Análisis Twelve Minutes

Juan Cash

Juan Cash

Hay juegos que despiertan un interés inmediato. Es el caso de este peculiar título que vimos hace ya unos años en algún evento, juraría que de Xbox. Un extraño apartamento, donde tres personajes desarrollaran una historia en un extraño bucle de doce minutos. ¡Wow! Mi interés fue creciendo de forma continua terminando en el disfrute del juego hace unos días. Hoy hablamos de Twelve Minutes, un juego de autor, un juego de Luis Antonio (ex de Rockstar y Ubisoft) que además de eso enamoró a Annapurna Interactive. ¿Tenéis unos minutillos para mí? Vámonos.

Videojuegos y cine. ¿Cuántas veces se han cruzado estos dos mundos? Recientemente vemos en taquilla películas como Free Guy, que se basa literalmente en los videojuegos. También hemos visto videojuegos muy cinematográficos, en contraposición a la cinta de Ryan Reynolds. Se me ocurre, por ejemplo, el gran Red Dead Redemption II, cuya historia, cuya “película” puede mirar a los ojos a un puñado de westerns.

Twelve Minutes es un juego extremadamente cinematográfico. Es casi como una coreografía narrativa en la cual nuestro personaje (James McAvoy) se mueve al ritmo de nuestras peticiones. La cosa fluye y bucle a bucle iremos desentrañando el misterio de los doce minutos. Siendo nuestro objetivo romperlo y, de paso, saber qué diablos pasa y sobre todo qué ha pasado.

Sin embargo, como en toda obra hay complicaciones. Estas vienen dadas por el intelecto del jugador. Si somos capaces de ver esa luz en la sombra… de ver la solución a nuestro problema, de vislumbrar que podemos hacer a continuación… Entonces el producto funciona. No solo funciona, sino que lo hace realmente bien, llevándonos a un sentimiento de orgullo propio. Pero lo malo viene cuando nos atascamos, cuando la solución no llega, cuando no vemos el siguiente paso a dar. El baile se para y todos se miran con cara de bobos esperando a que hagas algo.

Los bucles se vuelven tormentosos, repitiendo conversaciones ya pasadas y llevándonos a lo peor a lo que nos puede llevar un videojuego: el aburrimiento. ¡Oh! maldita palabra. En un producto tan brillante, me produce cierta tristeza que su corteza sea tan frágil. Pero quizá sea un minúsculo precio a pagar, por parte del amigo Luis Antonio, para que aquellas personas (que no son pocas) capaces de superar el desafío sin demasiadas vueltas, disfruten de una experiencia memorable, imborrable. Única. 

Twelve Minutes, nos cuenta una historia. La historia de tres personajes extrañamente unidos por un pasado incierto. La mujer (Daisy Ridley), el marido (James McAvoy) y el policía (Willem Dafoe). Un reparto acojonante para una obra excepcional. Apostar por estos tres talentos de Hollywood no es solo una floritura promocional. Ni mucho menos. Me parece clave para dar vida a estos personajes. Siendo una parte bastante importante el hacernos sentir algo por ellos. Pena, emoción, amor, alegría…

El apartado artístico es una maravilla. Partiendo del minimalismo y de unos modelos algo básicos, consigue recrear un apartamento con todo lujo de detalles, donde algunos entendidos encontraran múltiples referencias cinematográficas. (Eh! ¿dónde está Kubrick?) Su apartado sonoro es otra delicia, no solo por su música ambiental, bien medida e impactante, sino por su ambientación sonora en general. Por ejemplo, recuerdo escuchar las pisadas de <spoiler> y sentir un escalofrio recorrer mi espalda.

Con estas líneas intento decir que el juego de puzles narrativo que nos presenta Annapurna, maestros de lo poco convencional y generalmente maravilloso, es una experiencia que, sin duda, no es para todo el mundo. Un clásico. Pero que al mismo tiempo, gracias al Gamepass (entre otras cosas) sí que recomiendo probar. Ya que si superáis el desafío de forma fluida… seguramente recordéis la historia de Luis Antonio durante mucho, mucho tiempo.

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