Análisis Townscaper

Montse MSillero

Montse MSillero

De cazadora de Pokemons a alma que vaga por el castillo de Drangleic, no hay experiencia a la que no se apunte.

El otro día pasé por delante de un colegio de niños pequeños y escuché sus risas y grititos mientras jugaban, lo que me dio mucha nostalgia. Recuerdo con mucho cariño y añoranza mi época preescolar, su olor a plastelina y a felicidad, sin obligaciones ni prisas. Solo eran risas y tiempo para uno, el propio y el de las personas a mi alrededor.

No diré aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor porque ahora también soy feliz, pero de otro modo. De un modo adulto, con prisas, responsabilidades y obligaciones. Tengo la sensación de que mis días son más cortos, las horas corren más deprisa, los minutos desaparecen y yo, en cambio, tengo más cosas que hacer. 

Cada vez cuesta más sacar tiempo para una misma, para relajarse y dejarse llevar. Ese ratito de leer, tranquilos. Meditar. Escribir, pero sin presiones. Jugar, sin prisas ni exigencias.

Y no sé si Oskar Stålberg (Bad North) tenía esta idea en mente cuando comenzó a imaginar Townscaper, un city builder en el que no vas a tener que controlar ni gestionar ciudades, con el estrés que eso conlleva. Simplemente las crearás, porque sí, por el mero placer de dejarte llevar mientras levantas suelo, casas, plantas y das formas donde antes solo había vacío. ¡Y qué placer!

Como he dicho, primero tendremos la nada, un océano inmenso sobre el que poco a poco iremos levantando baldosas a base de “clics”. Uno primero para crear el suelo, otro “clic” y se convertirá en una casa de planta baja, otro “clic” y aparecerá una nueva planta, “clic» y un terrado, “clic” y una cúpula. Y lo que de inicio podían ser casitas de un pueblo costero mediterráneo comenzarán a emerger más elevadas. Incluso podemos optar por edificar por encima del mar, con sus soportes de hierro aguantando nuestras edificaciones. 

«No hay objetivo. No tiene un gameplay real. Sólo un montón de edificios y gran cantidad de belleza».

Descripción del juego

Aunque son limitadas las opciones que nosotros tenemos para construir, el propio juego varía y modifica las creaciones. Nosotros solo señalamos el lugar y el juego ejerce su magia generando a su antojo arte urbanístico digno de envidiar por cualquier ciudad real.. Bueno, esto no es del todo cierto ya que después de un rato jugando vamos comprendiendo su manera de funcionar. Pero incluso el juego también decidirá cuándo crear unas escaleras, un banco, un trozo de playa o árboles. Nada de calentarse la cabeza pensando en la economía de la ciudad, de las consecuencia de crear algo, buscando el perfeccionismo que nunca llega. No. De eso se encarga el juego. Aquí todo está creado para disfrutar del proceso y maravillarse con el resultado.

E incluso si quieres ir en contra y decides tomar el control, pronto descubrirás que la base no es una cuadrícula perfecta, sino que es irregular lo que forzará a la creación de calles o edificios con formas sinuosas y de aspecto único.

De eso va Townscaper. De dejarse llevar y disfrutar. De comenzar haciendo clics un poco al azar y tenerte enganchada un rato maravilloso, embelesada y totalmente fascinada con su encanto y simpleza pero sobre todo en su belleza.

Todo está creado y pensado para deleitar a nuestros sentidos pero sobre todo para desconectar de la vida y tomarnos un descanso. 

Una paleta de colores pasteles, edificios con bordes redondeados así como su manera de aparecer y desaparecer. Detalles minuciosamente cuidados y bien escogidos. Los sonidos. No nos olvidemos de esos pops o el sonido de las olas del mar mezclado con el de las gaviotas. O el poder jugar con la hora del día y la luz del sol. Algo que puede parecer una trivialidad para un juego como este y que de nuevo me tuvo fascinada viendo el cambio en la paleta de colores que provocaba el movimiento del sol, pasar del amanecer al atardecer y como las sombras cambiaban y jugaban con mi ciudad. 

Townscaper no tiene tutoriales, objetivos, no tiene un mapa predecible, lucha para alejarse de los convencionalismos que se esperan de él y poder ser libre para devolverte el tiempo y paz de nuestra infancia que nos roba nuestra rutina, nuestro día a día.

Es un juego minimalista que no será del agrado de todos los públicos pero que para aquel dispuesto a dejarse llevar, lo disfrutará cada segundo que le dedique. Además tiene un detalle que merece la pena mencionar, y es que nos permite hacer realidad esos pueblos de ensueño que creemos gracias a la opción de exportar nuestras creaciones para imprimirlas en impresoras 3D.

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