Análisis The End of the World

Hay juegos tristes, melancólicos, juegos que hablan de desamor y luego está The End Of The World con su particular perspectiva de cómo se siente y vive después de una ruptura. Un mundo distópico, con una paleta de colores deprimente y unos edificios que parecen desmoronarse a medida que el tiempo pasa.

Un juego que te mete en la mente de un chico, nuestro protagonista, que ha perdido aquello que le daba sentido a su vida y poco a poco, día tras día, su mundo interior se desmorona. Y el juego plasma a la perfección esa visión y destrucción del mundo.

The End Of The World nos despierta en pareja, en esa habitación que había tenido calidez y luz, pero que ahora es solitaria y sombría. Solo está nuestro protagonista y su soledad. Sin nombre y sin rostro, porque ya no somos nadie, nos levantamos, vestimos y hacemos un café y un cigarro. Moviéndonos con la simplicidad de clicar sobre la propia pantalla en el lado derecho o izquierdo según queramos ir. Salimos a la calle, caminamos por la ciudad medio destruida, o así es como la vemos a través de él y caminamos a través de los recuerdos gracias a unos relojes que irán apareciendo y que nos permitirán vivir esos flashbacks. Porque no hay mayor melancolía que recordar momentos de felicidad, que ya no están, cuando el corazón se rompe a pedazos.

Ya nada importa.

Su creador, Sean Wenham, trabaja como artista en Ubisoft y decidió dar el paso con este juego tras romper una relación larga y querer jugar a un juego que estuviera relacionado con su desgracia. Del mismo modo que escucharíamos una canción de desamor.

The End of The World es un juego pequeño, dura apenas diez minutos (tened en cuenta que es gratis en Android y su precio en iOS no llega al euro), si pretensiones pero que te hace sentir ese vacío al final de una relación. Ese fin de tu mundo.

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