Análisis Total War Saga: Troy

Juan Cash

Juan Cash

Los comienzos son duros, más aún cuando te acercas a una franquicia tan colosal como Total War sin haber jugado a uno en tu vida. Digo esto, porque si esperáis un análisis con comparativas o con referencias a anteriores juegos de la saga… no lo vais a encontrar. Insisto, es la primera vez que juego a esta saga, por lo tanto os contare única y exclusivamente mi experiencia aquí, en Total War Saga: Troy.

Total War es una saga muy veterana, amada por muchísimos jugadores y, sobre todo, por aquellos que adoran pasar cientos de horas creando su ejército y destruyendo a sus enemigos. En esta ocasión, el titulo nos lleva a la guerra de Troya, usando como base el rapto/fuga de Helena con el príncipe Paris de Troya, provocando la furia de Menelao (rey de Esparta), el cual pide ayuda a su hermano Agamenón (rey de Micenas) para reducir Troya a cenizas.

Nada más empezar la campaña, nos dará a elegir la dificultad y la duración de las batallas; de fácil a normal y con batallas que pueden llegar a tener una duración ilimitada (hasta la muerte del enemigo o la nuestra propia). Ya establecidas nuestras preferencias, pasamos a elegir al héroe que encarnaremos durante nuestra campaña, divididos entre cuatro troyanos (Héctor, Paris, Eneas y Sarpedón) y cuatro Aqueos (Aquiles, Agamenón, Menelao y Ulises).

Nuestra elección es de vital importancia por dos cuestiones principales: la primera, la dificultad, ya que cada héroe tiene una dificultad asociada, por ejemplo Aquiles normal, Agamenón fácil y Paris difícil. Con cada uno de ellos variará, por ejemplo, el inicio de la partida, el desplazamiento o los objetivos de victoria. Por otro lado, también hay que tener en cuenta las  propiedades de nuestro héroe. Por ejemplo, en el caso de Aquiles tendremos el objetivo adicional de “Leyenda Viviente” que nos incitara a derrotar a equis enemigos de renombre, o el pasional Aquiles, que se trata de un sistema de emociones que influye directamente en el juego dependiendo del estado anímico de nuestro héroe; con diferentes estadísticas dependiendo de si Aquiles está feliz, furioso, afligido… Con Agamenón podremos extorsionar a aliados e incluso obligarles a serlo. Como veis estas diferencias son bastante notorias en la jugabilidad y en la dificultad de la misma.

Pero ahora toca ponerse serios. Comenzamos nuestra segunda campaña, con Aquiles a la cabeza, digo segunda obviando que existió una primera, que como buen novato, terminó en un rotundo desastre. Una vez tenemos el control de Aquiles, nuestro sabio comenzará a aconsejarnos y empezarán a aparecer misiones. Al principio bastante básicas, que nos ayudaran a comprender cómo funciona el juego (crear unidades, mejorar un edificio, etc…) y lo cierto es que si eres nuevo, resultan vitales para comprender el funcionamiento de Total War Saga: Troy. Una vez vayamos completándolas y empecemos a tener recursos, iremos viendo como avanza nuestro ejército, como se engrandece. Esto nos posibilita a avanzar hacia nuestro objetivo, en el caso de Aquiles, no es otro si no la destrucción o conquista de Troya y de los reinos de Héctor y Paris, al menos en la victoria total, si queremos la victoria Homérica además deberemos cumplir algún requisito más, como subir al nivel 27 a nuestro héroe o conquistar 100 asentamientos, poca broma.

Ya hemos completado varios tutoriales, hemos conseguido misiones y recursos pero empiezan los problemas, mas queriendo que sin querer ataqué a mi vecino, esa ciudad me hacía dueño y señor de la provincia, por lo tanto ataqué y conquisté, provocando una seria bajada de mi reputación en la diplomacia, por lo tanto nadie quería tratos conmigo, salvo por su propio interés, generalmente desorbitado. Pero no contentos con ningunearme diplomáticamente, muchos de mis aliados, rompieron sus pactos de no agresión y me declararon la guerra, obligándome a crear un segundo (e incluso un tercer) ejército para custodiar mis tierras mientras me lanzaba a la conquista de Troya, lo cual se tradujo en una terrible hambruna; ya que para mantener dos ejércitos necesitaba más alimento de lo que mis ciudades podían permitirse, teniendo que comprar alimentos a mis pocos aliados, a cambio de casi todo mi oro. Pero poco a poco fui resistiendo, ganando batallas y grandeza, conquistando tantas ciudades como guerras me declaraban, orando a los dioses a cambio de sus favores, por ejemplo a Poseidón para garantizar una travesía plácida por los mares hacia Troya, evitando así la fatiga y perdidas de mi colosal ejército, el fin de Paris se acercaba. 

El juego transcurre por turnos, siendo lo mejor aprovechar para hacer todo lo que puedas antes de avanzar al siguiente, ya sea un decreto (árbol de habilidades de tu reino) que por ejemplo aumente la producción de madera/oro/alimentos/piedra/cobre por turno, o movilizar a tu espia para intentar asesinar a una sacerdotisa que intenta maldecir una de tus ciudades o intentar llegar a una alianza militar con Esparta para atacar Troya (lo cual me costó sangre, sudor y oro) 

Los turnos van pasando, tú y tus enemigos os hacéis grandes, formáis alianzas y muchos de ellos se matan entre sí, quedando débiles y expuestos a tus ejércitos, algunos muy fáciles de conquistar, sin apenas batalla, por desgaste, nada como asediar el enemigo durante un par de turnos para entrar tranquilamente en la ciudad y hacerla tuya.

Una vez me vi fuerte, (la barrita amarilla era más grande que la barrita roja de los Troyanos) con un ejército grandioso, formado por hombres y criaturas mitológicas, con centauros y gigantes, me dispuse al ataque.

Las batallas son la parte principal del juego, la piedra base desde la cual se construye el resto, donde realmente brilla. Lo primero será colocar las tropas, delante proyectiles, cuerpo a cuerpo en medio y detrás centauros y carros que destrocen las defensas. Dividí en dos mi ejército y ataqué por dos puertas a la vez, sus unidades a distancia me hicieron daño desde la muralla, pero todo cambio una vez que abrimos la primera puerta, comenzó la guerra total. Aquiles, casi imbatible, alentaba a las tropas, dándoles moral y potenciándolos con el uso de habilidades, poco a poco iban cayendo todos mis enemigos, hasta que la ciudad fue mía.  Primero fue Paris, luego Héctor y por ultimo Troya. Completando así la victoria Total (que no la homérica, de momento). 

Con este híper resumido relato intento explicar las mecánicas del juego, que son gestión y guerra. Debemos mantener unas ciudades en continuo crecimiento que se traduce en mejoras para nuestro ejército, tanto directamente, mejorando edificios bélicos que desbloquean nuevas unidades, como indirectamente mediante decretos que aumenten la defensa de nuestras tropas o su movimiento. La gestión es una parte importantísima turno a turno, pero queda lejos de otros títulos más centrados en este apartado. Total War es un juego de guerra, de control de tropas y de resolución de batallas, y ahí es donde destaca. Conocer el terreno, las unidades enemigas y saber aprovechar nuestras ventajas serán vitales para hacerse con la victoria. Una victoria que nunca nos regalarán y unas derrotas que nos ayudaran a aprender. Un sistema de guerra en tiempo real que me ha parecido apasionante, adictivo y en ocasiones frustrante.

Gráficamente es decente, pero no magnifico. El arte no está mal, la recreación de la Grecia mitológica es bastante agradable y todo el diseño de interfaz funciona de maravilla, quizá su peor parte sea el rendimiento, con caídas de FPS bastante notables en determinados momentos, como cuando avanzas el turno. Pero en líneas generales no empaña la jugabilidad y se hace bastante agradable de mover. El sonido y la banda sonora funcionan bastante bien y me gusta mucho como mezcla un doblaje en castellano por parte del consejero, pero mantiene las voces extranjeras en las diferentes facciones. 

Se trata de un buen juego de estrategia, que claramente brilla en el combate, aunque quizá se queda algo corto si salimos de él, con no demasiadas opciones de gestión que pueden hacerse incluso repetitivas a lo largo de las más de 50 horas que puede durar una campaña. Pero en líneas generales se podría decir que es un producto redondo que hará las delicias de todo aquel que sea fan del género. Aunque debo reprochar la ausencia de un modo online que nos permita batirnos contra amigos o jugadores humanos, aunque se prevé que este modo llegue más adelante, no deja de ser curioso el hecho de que no haya llegado de salida, ya que sería el complemento perfecto a su magnífico sistema de batalla en tiempo real. Por lo tanto, si os hicisteis con él de forma gratuita (en su día de lanzamiento mediante Epic Games Store) os recomiendo que le dediquéis el tiempo que merece, sin embargo si no fue así pero estáis interesados en adquirirlo, quizá sea mejor esperar a que pulan un poco los errores y sobre todo a que llegue el modo online. Por lo demás me parece muy recomendable para los seguidores de la estrategia en tiempo real.

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