Análisis Vane

Cuando se habla de Vane se suele hablar también de Journey, el ya clásico de thatgamecompany. Y aquí no vamos a ser menos, porque es muy complicado hablar de Vane sin nombrar sus referencias, Journey siendo la más clara. Es la referencia más obvia, pero también uno de sus mayores problemas, porque no es fácil estar a la altura de uno de los mayores clásicos del género (¿género que podría haber creado Journey?), y es que aunque Vane haga muchas cosas bien, Journey las hizo antes y mejor.

La siguiente referencia más clara del título está clara cuando vemos que detrás de él están trabajadores que aportaron su granito de arena en The Last Guardian, y eso se nota. Vane nos recuerda a los trabajos del Team ICO en no pocas cosas: cuando nos movemos tiene ese tipo de animación marca de la casa, una mezcla entre flotante y realista. Podemos llamar a nuestros amigos como llamábamos a Yorda, aquella chica etérea de Ico, y todo tiene un halo a los trabajos del estudio que está siempre presente.

Pero ya basta de hablar de a qué se parece Vane y empezar a decir qué es. El título empieza siendo nosotros un niño, para luego, después de una impresionante tormenta eléctrica, pasar a estar en el desierto, ahora en la piel de un pájaro. No creo que haya duda de que estamos ante un juego muy bonito. El desierto no deja de ser inhóspito, pero el estilo artístico es muy característico, una especie de low poly que parece un poco “pintado”. No sabemos muy bien qué hay que hacer, a dónde ir o qué mecánicas hay, así que toca explorar. Es un poco Breath of the Wild en ese sentido: vemos algo y vamos a ver qué es. Puede no ser gran cosa o puede ser lo próximo que abra la siguiente escena. Resulta bastante fácil perderse en estos tramos, ya que no sabemos muy bien qué quiere el juego que hagamos, pero si tenemos un poco de paciencia, exploramos y probamos un par de cosas, se nos recompensa con una secuencia donde pasan cosas.

Una de las cosas más importantes que ocurren es que aparecen una especie de manchas doradas donde nos podemos transformar y volver a ser un niño. Ya empezamos a ver un poco las mecánicas del juego. Cuando no podemos hacer algo con el pájaro, tendremos que pasar a ser niños, y si no podemos llegar a algún sitio, pues a volar. Es así que va progresando la historia, que dura unas dos o tres horitas, depende de cuánto nos atasquemos. Porque es fácil astascarse, sobre todo con la forma de pájaro, cuando tenemos libertad total y no sabemos muy bien qué hacer, o cuando podemos cambiar libremente y no está claro si para avanzar hace falta una forma o la otra, o si lo que estamos haciendo “está bien”.

Y este es el mayor problema que he encontrado con Vane. No son pocas las veces en las que nos vemos perdidos por no saber cómo avanzar, o casi peor, hacer cosas sin saber si lo que estamos haciendo tiene algún sentido o nos abrirá alguna puerta, literal o figurada. Es un problema que puede poner a prueba nuestra paciencia, pero si seguimos adelante se nos recompensa con escenas sobrecogedoras e imponentes. A esto ayuda una banda sonora poco menos que genial, hecha a medida, pero que no he podido encontrar si está firmada por alguien en particular.

La versión que hemos podido probar es la de PC, pero Vane se lanzó a principios de año en PlayStation 4, y la crítica no estuvo muy de su parte. Se citaban controles horribles, rendimiento justito y bugs y glitches varios. Aquí no nos hemos encontrado con nada de eso, seguramente lo han solucionado durante estos seis meses, así que los únicos problemas que nos hemos encontrado son puramente mecánicos, más complicados de solucionar, pero también más fáciles de digerir.

No son pocos los problemas que puede tener el título de Friend & Foepero también sabe recompensarnos con momentos emocionantes, con un arte genial y una música de la que poco se ha hablado, pero que encaja como un guante en la experiencia de Vane. Es un título que no aporta nada extraordinariamente nuevo, pero que lo que hace lo hace con mucho gusto, donde es muy fácil pasar una tarde sumido en su arte, sobre todo ahora que parece estar libre de problemas técnicos.

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