Cuando el destino te llama

Siento como, últimamente, los video juegos me están fallando. Como ya deberíais saber, lo único que les pido es que me entretengan y, si es posible, que me diviertan. De un tiempo a esta parte, los juegos de esta generación no lo están consiguiendo (salvo honrosas excepciones). No estoy diciendo que no sean buenos juegos: simplemente me «aburren» (si entendemos como «aburrir» a la falta de motivación para continuar jugando) Sin embargo, Dust: An Elysian Tail me ha demostrado algo: cuando el destino te llama, tienes la obligación de acudir.

 


Vaya por delante que no he prestado demasiada atención al Summer Arcade de Xbox Live y que mi desconocimiento de Dust: An Elysian Tail era absoluto. Ni sabía quién era Dean Dodrill (más conocido como «Noogy», un «ex artista» de Epic Games que, con una versión inicial de Dust: An Elysian Tail, ganó en 2009 la Microsoft XNA Dream-Built-Play valorada en cuarenta mil dólares) y ya ni os cuento el saber que el juego está ambientado en el mundo de una película llamada Elysian Tail que aún no ha visto la luz.

Quiero decir con esto que lo que ha conseguido este juego tiene muchísimo mérito: coger a un total desconocedor del mismo que, además, no ve en estos momento los video juegos como su mayor foco de entretenimiento y hacer que no suelte el mando hasta terminarse el juego. No sé si os ha pasado alguna vez (por mi bien espero no ser el único…) pero la yema de mi pulgar izquierdo está completamente negra (y el stick izquierdo de mi mando, completamente desgastado)

Dust An Elysian Tale

Dust: An Elysian Tail es lo que «algunos» (siendo «algunos» la comunidad entera de jugones que ronda por ahí fuera) llamaría un «metroidvania». Por si alguno de vosotros ha despertado recientemente en el claro de un bosque sin recordar nada de nada, se denomina «metroidvania» a un género de juegos de acción/aventura en dos dimensiones con mucho énfasis en la exploración (como los «Metroid» y «Castlevania», vaya) Como iba diciendo, encarnaremos a Dust, un chico que despierta completamente amnésico y que no sólo deberá descubrir su pasado, sino también encontrar redención para unos actos que, con la ayuda de Ahrah (una espada parlante) y Fidget (una gatita voladora, guardiana de Ahrah), irá recordando poco a poco.

El juego, estéticamente, es muy bonito aunque debo reconocer que he necesitado tiempo para aceptar los diseños de algunos personajes (la estética “furry” nunca ha sido lo mío) Considero un soplo de aire fresco, en estos tiempos en que imperan las tres dimensiones, este juego en dos dimensiones de scroll lateral. Cada zona tendrá unos escenarios y enemigos acordes a la situación en la que estemos, ya sea cruzando bosques, subiendo nevadas montañas, adentrándonos en oscuras cavernas o cruzando ríos de lava. Es cierto que los enemigos se van a ir repitiendo en base al escenario y que algunas animaciones de los personajes “humanoides” dejan un poco que desear pero, con todo, estos detalles no empañan (¡ni en broma!) la belleza de lo que irá sucediendo en pantalla sin ralentizaciones y con una suavidad digna de mención.

Dust An Elysian Tail

Adoro encontrarme con situaciones y obstáculos que me hacen, una vez ganadas las habilidades necesarias, volver para poder conseguir todos los tesoros y secretos. A pesar de que el juego no es muy largo, conseguir explorar todo el mapeado y encontrar todos los secretos nos llevará un tiempo: he terminado el juego en 9 horas (que para ser un arcade no está nada mal) pero con solo un 60% de juego completado (y nada de pensar que “sólo” se puede conseguir el 100%, por favor…)

Reconozco que gran parte del porcentaje que me falta del juego se me ha ido con misiones secundarias: nada nuevo en este sentido (ves allí y tráeme “x” objetos) pero le da una profundidad al juego que, yo al menos, agradezco… aunque luego me las haya saltado casi todas… pero no te preocupes Bopo: te traeré nieve de la montaña, claro que sí… y es que lo primero que he hecho al completar el juego (tras ponerme una tirita en el dedo) ha sido cargar la última partida y recorrer el mapa en busca de esas plataformas que necesitan de un doble salto, esos agujeros por los que hay que deslizarse, las enredaderas que ahora sí podemos escalar, las puertas que necesitan de unas gemas de resonancias de colores para abrirse… y ¿sabéis qué? ¡He encontrado una puerta para la que necesito una gema de un color que ni siquiera tengo!

Dust An Elysian Tail

Si a esto le sumamos el poder desbloquear recompensas para tu avatar de Xbox 360 (pensaba que esto ya sólo se hacía pagando…), una serie de retos desperdigados por el mapa en los que deberemos intentar superar nuestras marcas, y un ranking online para consultar las puntuaciones (tanto de los retos, como del mayor combo realizado, enemigos derrotados, tiempo en el que terminamos el juego,,,) del resto de jugadores, conseguimos una experiencia de juego deliciosamente divertida y entretenida con unos personajes muy carismáticos (o quizás sea que Fidget me recuerde muchísimo a Tails) a lo largo de algunas situaciones hilarantes sin dejar nunca de lado la terrible y dura trama principal.

Y es que la historia de Dust: An Elysian Tail sorprende por su madurez y emotividad en determinados momentos. Hay veces en que no importa si se hace lo correcto o no: es tarde. Simplemente, ya es tarde (un concepto realmente cruel debido a su sencillez, muy poco visto en los video juegos)

Ahora bien, sabiendo que no vas a poder conseguirlo, que no vas a poder salvarlos a todos, ¿lo intentarás? Cuando el destino te llama…

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