra el primer amor.

¿Os acordáis de vuestras primeras citas? Florence no es diferente y tiene las dudas que tienen la mayoría al quedar con alguien que le gusta. ¿Qué me pongo? ¿Dónde iremos? ¿De qué hablaremos? ¿Llego demasiado pronto o tarde? Nervios, dudas, miedo, ganas de salir corriendo, adrenalina bombeando el corazón. 

Comienzan las primeras frases, temas banales, típicos, incluso silencios que poco a poco van a menos hasta que la conexión se hace efectiva, salta la chispa y las horas pasan volando hablando de todo y de nada. Y en eso el juego utiliza una mecánica muy acertada gracias a un mininjuego de bocadillos de texto vacíos. Al principio tendremos piezas de puzzles para formar el bocadillo que representa lo que cada personaje va a decir. Por lo que esas primeras frases al inicio son más lentas, debes pensarlas y buscar bien las piezas. Cada vez esos bocadillos serán más grande, tendremos menos, y será más rápido y fácil construirlos ya que nos iremos sintiendo más seguras al hablar con Krish. Hasta que al final tan solo será una pieza. El diálogo fluirá solo y la conexión entre ambos se hace efectiva. 

Florence está feliz, se siente flotando en una nube. Y cuando uno está bien, se siente mejor con los demás pero sobre todo con uno mismo. Krish tiene la música como vocación y Florence le ayuda a hacer realidad su sueño: entrar en el Conservatorio de Música. Pero ¿Cuál es el sueño de Florence?

Así que mientras viajamos por los recuerdos de Florence, reflexionamos, tanto ella como nosotros mismos, y descubrimos su vocación: el arte. Unos recuerdos que te hacen pensar cómo dejamos atrás nuestros sueños de la infancia. ¿Os acordáis de lo que queríais ser de pequeños? ¿Es a eso a lo que os dedicáis ahora? Algunos tendréis suerte, otros no tanta o simplemente las cosas cambiaron. Lo mismo sucede con Florence, quien tuvo que dejar de lado su pasión por el arte por culpa de la opinión de su madre.

Pero todos sabemos que aunque los inicios de una relación suelen hacerte viajar a las nubes, también hay momentos tensos y se discute. No todo es un cuento de hadas. Pero aun así, se superan esas diferencias y deciden irse a vivir juntos. Una nueva etapa que se inicia con mucha ilusión pero que supone también ciertos sacrificios. La convivencia. Una nueva fase en toda relación en la que de nuevo se nos pone a prueba. Quizá sirve para ver que seguís siendo dos piezas de puzzle que encajan a la perfección como puede servir para abrirnos los ojos y ver que las cosas no son lo que parecían, que esa persona no es tan perfecta como creíamos o que simplemente, no encajamos. Y si pasa esto último ¿Hay que forzar las cosas? La respuesta es no.

Así que Florence y Krish entran en discusiones que van a más. Discusiones más difíciles de reconducir. Momentos de tensión. De tristeza. Momentos que pretenden transmitir el dolor que uno padece cuando la vive en primera. 

Porque como he dicho desde un inicio, Florece es una experiencia que pretende hacerte revivir ese primer amor o desamor, esa primera ruptura. Por lo que busca que te identifiques y empatices con la protagonista. 

Finalmente, el juego te muestra como Florence, tras la ruptura, decide seguir su corazón, no en el plano del amor, sino seguir su sueño y dedicarse al arte y la pintura. Algo que hace con todas sus ganas acumuladas de años de rutina y desgana. Con esa fuerza que saca para olvidar esa ruptura y que tiene la suerte de funcionarle convirtiéndose en una artista de éxito. 

Está bien darle valor a las historias cotidianas aunque sin caer en tópicos. Y esa es la parte negativa que veo a Florence. Su intención es la de emocionar, la de hacerte recordar, la de identificarte con Florence y revivir emociones y sentimientos pasados. Pero quizá en esa búsqueda han tirado por el camino fácil centrándose en la típica primera historia de amor, con una rotura “perfecta” que no deja marcas en ninguno y con un desenlace para ambos maravilloso ya que casualmente ella se convierte en artista reconocida. 

Pero no solo eso. El planteamiento inicial que hacen es como si por estar sola no pudiera alcanzar sus sueños, que uno no tiene motivaciones o aspiraciones hasta que aparece un hombre/mujer en su vida, que necesita de un tercero para abrir los ojos, ¿Acaso estar sola es malo?

Para quien nunca haya probado juegos de este tipo, está claro que la apuesta lo merece y te aporta una experiencia nueva y única. Un soplo de aire fresco entre tanta avalancha de juegos planos que no van más allá, que buscan el entretenimiento momentáneo sin cautivarte. Aún si has probado otros juegos del estilo, Florence destaca por alguna mecánicas novedosas que encajan, además, a la perfección con el medio en que se juega. Pero repito que la historia no sorprende, la animación no destaca, pero su historia y la manera de enfocarla sí lo hace a pesar de caer en esos odiosos tópicos. Vale la pena, pero quizá no es para destacar tanto entre tantos otros que hay que transmiten lo mismo o más. 

Se destaca su historia como si fuera el primer videojuego que lo hace cuando no es pionero ni de lejos. En consolas tenemos grandes ejemplos de cómo un videojuego te puede hacer sentir, emocionar, ser una historia que te llegue y pase a formar parte de ti como Hellblade:Senua’s Sacrifice, Life is Strange, This War of Mine, Night in the Woods, That Dragón, Cancer, Bury me, my love.

Es cierto que Florence nos cuenta una historia de la vida diaria, que no tiene pretensiones ni busca tratar temas sociales delicados o complejos como algunos de los ejemplos que he mencionado. Simplemente transforma lo cotidiano en historia, quizá sin entrar en temas tan profundos y compartiendo plataforma podría recordar a The End of the World.

Pero el tema es que con tantas expectativas generadas (quizá problema mío por haberlas generado) y valorando, por supuesto, el trabajo, la originalidad de las mecánicas, la idea y la música, mi sensación al terminar fue un: ¿Ya está? Y no por la duración, porque un juego no debería medirse nunca en minutos sino en lo que traslada, pero sí por esa cierta decepción al esperar Florence como ese juego original, esa historia que te llega, esa novedad en videojuegos y encontrarme con esa receta que a pesar de tener buenos ingredientes le ha faltado sal.

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