Análisis Watch Dogs: Legion

Daniel Ureña

Daniel Ureña

Fundador y sufridor de Invisible Movement.

Siempre entro con ganas a un Watch Dogs. Lo que propone siempre me llama la atención y aunque siempre salgo decepcionado, no sé cómo se lo monta Ubisoft pero consigue atraerme a la nueva entrega. Con Watch Dogs: Legion me ha vuelto a pasar: una vez más iba con el globo a tope pero, desgraciadamente, ha acabado sin nada de aire.

La nueva entrega de una de las grandes IP’s de Ubi parece que sigue sin saber qué demonios quiere hacer o, peor aún, lo sabe y no se atreve. Lo primero que se nos vendría a la mente al pensar en la saga sería todo lo relacionado con el hackeo; un GTA light con hackeo, con tu ciudad por explorar, tus diferentes actividades, tus cochecitos y un buen número de misiones por hacer. Desgraciadamente, en su tercera entrega, Watch Dogs sigue sin confiar en su principal característica y, aunque se utiliza muchísimo, no es capaz de darle la suficiente confianza para que tire de las demás mecánicas. Podremos hackear cámaras, drones, portátiles, lo que sea, pero al final, en el momento clave, al que se le da la pelota para que defina no es al hackeo sino a la acción genérica.

El escenario para no repetir el error era inmejorable. Tenemos una Londres ocupada por una milicia privada, la justicia buscando a nuestro grupo rebelde por unos atentados que no ha cometido y la ambiciosa posibilidad de aliarnos con casi cualquier peatón de la ciudad para que nos ayude a desenmascarar al verdadero terrorista, Zero-Day. Precisamente, esta última característica es la más destacada de la nueva entrega, esa posibilidad casi infinita de controlar a cualquier persona anónima, alejándonos del típico héroe (o antihéroe) que habían protagonizados las anteriores.

Ubisoft no engaña con su premisa y sí, podemos enrolar a cualquiera en Londres para que se una a las filas de DedSec y ayude a liberar Londres. Como era de esperar, a las pocas horas de jugar, te das cuenta de que la gran mayoría no sirven para nada o para bien poco y eso realmente no está para nada mal (coño, no todo el mundo va a ser un especialista en algo). Con paciencia, y a veces con un poco de ayuda de la inteligencia artificial de turno, el cansino Bagley, acabaremos encontrando personal muy interesante. Podemos montarnos un equipazo formado por el especialista en drones, el súper hacker, el doble agente o la máquina de matar por citar varios. Hay de todo un poco y la propuesta en parte es súper motivadora pero, lamentablemente, no es oro todo lo que reluce.

El gran problema de Watch Dogs: Legion es que nos obliga a pasar por el aro y éste es más bien rancio. ¿De qué me sirve ser un experto en drones o hablar 20 idiomas si al final lo que se requiere es disparar a la cabeza? En muchas misiones podremos elegir cómo acometerlas, eligiendo ser sigilosos o yendo de frente, pero es terrible que en momentos cruciales de la historia el juego te obligue a ser un hombre de acción. Imagina la cara de mi pobre experto en redes sociales, que estaba hackeando un servidor, cuando le cierran las compuertas y le entran 20 soldados de élite. ¿Qué va a hacer el pobre? Pues fácil… matarlos a todos.

Aquí viene el otro grandísimo error que tira por tierra la Londres de Watch Dogs. Todo el mundo tiene un conocimiento mínimo de todo, incluido el manejo soberbio de armas. Realmente, la especialización te da un punto más y te ayuda sobremanera pero con cualquier residente londinense puedes resolverte el 90 % con tu pistolita eléctrica (por aquello de no querer matar a nadie) y controlar al dron araña (que es tu mejor amigo). ¿De qué sirve tener a un especialista en armas? Pues por el fusil de asalto que llevará pero realmente dispara igual de bien que mi pobre experto en redes sociales. El resultado de todo esto es un juego plano, con un diseño de niveles muy pobre en el que se hubiera agradecido algo más de creatividad a la hora de proponer las situaciones y nos motivase a movernos por la ciudad para buscar a ese “alguien” especial. Al final, con un especialista en armas, un agente con posibilidad de disfraz y uno con opción de pedir el dron de carga lo tienes todo hecho. Rápido y fácil. Si a todo esto le sumamos las diferentes habilidades y objetos que iremos adquiriendo para todos nuestros miembros de DedSec, como el útil camuflaje óptico, al final la mezcla explosiva que esperábamos se diluye y se queda en una pobre bombeta.

Es una pena que Ubisoft pierda una oportunidad tan grande. La propuesta daba mucho de sí pero la falta de ambición en el diseño del título hacen que al final hagas las misiones sabiendo que las estás completando de la manera “lenta” (o sea utilizando los hackeos) cuando podrías salir de tu escondite pegar dos tiros y a seguir con otra cosa. Aquí añado todo el tema de la disonancia ludonarrativa que ya nos estamos defendiendo de una acusación de terrorismo pero al final tenemos más sangre en nuestras manos que el villano del juego. Es curioso porque incluso alguno de nuestros agentes parecen tener algún problemilla con acabar con agentes enemigos (ya sea letal o no).

Para darle algo de vida os recomiendo encarecidamente que juguéis con la muerte permanente activada y así valoréis más a cada uno de vuestros recursos ya que, de lo contrario, seréis mentes maestras insensibles al sacrificio humano.

No todo es de cartón por eso. Una de las cosas que más me ha gustado del título es lo bien que se han caracterizado a los diferentes personajes y lo bien que interactúan entre sí durante una misión. Ayuda mucho a la sensación de hermandad que el título quiere transmitir que otro compañero de la opinión sobre lo que estás haciendo en ese momento o que tengan opiniones dispares sobre una decisión que se tenga que tomar. Habré cambiado bastante de personaje y no me he encontrado personalidad igual y eso es un logro ya que el estudio ha tenido que currarse un buen número de ellas para abarcar todas las posibilidades que ofrece Londres. Otra cosa es el doblaje, para el que no han tenido tanta suerte, ya que hay voces que no casan para nada con el cuerpo que las emite, dejando sensaciones un poco extrañas y algunas un poco ridículas.

Circular por la capital inglesa también es muy gratificante y es una pena que seguramente el juego haya tenido que poner el freno en su apartado técnico ya que en la next gen podría haber dado mucho más de sí. La ciudad es inmensa y está muy bien recreada, ya no solo los monumentos clásicos sino esa capa futurista pero creíble que envuelve la ciudad con sus drones, sus coches eléctricos por todas partes y demás historias. Sí que se nota muchísimo la next gen en el tema de tiempos de carga, ya que en Xbox One era un suplicio y en Series X y PlayStation 5 van como un tiro y, además, tiene una mejora gráfica notable pero sin despertar asombro. Como digo, esa intergeneracionalidad le ha jugado una mala pasada.

También son muy entretenidos algunos de los temas secundarios que se atreve a tocar el juego que, aunque pueden estar un poco manidos, son interesantes y no muy descabellados que sucedan en los próximos años. El juego toca temas espinosos como las milicias privadas (como se entere Kojima…), el uso de la privacidad y los límites a los que podemos llegar y que cada vez suenan menos exagerados o el clásico en la saga relacionado con la trata de esclavos. Temas mucho más jugosos que el principal que no tardaremos mucho en ver por dónde van los tiros.

En cuanto contenido tenemos para hartarnos. Además de las misiones principales, tendremos un buen número de secundarias, liberar todos los distritos de la ciudad, realizar diferentes desafíos ya sean de combate o de llevar paquetes de un lado para otro. Si al acabar la trama principal todavía queremos más, se desbloquearán más misiones que podríamos catalogar como importantes por lo que al que le entre perfecta la fórmula de Watch Dogs: Legion tiene mandanga para horas; eso sin entrar en las diferentes máscaras y personalizaciones varias que podemos ir consiguiendo para nuestros agentes.

El juego también está a la espera de recibir su apartado multijugador que se vio aplazado después de la catástrofe que supusieron los muchísimos errores con los que vino el juego, siendo la estrella de ellos el que el juego no grabase en Xbox Series. La broma no solo es que el juego no grabase, con el clásico autosave, sino que tampoco tenía la opción de grabación manual por lo que estabas vendido al guardado automático defectuoso y durante mucho tiempo jugabas con los dedos cruzados para que al entrar en tu partida todo siguiese como estaba y no tuvieras que volver a rejugar 5 horas de juego (true story y no solo una vez…) Éste y otros tantos problemas de rendimiento en PC, y sobre todo en las consolas next gen, ha dejado un lanzamiento muy tocado y aunque no ha acaparado tantas portadas como lo hizo Assassin’s Creed: Unity, personalmente me parece mucho más grave.

En resumen, la falta de autoconfianza y valentía de Watch Dogs: Legion lo convierten en un juego mediocre con algún que otro destello, justamente cuando se centra en sus mecánicas de hackeo. Una vez más, salgo decepcionado de otro Watch Dogs. Ahora el tema será si el siguiente consigue volver a inflar el globo…

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