Análisis Warhammer Age of Sigmar: Tempestfall

Juan Cash

Juan Cash

No son pocos los títulos de Warhammer que pasan por nuestras manos a lo largo de un año. La franquicia dio el salto a los videojuegos hace ya mucho tiempo, y desde entonces han puesto los huevos en diferentes nidos. Tenemos los que apuestan por la acción sin freno de Vermintide, también los que son estrategia pura como su alianza con Total War, sin olvidar shooters como Necromunda: Hired Gun o los RPG… entre los cuales hay mil y un ejemplos más, como Warhammer 40.000: Inquisitor – Martyr. La lista de títulos que nos ofrece la franquicia, pasa por diversos estudios que, sin duda, aprovechan el enorme potencial de la marca, para ofrecernos un abanico extraordinario de posibilidades. Ahora nos toca hablar de uno de sus saltos a la VR (ya que no es el primero) hablamos de uno de los últimos lanzamientos, en esta ocasión, basado en Age of Sigmar. Hoy os traigo Warhammer Age of Sigmar: Tempestfall de Carbon Studio.

Una historia típica


El bien contra el mal, el héroe contra el villano. El mismo cuento que llevamos consumiendo desde que nacimos, a través de diferentes medios. Tempestfall no inventa la rueda, ni tampoco hace nada especialmente original para contarnos su historia.

Nosotros encarnaremos a un Lord Arcano, en concreto a Castor, el cual ha sido invocado por una deidad, para purgar el mar que azota al reino de Shyish. Un malvado nigromante está utilizando poderes prohibidos para destruir todo a su paso, levantando a sanguinolentas hordas de muertos, que acribillan sin piedad a todo ser vivo. Así que, claro, debe morir.

Ahí entramos nosotros, que espada y báculo en mano, reventaremos a todos y cada uno de los enemigos, buscando poner paz en el reino, salvar a nuestros compañeros y eliminar el mal. 

Lo dicho, una historia estándar del manual para crear videojuegos. Aunque tiene sus partes notables, en general todo se resuelve de forma predecible y rápida, sin apenas giros ni demasiado rodeo.

Un punto interesante es que cuando comenzamos a jugar, nuestro héroe ya lo es. Quiero decir, no empezamos mermados, carentes de equipo, ni nada por el estilo. Caemos del cielo chetados con la capacidad de repartir mamporros como un dios. Esto es bastante guay y poco visto, pero al mismo tiempo nos muestra todas sus cartas desde el minuto uno, lo cual termina pasándole factura.

Dentro de Sigmar


Si algo me ha gustado realmente del título, es la recreación que hace del mundo de Warhammer Age of Sigmar. Los escenarios, entornos, mazmorras y todo aquello que sirve de lienzo al jugador, esta creado con mimo, delicadeza y calidad. Nada más comenzar, nos encontraremos bajo una colosal escultura, lo cual ya es una bofetada grandilocuente que sirve como perfecto aperitivo a lo que está por llegar.

Nuestro propio personaje, luce una armadura de oro, de puto oro, que a través de las Oculus Quest 2 y gracias a la energía extra del PC se ve realmente bien, con una calidad impresionante tanto en texturas como en reflejos.

Los momentos en los cuales nos adentramos en las construcciones señoriales, llenas de esculturas y enormes telares, resultan espectaculares, produciendo una sensación muy real, tal como la que uno experimenta en la vida misma cuando visita un museo, una catedral o cualquier lugar histórico de notable relevancia.

Pasear a espadazo limpio por las calles de las maltrechas ciudades, viendo las colosales construcciones de fondo, es un regalo para la vista, y nos hace sentir pequeños pese a controlar prácticamente a un dios. Las partes que nos llevan a esa parte que tanto gusta a los jugadores, que es la del mazmorreo, también son sumamente convincentes. Recovecos ruinosos, con cráneos a la deriva, llenos de telarañas y de tesoros ocultos tras matojos secos…. Sin duda la ambientación esta logradísima.

Por último, la recreación de las armas no se queda atrás. Volviendo a su mimo por el detalle,  sus ornamentos e incluso sus runas, las cuales brillan en un intenso azul que irá desapareciendo a medida que consumimos la magia que contienen. Algo así como un medidor de maná que ya no necesita de una barrita en pantalla, sino que se integra dentro del propio juego.

Lore rancio, combate caducado


Uno de los principales problemas que me he encontrado en el título, es mi poca sabiduría sobre Warhammer en general y sobre Sigmar en particular. El juego se esfuerza más bien poco por captar la atención del jugador, limitándose a repartir historietas en forma de libros coleccionables por todo el mapa. Los cuales reflejan a modo de escueto resumen, sucesos históricos del periodo en el que se ambienta, así como descripciones de las diferentes unidades y aliados que encontramos. Con esto se pretende que el jugador más interesado haga un esfuerzo por leer los documentos, cual novela a la luz de la luna. Lo cual en VR no es lo más cómodo que se puede hacer. 

A día de hoy, me parece algo torpe expandir el lore de un producto de esta vaga forma. Por lo tanto, me imagino que los fans de la franquicia, aquellos que no tienen que pararse a leer constantemente, porque conocen de sobra el mundo que les rodea, disfrutarán del título de una manera mucho más fuerte que los que llegamos de nuevas.

Para nosotros, el aliciente parece ser el combate, pero me temo que no traigo buenas noticias por aquí. El combate que nos propone el juego se me antoja anticuado. Tanto en VR como en el medio tradicional, el combate es una de las mecánicas que más ha evolucionado. Sin embargo en este título parecen haberse estancado en un pasado lejano.

El combate se basa en golpes a melee y magia. Ambos estilos están en perfecta comunión dentro de nuestras armas. Pudiendo golpear, o realizar ataques mágicos, dependiendo del gesto y el botón que pulsemos.

A modo de defensa, bastará con interponer el arma en la trayectoria del ataque enemigo para evitar el daño, lo cual no siempre funciona y termina frustrando, aunque tampoco importa demasiado ya que el título es demasiado sencillo.

Seremos atacados por hordas de enemigos, desde tres hasta diez o incluso más, con momentos en los cuales el juego parece coquetear con el musou. Desde el minuto uno dispondremos de todas las armas, las cuales podremos mejorar mediante coleccionables, ya sea mejorando su ataque o añadiéndole magias. Esto nos regala una mecánica bastante resultona, que nos lleva a coger un martillo enorme y golpear el arma a mejorar, como si fuésemos un maestro herrero.

Por lo dicho, el combate no supone demasiado aliciente, partiendo de su baja dificultad y rematado por la escasa variedad de enemigos, los cuales de nuevo aparecen a las primeras de cambio. Sin embargo, las partes más secundarias, como abrir puertas, cofres e incluso escalar o descender (estas puedes saltártelas no sé por qué) resultan moderadamente interesantes, siendo los momentos de mayor inmersión sin lugar a dudas.

Tempestfall


Warhammer Age of Sigmar: Tempestfall no hace nada realmente mal, pero está lejos de destacar más allá de su ambientación, la cual pese a su buen hacer, no consigue aguantar el peso de la obra.

La ausencia de dificultad, así como una exploración lineal con secretos vagamente escondidos y con atajos básicos, nos descubren un diseño de niveles que no invita a regresar una vez terminada la aventura.

Sin duda, estamos ante un producto creado para los fans de Warhammer, los cuales no son pocos y seguramente encuentren aquí una apuesta de la cual se lleven un puñado de horas interesantes. Pero si eres ajeno al universo de Warhammer y simplemente ves aquí un buen juego para coger la espada y destruir esqueletos… me temo que no es ni de lejos la mejor opción.

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