Análisis The Sinking City

Frogwares ha dejado a un lado, por el momento, a Sherlock Holmes y sus investigaciones para adentrarse en el siempre peliagudo mundo de H.P Lovecraft y sus mitos. The Sinking City es un juego que brilla en algunos aspectos pero que cuesta disfrutarse en otros ya sea por falta de un mayor tiempo de desarrollo o por querer abarcar demasiado.

Esta nueva iteración de los videojuegos en los mitos de Cthulhu nos pone en la piel de Charles W. Reed, un ex marine que tras ciertos acontecimientos acabó marcado psicológicamente provocándole pesadillas recurrentes y cierta sensibilidad con lo paranormal. Su investigación lo lleva a Oakmont, una ciudad afectada por unas misteriosas inundaciones y por más de un acontecimiento fuera de lo normal.

The Sinking City es, de base, una aventura de investigación en tercera persona en la que deberemos ir indagando qué demonios está sucediendo en la ciudad y de paso averiguar qué nos está pasando. Nos cruzaremos con un buen número de personajes y situaciones de lo más pintorescas, nos atreveremos, como buen marine, a bucear en el enigmático fondo marino y acabaremos en más de un tiroteo contra sectarios y criaturas. El cóctel tiene buena pinta pero al final el sabor ha resultado demasiado agridulce.

En el juego de Frogwares brillan las ideas. Sus mecánicas de investigación son muy resultonas y ayuda a meternos en la investigación. En Oakmont tendremos que buscarnos la vida y tendremos que trabajar continuamente para avanzar en nuestra investigación. Por ejemplo, olvidaos que para llegar a nueva localización nos baste con seguir una flecha de nuestra interfaz, en The Sinking City deberemos leer nuestra documentación y buscar el cruce de calles en el que creemos que está nuestra siguiente pista y marcarlo nosotros en el mapa. También deberemos acudir en varias ocasiones a los diferentes registros de la ciudad (el del ayuntamiento, hospital, comisaría, etc.) para buscar nueva información intentando dar con las palabras clave de búsqueda y cruzar los dedos para encontrar alguna dirección o alguna pista que nos permita avanzar en la investigación. Otro ejemplo está relacionado con nuestro poder de deducción que nos permitirá reconstruir los hechos de una escena gracias a ordenar previamente pequeños retazos de esta. Todas estas mecánicas funcionan muy bien sobre todo al principio de nuestra aventura pero se van desinflando por repetitivas y sobre todo porque se van intercalando con otras, fuera de la investigación, que no funcionan como deberían o no resultan demasiado satisfactorias para el jugador.

Por un lado tenemos el combate. La acción en The Sinking City es básica, más propia de un juego de la pasada generación que de esta. Nuestro detective puede tanto disparar como atizar cuerpo a cuerpo así como hacer uso de algunos objetos como trampas (cepos) o granadas. Esta simplicidad de acciones sumada a un movimiento del personaje no demasiado fluido hace que el combate no sea especialmente dinámico y no motiva demasiado encontrarnos con un grupo de enemigos; simplemente queremos que pase lo más rápido posible para seguir investigando. Un sistema de coberturas, quizá, le hubiera dado un poco más de diversión al asunto que al final peca de difícil por poco intuitivo más que un reto interesante. Deberemos vigilar nuestra salud (y munición) pero también nuestra cordura ya que un enfrentamiento muy seguido con criaturas o estar en sitios que se alejan de la realidad aumentarán nuestra locura, que el juego sabe expresar muy adecuadamente, insertando en nuestra interfaz imágenes paranormales y desagradables que en mitad del combate conseguirán su efecto, confundiéndonos y girando las tornas en favor de nuestros enemigos.

Otra mecánica que se queda a medio camino es la de las inmersiones. En varias ocasiones descenderemos al fondo marino y lo que podría detonar en alguno de los momentos más interesantes del título acaba resultando tedioso. Nuestras aventuras submarinas se convertirán en ir de A a B en linea recta y utilizando, en pocas ocasiones, el arpón para alejar a la criatura de turno. Una ocasión perdida por su simplicidad y al igual que en el combate parece que esté incluida para marcar un check en un listado. Lo mismo ocurre con nuestro árbol de desarrollo que nos permitirá mejorar nuestra salud, capacidad de balas, eficiencia de las trampas.. está ahí pero es muy sencillo y no le da al jugador una sensación de que el protagonista se esté curtiendo o evolucionando.

Un último punto agridulce es la de la toma de decisiones. Durante nuestra periplo por Oakmont deberemos posicionarnos en algún que otro momento y lo que en un principio parece una historia que se va tejiendo a nuestra manera, al final acabamos por pegarnos con una pared, casi literal, y ver que el final de la aventura consta de una serie de finales por el que podemos decantarnos en el último momento, restándole importancia a nuestras pasadas elecciones. Una vez más una sensación de oportunidad perdida se pierde en el abismo. Una sensación similar ocurre al pasear por Oakmont, una ciudad venida a menos, con sus barrios y sus habitantes que tampoco se han sabido explotar como debería. En los primeros compases de la aventura nos gustará pasear por la ciudad o coger la lancha para cruzar por zonas inundadas pero a medida que avanzamos la ciudad nos parecerá muy similar y sus habitantes scripts básicos en movimiento que no aportan demasiado. Un mapa más pequeño, con más detalle y unos NPC’s más elaborados habrían ayudado a una ambientación que se queda a medio camino y acaban pesando a mitad de la aventura.

Como veis, es la misma historia con muchísimos elementos (demasiados) que hacen pensar que un tiempo más en la olla, hubiera servido para pulir más un título que se queda a medio camino en casi todo. Las ideas son buenas y explicadas a un tercero son geniales y dan para imaginar un juego completísimo pero en la práctica las piezas no casan como deberían.

Y es que, en general, la sensación que deja The Sinking City es de oportunidad perdida. El planteamiento es interesante, su argumento es más que correcto (tanto de su historia principal como de algunas secundarias) y aunque en ciertos momentos tiene sus altibajos, mantiene el interés. Sabe mantener el equilibrio entre presentar una historia nueva e ir barnizándola con elementos de los mitos de Cthulhu y además gestiona muy bien la información que se nos va dando y que nos sumerge en lo que estamos investigando  Pero por otro lado, parece que el estudio sabiendo que con la investigación no sería suficiente le ha añadido una serie de puntos que no ha sabido desarrollar como debería, quedando cojo y, quizá, pecando de exceso de ambición. Quién sabe si un juego más acotado y controlado hubiese resultado más satisfactorio Veremos si Frogwares sigue la senda de los mitos de Cthulhu (o vuelve con otra aventura de Sherlock Holmes) y si es así logra un juego más redondo y unas ideas mejor implantadas.

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