Análisis Song in the Smoke

Juan Cash

Juan Cash

Hoy toca ponerse el casco. Y no hablo del de la moto, sino de las fabulosas Oculus Quest 2. Viajamos a un mundo antiguo y primitivo, en el que habitan las más peligrosas bestias, las cuales no dudarán en darnos caza y servirnos como cena. 17-Bits abandona su zona de confort (y con ello las naves arcade) para ofrecernos una de las experiencias de realidad virtual más grandiosas que hemos jugado. Hoy hablamos de Song in the Smoke, uno de los títulos más esperados para VR.

Despertamos en la nada, al grito de un siniestro cuervo de tres cabezas, bajo el cual luce un tenebroso rostro humano, casi demoníaco. El cuervo nos hará de guía en nuestro viaje y no debemos dudar en seguirlo, pese a su macabro aspecto. 

Al principio, en Song in the Smoke, seremos un mar de dudas, sin saber cómo hacer prácticamente nada, por ello poco a poco y gracias a la ayuda del citado cuervo, llegaremos a diferentes zonas con recursos. Alguna baya, piedras y madera serán nuestros primeros y mejores aliados. A golpe de texto en pantalla nos explicarán cómo combinar elementos para crear los más curiosos utensilios. Por ejemplo, con un pequeño hueso conseguiremos tallar la piedra y con esta la madera hasta crear un fabuloso cuchillo. 

Los primeros compases del juego serán eso, un tutorial ameno, mediante el cual quedarán claras las mecánicas así como nuestros objetivos. Siempre tendremos acceso a un mapa, el cual se rellenará a medida que avancemos por los diferentes escenarios. Sí, el juego consta de varios escenarios, cada cual más complicado y amplio que el anterior. Algo así como un grupo de pequeños mundos abiertos, en los cuales se nos pedirán equis objetivos, que una vez realizados nos abrirán un portal hacia otra ubicación.

Todo ello tiene un progreso muy natural, pese a la estructura de niveles. Sentimos que vivimos en un mundo onírico, donde recuerdos y presente se dan la mano a golpe de espíritus y vudú. El progreso me ha parecido idílico, comenzando con sobrevivir a base de bayas, pasando por dar caza a cervatillos y terminando por defendernos de un temible oso. 

El juego luce un ritmo tranquilo, que evidentemente puede ser acelerado si el jugador lo desea. Pero lo más encantador del título es tomárselo con calma, analizar los diferentes terrenos, decidir dónde levantar un campamento así como localizar nuestra fuente de energía. No tardaremos en ver zonas con animales que puedan servirnos de alimento y abrigo (ya sabéis por el pelaje y demás) o podremos optar por el veganismo, consumiendo hongos y bayas, pero claro… cuidadín con envenenarse o no lo contaréis. La cosa da un giro de 360 grados cuando (allá por el tercer o cuarto nivel) dejamos de ser exclusivamente cazadores y pasamos a ser la presa. Ahí los preciosos valles de ensueño se tornan en noches siniestras donde nos acecharan peligrosas bestias, desde leones a hienas pasando por osos y extrañas aves con muy mala leche, entre otros males, donde hay cabida incluso para espíritus macabros. 

Creo que llegados a este punto es donde el juego se viste con sus mejores galas. He sentido auténtico terror cuando la noche me ha envuelto lejos de la cueva a la que he llamado hogar. Y a golpe de antorcha y correr como un loco, mirando el mapa sin parar, he sentido auténtico pánico, un terror superlativo que, con la gracia de la inmersión VR, ha rozado lo insoportable. Para luego dar paso al precioso amanecer y a la oportunidad de cumplir mis objetivos y salir de aquella zona de una vez por todas.

No he necesitado zombis, ni demonios, ni pútridas criaturas sacadas de cualquier relato macabro. Bastaba con saber que tenía una fiera cerca, para hacerme entrar en pánico, lo cual me hace pensar lo bestial que resulta esta tecnología. Quizá el miedo a morir sea potenciado por la ausencia de un autoguardado, aquí puedes guardar partida en tu hoguera, mientras realizas los preparativos previos a tu objetivo del día. Pero una vez pones los pies en polvorosa, no hay marcha atrás, cualquier progreso que logres será en vano si mueres antes de volver a guardar. Y claro cazar un ser mítico y ser devorado poco después obligándote a repetir el proceso… es bastante terrorífico. 

Bajo estos paisajes prehistóricos, se narra una historia, mediante el sueño y el sonido de una misteriosa melodía, la cual es la clave de todo, nuestro destino final, conocer la canción del humo. El juego sabe crear una narrativa profunda, donde sin texto alguno nos cuentan una historia. La vida de nuestros ancestros, los peligros a los que se sometieron así como los espíritus vengativos que vuelven a reclamar su sitio.

Otro factor interesante es el de la artesanía. El cómo utilizamos nuestras manos para tallar, reparar nuestras armas, curtir pieles o preparar una hoguera… me ha gustado un montón. Esa sensación de ser partícipes en las mecánicas más básicas de los juego de supervivencia y crafteo, me parecen la evolución natural del medio o al menos una alternativa altamente sorprendente al clásico mando con botones. Lo cierto es que este juego es un sueño hecho realidad para mi yo más joven, que fantaseaba con un Minecraft más avanzado (dentro de lo diferentes que son ambas propuestas).

Quizá una de las joyas de la corona de este Song in the Smoke, sea su diseño artístico, que luce increíble. Y claro está, que la culpa es del gran Katsuya Terada, célebre ilustrador que dio forma a The Legend of Zelda, Prince of Persia e incluso Tekken 5, yendo su obra más allá de los videojuegos, con participaciones en cómics americanos (como Iron man y Hellboy) e incluso en el mundo del cine de animación, con una obra de culto como Blood: The Last Vampire. Y lo cierto es que la mano de Katsuya se colma de protagonismo en este título. Las criaturas, con mezcla realista y onírica, que lucen un estilo cartoon con altos contrastes casan a la perfección con entornos llenos de vegetación, piedra y agua. Que, de nuevo, bajo el cuidado minimalismo funciona de maravilla y se adaptan a las limitaciones de la tecnología sin desmerecer lo precioso de su entorno. 

Song in the Smoke me parece un videojuego perfecto para la realidad virtual, un lugar asombroso en el que perderse y disfrutar de un estilo de vida pasado, primitivo y realmente excitante. Acechar a nuestra presa o huir de nuestro cazador, así como la recolección de recursos que nos ayuden a sobrevivir, serán el grueso de esta aventura. Recuerdo acertar en el lomo a un ciervo y relamerme pensando no solo en la cena, sino en el buen uso que iba a darle a aquellas pieles para soportar el frio. Agacharme en la hierba, seguir las huellas ensangrentadas de mi presa y… ¡huir como un condenado ante el majestuoso y terrorífico oso colérico que guardaba la zona! Ese día un par de sospechosas setas fueron mi único alimento, mientras contemplaba una hoguera que agonizaba por falta de madera… sabiendo que si se apagaba… moriría.

*Aviso a navegantes: En ocasiones, he abusado de las bondades del VR, jugando quizá demasiado seguido, lo cual me ha provocado malestar y nausea. Este juego tiene un grado alto de exigencia al jugador, por aquello del movimiento libre, ya que “a saltitos” no funciona demasiado bien. Por ello andaos con ojo si sois demasiado sensibles a esta tecnología. 

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