Análisis Yuki

Juan Cash

Juan Cash

Volvemos a colocarnos el casco. No hablo de coger la moto, sino las Oculus. Hoy nos toca hablar sobre un juego muy original. Una apuesta tanto arriesgada como divertida, que cumple cierto deseo infantil. Dar vida a nuestro muñeco favorito y salir a destruir enemigos con él. Arcade clásico y tecnología moderna se dan la mano en Yuki de los expertos en VR, ARVORE.

Empezamos en una habitación muy “cuqui”. Abrimos nuestra caja metálica (que parece una fiambrera) y de ella sale una muñeca. La cogemos como haría cualquier niño o niña y empezamos a jugar. Fundido a negro y saltamos con el tutorial. Y ojo esto me ha encantado. Es una chorrada muy prescindible pero, que cojamos la muñeca y acto seguido cambiemos toda la ambientación para empezar a jugar de verdad, me hace pensar en una metáfora de encontrarnos en todo momento en la imaginación de una niña pequeña, como nosotros mismos lo fuimos, y es maravilloso.

De hecho, durante todo el juego tendremos esa sensación de sostener nuestro juguete. Llevaremos al personaje en nuestra mano, como hacíamos con las figuras de Batman y Spiderman de pequeños. Solo que ahora embelesados por la realidad virtual.

Lo primero que se nos dice es que esto, sorpresa del 2021, es un roguelike. Pero que no nos preocupemos, aquí muchas de las ventajas que consigamos durante nuestras runs se mantendrán a nuestro lado en el futuro.

Después de explicarnos los conceptos básicos empieza el juego. Nivel uno y a fliparlo. El escenario se mueve solo en todo momento, como en un juego de carrera infinita. Solo que “finita”. Es decir, cada nivel tiene su final y en ocasiones este se traduce en un jefe.

Las pantallas se generan procedualmente, por lo tanto nunca jugaremos dos veces la misma. Nosotros, muñeca en mano, tendremos que hacer lo posible para esquivar todos los obstáculos y proyectiles enemigos, mientras que al mismo tiempo disparamos con nuestro poderes a estos para eliminarlos. Eso con la mano derecha, con la izquierda llevaremos una especie de gato robot, que nos ayudara a reunir orbes (que cambiaremos por mejoras para la siguiente run) y nos ayudará con un ataque especial, que congela a los enemigos. Por nuestra parte, la muñeca tiene un especial que se traduce en un escudo, cuya duración es bastante limitada en principio, pero que poco a poco reuniendo mejoras podremos aumentar. 

Durante las runs, entre enemigos y miles de proyectiles, aparecerán objetos de mejora, los cuales nos ayudarán, por ejemplo, aumentando nuestra salud máxima, añadiendo drones que dispararán a nuestro lado o reduciendo enfriamiento de habilidades (entre muchas otras cosas). Será importantísimo no dejar pasar estos artefactos si queremos tener opciones reales de completar el juego.

Avanzaremos una y otra vez por estos escenarios, lineales y llenos de peligros. Deseando llegar al final y completar la última run. El juego me ha sorprendido por lo bien que lleva su dificultad. Aparentemente sencillo, va complicándose más y más hasta que los niveles finales se trasforman en pantallas extremadamente exigentes. Aun así, completar el título no debería llevarnos más de 5 o 6 horas. Pero no os preocupéis. Ya que está previsto para el futuro (más pronto que tarde) un modo infinito, que sinceramente quedará de maravilla.

La muerte será nuestra amiga común en Yuki. Nos encontraremos con ella (metafóricamente) cada dos por tres, pero no será el final. Apareceremos en una especie de taller, en el cual podremos comprar las mejoras que nos acompañaran en la siguiente run (más las que ya tenemos), gastando los orbes que hemos ido reuniendo. 

Me ha gustado también que cada vez que morimos, se marcará nuestro progreso en una línea temporal. Incentivando así la auto competición por superarnos a cada intento. Además, cada vez que vencemos a un nuevo jefe, se nos dará una nueva skin, que va más allá de lo estrictamente estético, ya que cambiará en sus estadísticas así como en el proyectil que disparamos, y ojo hay la típica equilibrada o la que hace mucho daño pero es blandita. Dando así opciones al jugador para que juegue de la forma en la que se sienta más cómodo.

Otro punto que me ha gustado ha sido el de su arte. Es un juego muy japo, o tecno japo, cuyos enemigos se definen como yokais tecnológicos (o algo así, ya que está en inglés). Pasaremos por calles tradicionales y por zonas más rurales, como cierto estanque de esos que hemos visto tantas veces en el cine del estudio Ghibli. Además, esa banda sonora súper rítmica, nos dará ese empuje melódico que nos hará mover las caderas mientras controlamos el vuelo de nuestra muñeca. Ambas cosas se traducen en que cuando nos ponemos las gafas, vamos a pasar un rato muy agradable.

Debo reconocer, que mi primera impresión de Yuki, no fue demasiado positiva. Me parecía demasiado simplón. Mover la mano rápidamente era suficiente para esquivar los miles de proyectiles. Y los enemigos nunca suponían un gran desafío. Pero a medida que avanzas, fracasas y lo vuelves a intentar… la cosa va cogiendo ese “vicio” que tanto nos gusta a los que crecimos en los noventa, gastando monedas de cinco duros en los recreativos. 

Hoy día es difícil recrear ese sentimiento, en títulos donde el fracaso no se penaliza apenas o en aquellos que utilizan la “perma-muerte” como un recurso narrativo. Un roguelike tan arcade me ha devuelto a esa “época dorada” como diría Enrique Segura. Y solo por eso, este Yuki, será uno de esos juegos que permanecerán en mi biblioteca de juegos frecuentes. Ya que cuando salga el modo infinito, intentare competir por dejar mis iniciales en lo más alto posible.

Un juego único, que evidentemente no será del gusto de todos, pero que llega a la VR para ofrecer una apuesta tan innovadora como divertida. Y que por lo tanto merece que tengáis en consideración si disponéis de unas VR en casa.

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