Análisis World’s End Club

Montse MSillero

Montse MSillero

De cazadora de Pokemons a alma que vaga por el castillo de Drangleic, no hay experiencia a la que no se apunte.

Ya hace unos años que descubrí muy gratamente lo que me llegaba a satisfacer una buena visual novel. He de reconocer que por algún motivo que desconozco, posiblemente prejuicios infundados, les tenía cierto rechazo. Pero de un tiempo a esta parte disfruto mucho con este tipo de propuestas siempre que aporten una buena narrativa. Juego y a la vez leo ¿Qué más puedo pedir? 

¿Por qué os cuento todo esto? Porque hace un poco cayó en mis manos World’s End Club, un título que ya había pasado por dispositivos móviles y que llegaba a Switch. Un juego cuya estética llama la atención y que tiene detrás a Kazutaka Kodaka y Kotaro Uchikoshi, los guionistas de Danganronpa. Entonces ¿Por qué no se ha escuchado hablar tanto de esta propuesta? 

¿Os imagináis ir de excursión con el colegio y que un meteorito provocase el fin del mundo? Pues algo parecido ocurre en World’s End Club. Nos encontramos en el año 1995 y el Club de la Buena Estrella, un club en el que nos juntamos compañeros con los que compartimos aficiones, decide ir de excursión. Pero lo que se suponía como todo un día de disfrute se convierte en una pesadilla cuando nos despertamos en una especie de parque temático subacuático abandonado. No sabemos cómo hemos llegado allí ni por qué todos tenemos una pulsera en nuestra muñeca. Aunque pronto esas dudas quedan resueltas cuando conocemos a Pielope, un curioso personaje con forma de tétrico muñeco que nos ha preparado un macabro juego. En ese momento comienza nuestra aventura con un juego de supervivencia en el que solo uno de nosotros podrá quedar vivo. 

A partir de aquí, no voy a entrar en detalles para no estropear la sorpresa, puedo adelantar que es un título lleno de giros argumentales inesperados y que este inicio nada tiene que ver con el desarrollo de la historia que le sigue. Ese juego inicial es solo una excusa para comenzar la aventura ya que lo que le sigue es una historia en un Japón desolado y que deberemos recorrer para descubrir qué ha sucedido. Y es precisamente en esa búsqueda de respuestas que nos iremos sumergiendo en una historia que nos permitirá ir conociendo a sus personajes, todos muy diferentes entre sí, pero demasiado estereotipados para mi gusto: Tendremos al friki, al malote, al comilón, a la chica tímida… 

Pero este grupo de jóvenes es especial ya que irán desarrollando poderes especiales a medida que se desarrolla la historia. Poderes como lanzar objetos o escupir fuego que podremos utilizar en las plataformas que nos proponen. Porque sí, es una visual novel pero apuesta por mezclar acción variada ya sea en forma de plataformas, puzles o combates simples para que puedan lucir esos poderes que han despertado en los protagonistas. Lástima que lo que podría haber sido una apuesta para enriquecer el título sea precisamente lo que lo lastra. Plataformas y puzles que por su sencillez no aportan ningún reto y con un control que tampoco ayuda, lo que provocará muertes injustas. Lo mismo sucede con los coleccionables. Y es que más que buscar por los diferentes niveles la mayoría nos los encontraremos y nos toparemos con ellos en el propio camino. Como decía, un intento para añadir algo que le diera variedad pero que no aporta nada a la trama, solo entorpece la narrativa sacándote de la historia que proponen, aunque por suerte no se hacen muy largos.

Otro punto que se me hizo algo tedioso fueron las zonas de acampada, donde podremos descansar pero que nos servirán de excusa para hablar con todos los personajes, y aunque no es obligatorio, hablar con todos ellos se hace lento pero nos servirá para conocerlos mejor e incluso saber más detalles de la propia historia. Esto mismo me ha sucedido en algunos momentos de la narrativa en la que en vez de crear un bocadillo común cuando todos los personajes quiere, por ejemplo, asentir, han ido creando uno tras otro para que esa afirmación sea individual. Pequeños detalles que restan la inmersión.

Pero volvamos a ese mundo post apocalíptico que ha quedado tras la caída de ese extraño meteorito y a la historia que hay detrás. Una historia que se podrá vivir de diferentes maneras según las elecciones que tomemos y que incluso nos llevará a separarnos del grupo. Un mundo yermo en el que han aparecido extrañas criaturas. 

Y precisamente es de esa toma de elecciones y a los diferentes finales que nos llevarán de lo que quiero hablar ahora. World’s End Club nos da dos opciones de final pero solo uno sería el bueno. Digo esto porque el final “malo” es un final que corta la historia de manera abrupta, con todas las preguntas sin responder y toda la historia se siente inacabada. Al finalizarlo sientes una mezcla de frustración, pérdida de tiempo y desconcierto. Por ello es necesario volver sobre nuestros pasos para desbloquear todos los acertijos y terminar el final verdadero. Y esto es algo que realmente no entiendo. La posibilidad de tener varios finales existe en muchos juegos, unos finales pueden hacerte sentir más satisfecho que otros pero aquí, el final “malo” no tiene razón de ser. Si alguien se queda solo con ese final se quedará con un sabor muy negativo del juego que no se merece por lo que hubiera sido mejor descartarlo. No solo por lo que mencionaba de dejar tantos interrogantes sin resolver sino por tener que rejugar ciertas escenas de nuevo para llegar al final bueno. 

Este viaje nos llevará a recorrer todo Japón ya que aunque partimos de Tokyo el extraño suceso nos lleva hasta la otra punta de la isla. Una travesía que nos permitirá desplazarnos por todo el mapa de una manera muy fiel a la realidad. Porque algo que brilla en este título es el apartado visual. Unos personajes diseñados con una estética manga y que denotan mimo en su diseño, con un arte colorido y llamativo a pesar del contexto desolador del paisaje y con unos escenarios simples pero con los detalles necesarios para representar cada destino. Y acompañado de una banda sonora que refuerza los momentos de tensión o de tristeza según convenga.

Un juego que a pesar de sus puntos negativos ofrece una buena experiencia. La narrativa y la historia son dignas de ser disfrutadas ya que es más profundo de lo que aparenta y se aleja de lo que en un principio dan a entender (No esperes otro Danganropa). Previsible por momentos y sorprendente en otros. Lástima ese sistema de combate y puzles forzados que desentonan con la historia y que desvirtúan el punto fuerte de este título: disfrutar de su narrativa y su arte, que es donde realmente brilla y lo que verdaderamente anima a seguir jugándolo. Además, cabe destacar y se agradece en este tipo de propuestas, que viene con el texto traducido al español.

World’s End Club es una historia sobre la amistad, sobre aprender a confiar en los amigos y sobre entender el verdadero poder que supone esa unión. ¿Os queréis unir al Club de la Buena Estrella?

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