Análisis Tales of the Neon Sea

Había muchas ganas de probar la aventura gráfica de Palm Pioneer, que publica Zodiac Interactive, tras nuestras buenas sensaciones en la pasada Gamescom. Finalmente, Tales of the Neon Sea ya está aquí y hemos podido vivir de primeras la aventura pixelada del detective Rex.

Estamos ante una aventura point & click de corte clásico en el que nuestro detective protagonista acabará inmerso en una investigación más profunda de lo que afloraba en un principio y en la que  tanto su pasado como los motivos de su nueva vida acaban jugando un papel importante.

Como decíamos al principio, controlaremos a Rex, un ex policía que ahora, fuera del cuerpo de la ley, sobrevive a base de trabajos como detective. Un antihéroe clásico que comparte piso con su fiel (por decirlo de alguna manera) robot mayordomo y su mascota (cuando éste quiere) William, un gato poco corriente al que en ciertos momentos del juego también podremos controlar.

Palm Pioneer nos sumerge perfectamente, durante sus primeros compases, en la fantástica ciudad de Tales of the Neon Sea, una urbe futurista, de corte oriental, que intercala neones con corrupción y excesos con una sociedad enfrentada entre humanos y máquinas en la que las siguientes elecciones mantiene ocupada a la mayoría de sus habitantes.

Nuestra entrada en el mundo que nos ofrece el juego está tan bien propuesta como el aprendizaje de sus mecánicas, muy diferente y variadas, que harán de sus primeras horas una mezcla perfecta entre narrativa y puzles pero que se verá desequilibrada por unos puzles finales farragosos que se oponen a la frescura de los primeros, que convivían en armonía con este thriller sci-fi noir.

Y es que durante sus dos primeros tercios el juego sabe cómo mantenernos enganchados en ambas partes. Por un lado, la historia va ganando en interés a medida que la investigación se desarrolla; conocemos nuevos personajes, aprendemos los tejemanejes de la ciudad y sobre todo empezamos a vislumbrar el punto más caliente del juego, el pasado de Rex. Paralelo a ello el juego nos va enseñando sus mecánicas que van del clásico “necesito encontrar A y para ello utilizaré B en C” a su plato estrella el análisis de las escenas del crimen y el intento de averiguar cómo se han desarrollado.

Cuando estemos ante una de las diversas escenas del crimen, podremos analizar tanto a la pobre víctima como sus alrededores para intentar desengranar lo ocurrido. Justamente, cada pista que localicemos mediante nuestra atenta mirada (o gracias a nuestra visión cibernética) acabará convirtiéndose en un engranaje que finalmente acabaremos juntando al resto y tendremos que montar un dispositivo a base de ellos que concuerde y haga que todos los engranajes cuadren y giren para, digámoslo así, retroceder en tiempo y descubrir cómo se ha producido el asesinato. Una mecánica con un buen balance entre esfuerzo y recompensa y que además está perfectamente en sintonía con nuestro papel como detective.

También tendremos puzles de observación, en el que estar atentos al entorno nos dará la solución, otros en los que deberemos, en un circuito electrónico, llegar de a A a B pero pasando por todos los puntos y solo una vez por cada uno de ellos, otros en los que deberemos rotar una placa para encajar un cuadrado en el hueco correspondiente, ayudándonos de otros fijos… Hay de todo, es variado y al igual que en su mecánica estrella, la de los engranajes, le sientan de lujo al juego, aportando variedad a una historia de unas 10 horas como máximo de duración en la que tendremos incluso el lujo de controlar al gato William y que nos ayude a desbloquear diversas situaciones.

Toda esta buena sintonía se rompe en el último acto del juego. El juego entra en barrena tanto en lo narrativo como en sus puzles y es que una trama que iba avanzando a buen paso, de golpe se acelera para forzar un final que por un lado es fantástico y por otro te deja una incertidumbre peligrosa a la que no entraré para no caer en spoilers. Al margen de su guión, lo que realmente le duele al juego son sus últimos puzles que se hacen muy cuesta arriba por su larga duración y porque acaban siendo todo lo contrario que lo jugado previamente ya que estaremos mucho rato en ellos para que luego la historia apenas avance además de que no están del todo bien justificados y no son tan coherentes como los anteriores; acabé de la central eléctrica y del barco hasta el gorro… Tampoco me mal entendáis, no es un drama ni mucho menos, pero sí que afecta al buen ritmo que el juego nos tiene acostumbrados y pondrá nuestra paciencia a prueba.

Fuera de historias y puzles, el juego destaca fuertemente en un aspecto: su estética. El pixel art de Tales of the Neon Sea es maravilloso. Más si somos afines a la estética cyberpunk, llena de neones y cyborgs. Hay mucho mimo en cada pantalla del juego, en cada localización, en la caracterización de cada personaje, en la iluminación de los neones, de los carteles, de la luz de una boya de salvamento, las diferentes referencias a la cultura pop… un trabajo que entra muy bien por los ojos y que se podría haber aprovechado más si nos hubiesen dejado explorar más por esa urbe, haber podido conocer más a los personajes, hablar más con ellos, conocer más historias de este mundo que Palm Pioneer nos presenta y nos encandila en pocos minutos. Su música no es tan destacable pero sí que acompaña razonablemente bien con melodías oscuras a base de sintetizadores que ayudarán a meternos más en nuestro papel de detectives.

Pese a su final acelerado y con unos últimos puzles mejorables, me he quedado con ganas de más Tales of the Neon Sea. Su pixel art enamora y durante gran parte del juego, la aventura convence y se disfruta por todas partes. Su caída en el tramo final puede estar motivada por una falta de tiempo en el desarrollo, estamos ante un juego que consiguió su financiación vía Kickstarter, pero que el equipo está intentando mejorar a base de updates, por ejemplo en mitad de mi partida se optimizó un puzle que nos provocaba un sinfín de vueltas injustificadas y que el estudio coherentemente mejoró en pos de un mejor ritmo. Su traducción al castellano, por cierto, también es mejorable y aunque no hay ningún problema en comprenderlo todo sí que alguna cosilla se les ha escapado (son conscientes de ello) y deberán acabar de corregir.

Espero que el estudio pueda llevar a cabo una segunda entrega del título porque, como decía, me quedo con ganas de más, tanto de historia principal como por conocer más sobre la ciudad y sus personajes y un trasfondo al que se le podría sacar mucho provecho. Además, Palm Pioneer ha demostrado saber hacer las cosas bien por lo que su siguiente entrega puede llegar a ser redonda por completo.


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