Análisis The Legend of Zelda: Skyward Sword HD

Juan Cash

Juan Cash

Treinta y cinco años no se cumplen todos los días. Ni todas las sagas llegan a esa honorable cifra. The Legend of Zelda no solo la ha alcanzado, sino que lo ha hecho en un estado de salud formidable, con la sombra de una de sus “más aclamadas entregas” en el recuerdo reciente de los jugadores. Pero Zelda no siembre ha sido tal como lo es ahora, hubo unos largos años donde la formula no era exactamente un mundo abierto. Hablamos de esos Zeldas clásicos, donde las mazmorras rebosaban de puzles y la historia nos llevaba de la mano. Hoy hablamos de la puesta al día de una de sus apuestas más arriesgadas, hoy hablamos de The Legend of Zelda: Skyward Sword.

Toda historia tiene un origen. Si bien la saga recurre a repetir la fórmula del “camino del héroe”, el rescate de la princesa y la lucha contra el mal. Hubo un primero, el origen de todo ello. Y es ahí donde debemos ubicar a este Skyward Sword. No solo como el último gran Zelda clásico, sino también como el primero, cronológicamente hablando.

Nuestra historia tiene lugar en Altarea, donde nosotros, Link, vivimos plácidamente, mientras nos formamos para ser caballeros. Se acerca una prueba de vuelo, una competición por ver quien es el mejor piloto de “pelícaro”. Y claro hay que ganar sí o sí, ya que el premio (entre otras cosas) es disfrutar de un ratín con Zelda, y aquí se hace de notar, quizá más que en ninguna otra entrega, que hay una fuerte atracción por parte de ambos.

Triunfamos, evidentemente, alzándonos con la victoria. Pero la cosa se complica rápidamente y una fuerza sobrenatural nos arrebata a Zelda. Ahora viene la llamada del héroe y una espada parlanchina, la espada maestra encarnada en Fay. Quien a modo de guía espiritual nos ayudará a “rescatar” a Zelda… y quién sabe si, de paso, a evitar el cataclismo. Nace así nuestra aventura, nace la leyenda de Zelda y claro está la de Link.

Este título vio la luz allá por 2011 en Nintendo Wii (hace diez años a día de hoy). Con una importante novedad, y era la implementación de un nuevo hardware para la detección del movimiento, el Wii Motion Plus. Dispositivo imprescindible para ejecutar el juego, ya que el control estaba pensado por completo para ser jugado así. Al más puro estilo Wii, a golpe de movimiento.

Es por tanto que no quiero pararme más de la cuenta a hablar de la que, quizá sea, si no la mejor, una de las mejores “historias” que se han contado en el universo Zelda. Tenemos un de grupo personajes reducido, pero en el que todos ellos resultan fantásticos y trascendentales, con un desarrollo realmente bien medido, pudiendo destacar a Malton, Fay, Impa, la propia Zelda y ese villano… Grahim… del cual solo puedo decir, que no os engañe con ese estilo artístico cartoon o semi cartoon que empaña el juego, ya que en él se esconden momentos realmente maduros y oscuros.

La historia principal va como un tiro, con apenas algún corte de ritmo en momentos en los cuales se nos obliga a deshacer lo andado. Pero que pese a ello no rompe con la obligatoriedad del objetivo principal: rescatar a Zelda. Aun así, y como buen Zelda que es, encontraremos mil cosas extra que hacer, siempre a cambio de jugosas recompensas, como poder llevar más rupias u objetos encima o las cotizadísimas botellas vacías, sin por supuesto, olvidarnos de esas piezas de corazón que nos darán un corazoncito extra. Estas misiones secundarias, aprovechan para sacar el gran humor de la saga. “Eres el héroe… el elegido… la leche frita con canela… pero te has cargado mi lámpara y vas a trabajar para mí” sería un ejemplo. Buscar a personajes desaparecidos… ayudar a esos excéntricos tipejos que pueblan Altarea… a golpe de mini juegos… es la esencia que dio vida a una saga. Y en este caso lo lleva a su máximo nivel, agrupando todo ese contenido de “relleno” en una submisión, con un objetivo mayor, que necesitará de un objeto, “gemas de gratitud”, para ser completado. Como se hilan estas misiones secundarias y como te tientan a que las completes me parece un ejemplo casi perfecto de diseño.

Por lo demás, volviendo a la historia principal, quizá  los nuevos jugadores, aquellos que hayan descubierto la saga mediante Breath of the Wild puedan quedar sorprendidos, al ver lo “encorsetado” que es este juego. Se nos regala una falsa sensación de exploración al sobrevolar los cielos de Celestea… pero lo cierto es que cuando pisamos tierra en cualquiera de sus tres localizaciones… lo que encontramos es una enorme mazmorra, llena de puzles que a su vez se divide en mini mazmorras y por supuesto en la zona principal, el templo, o lo que es lo mismo, la mazmorra máxima de la zona. Lejos queda esa exploración tan característica de la saga, que se maximiza en el ya citado título de Switch… pero que anduvo presente hace veinte años en títulos como Ocarina of Time con esas llanuras de Hyrule… pero esto no es algo realmente malo, sino tan solo un cambio en el paradigma, ya que sacrificando exploración ganamos unos diseño de niveles realmente buenos, que digo, quizá sean los mejores niveles vistos en un Zelda.

Desde que llegamos a la zona, ya sea desierto, volcán o bosque, no vemos más que atajos y tesoros inalcanzables, provocando esa sensación metroidvania que si me preguntáis a mí, siempre ha tenido cierta presencia en la saga. Nos pondremos a andar y en más de una ocasión andaremos perdidos, con la magia de saber el destino pero no cómo alcanzarlo. Hasta que llega ese momento “click” que hace que sintamos un repentino placer al haber superado el desafío. Y esto se produce una y otra y otra y otra vez, hasta el mismísimo final del juego, cuyo templo es una obra de arte merecedora de una estatua en la facultad de diseño de niveles.

¿Es Skyward Sword un gran zelda? Sí ¿Lo sabíamos ya? Pues sí. Entonces vamos a hablar de las particularidades de esta edición HD que nos llega diez años más tarde.

Para empezar el título nos lo dice, ahora en HD y si bien el HD parece cosa del pasado… (dicen que hay por ahí un 4K… pero en Nintendo no quieren ni oír hablar del tema) lo cierto es que la mejora es significativa. El titulo luce francamente bien en nuestras teles modernas, mostrando una definición y un detalle de bastante calidad. No hay más que desempolvar nuestra Wii y poner el juego para darnos cuenta de que (joder) cambia muchísimo.

Por otro lado ganamos la posibilidad de jugar en portátil, lo cual es muy loco para un juego diseñado con el mando de Wii (súper vitaminado) en mente, pero ¿Sabéis que? Contra pronóstico, FUNCIONA. Puedo decir que el noventa por ciento del juego lo he disfrutado tumbado como un perrete jugando en modo portátil. Y hay ciertos sacrificios, claro, como por ejemplo tener que mantener pulsado el botón L para que el joystick derecho actué como cámara. Es algo que se agradece de esta versión a Switch, tener control total de la cámara en todo momento y aquí toca volver a sacrificarla. Pero tras un ratín de adaptación, os aseguro que se hace bastante cómodo. Es, digamos, la forma más correcta de adaptar un juego con una enfermiza obsesión por el control de movimiento a una jugabilidad clásica. Es decir, con mando en mano y sin agujetas en el hombro tras treinta horas. Esta opción de jugar con botones y dar los espadazos con el joystick en lugar de con nuestro brazo, no es exclusiva del modo portátil sino que podremos activarla en cualquier momento.

Ahora si hablamos del control por movimiento… los joy-con no son los wii controller… esto es así y aquí lo he visto claro. Sin ser malos ni mucho menos son menos finos. Hasta tal punto que desempolve mi vieja Wii U y puse el juego, para descubrir si lo tenía idealizado o si realmente funcionaba mejor… y eureka, el movimiento es más preciso en Wii. Pero ojo, si pensamos en los sacrificios que eso conlleva… (estar atados por un cable o renunciar a la cámara…) evidentemente la opción de Nintendo Switch es infinitamente mejor para disfrutar de este Skyward Sword.

En temas de rendimiento el juego funciona a la perfección, no olvidemos que es un juego clásico, y Switch se lo traga que da gusto. Hay cierto momento en la historia donde el juego se convierte casi en un musou, con muchísimos enemigos en pantalla, siendo por sentido común, el momento perfecto para analizar FPS… y ya os digo que los mantiene con una solidez absoluta. Jugar a este juego a día de hoy ha sido una delicia a todos los niveles. Además de volver a disfrutar de su estilo artístico, con esos aires de impresionismo donde en ocasiones parece que vemos la brocha del diseñador… esa atmósfera… en tanto alegre, en tanto oscura como el carbón. Con algunos templos cargados de simbolismo e inspiraciones historias e incluso religiosas… como cierto templo budista. 

Y qué decir de su banda sonora. Una vez más la saga Zelda nos da una lección acústica en cómo crear momentos en el jugador. A golpe de percusión y sobre todo viento, nos coge de la mano y nos mueve por su fantástico mundo, penetrando en nuestra cabeza y susurrándonos: “Esta melodía no la vas a olvidar en tu puta vida…”

Este juego, tiene unos momentos únicos e irrepetibles. Como alzar el brazo al cielo (o subir el stick derecho) para alzar la espada maestra por primera vez. O ese combate final, que nos hace sentirnos como espadachines, como un auténtico héroe. Un David contra Goliat, donde somos protagonistas… Esa sensación de deber cumplido, despedirnos de nuestros amigos… uff. Son tantos los momentos que se nos regalan que:

Skyward Sword es a mi juicio uno de los mejores Zeldas jamás creados, que puede mirar perfectamente a la cara a sus hermanos mayores y que sienta de maravilla en pleno 2021. Tanto si lo habéis jugado ya, como si sobre todo, aun no lo habéis hecho, tenéis ante vosotros a uno de los mejores juegos de Wii y por supuesto de todos los tiempos.

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