Análisis SnowRunner (Switch)

Juan Cash

Juan Cash

Cuando nos enfrentamos a un exitoso juego de nicho, pueden pasar dos cosas. La primera que sea un producto realmente excepcional, y todo el mundo deba jugarlo. La segunda, que simplemente sea un muy buen producto, pero de nicho. Lo cierto es que este éxito genera un peligroso hype, cosa que suele ser complicada, más aun cuando nos disponemos a jugarlo en Switch. Ya que la encantadora consola de Nintendo, no es precisamente un ejemplo de potencia técnica. ¿Merece la pena jugar a una de las sorpresas del 2020 en Switch? Pongamos las cadenas y vámonos a la nieve.

Yo para ser feliz quiero un camión

José María Sanz (Loquillo)

Lo primero son las presentaciones. SnowRunner, viene a ser la secuela de MadRunner. Un simulador de transporte de mercancías por terrenos “complicados”. El titulo viene de la mano de los gigantes de Focus Interactive y desarrollado por Saber Interactive, lo cual ya suena un poco a garantía de calidad.

Nada más comenzar estaremos conduciendo un Chevrolet, un vehículo de exploración. Nos ponemos al volante, pisamos el acelerador y… el coche no se mueve. “Vaya el freno de mano”. Ahora sí, salimos por la carretera. La cosa empieza bien, las físicas son bastante top. Cogemos velocidad y ¡zas! quedamos atrapados en un barrizal. Por fortuna serán continuos los tutoriales que nos irán ayudando a comprender el lenguaje propio del título. “Pon marchas cortas” y para adelante. 

Hecho esto y sin pasar los primeros quince minutos, ya sabemos dónde estamos. No es un juego de “coches” al uso, ni un simulador como tal, es algo totalmente diferente y empieza a fliparme.

Llegar al primer observatorio, en Michigan, me resulta toda una odisea. Barro, charcos enormes, ramas caídas… al final con paciencia lo conseguimos. Llegando el momento de conseguir nuestro primer camión. Un GMC, pensado para autopista o terrenos moderadamente buenos (¡Uff! pues me espera una buena). Conseguir nuevos vehículos es bastante guay. Bastará con comprarlos llegando al nivel adecuado o bien podremos buscarlos por los diferentes mapas. Algunos atrapados en barro, agua o nieve. Otros en un estado lamentable. En cualquier caso bastará con situarse cerca para convertirlos en nuestra propiedad. 

Esta es una de esas partes que se salen del simulador tradicional, otorgándole al juego un rollito “arcade” o de superación de nivel, que es sencillamente mágica. Ver un vehículo atrapado y darle vueltas al coco para sacarlo de ahí. Montarnos en el camión, que creemos hará mejor el trabajo, así como llegar al destino (nada fácil) es la esencia de SnowRunner. Pero hay más, mucho más.

Los primeros trabajos serán sencillos. Por ejemplo, reparar un puente, que nos dará acceso a la otra mitad del primer mapa. Para ello iremos con nuestro camión a por los recursos necesarios, cargándolos en nuestra caja o en algún remolque que acoplemos. Habrá que dar un par de viajes para conseguir llevar todo lo necesario, con sus tramos complicados, como por ejemplo una pendiente embarrada, que para superarla requerirá que usemos todo lo que tentemos a mano. Que viene a ser el cabrestante (un gancho a lo Uncharted 4) las marchas cortas y la tracción total.

Al principio, nuestros vehículos estarán muy limitados, haciendo realmente difícil llegar a numerosos destinos. Es por ello que el juego te invita a explorar, dejando de lado por un momento las mecánicas de transporte de mercancías o de rescate de vehículos, para centrarnos en conseguir los puntos de observación. Como si de un Assassin’s Creed se tratara, estos puntos actúan como atalayas, y nos descubrirán no solo el mapa, sino trabajos, nuevos vehículos o (importante) piezas de mejora; gracias a las cuales, podremos llegar cada vez más lejos.

Todo pasa por el taller. Será nuestra base de operaciones, hay uno en cada mapa. En él podremos personalizar el coche, en función de la “misión” que nos impongamos. No es lo mismo salir a explorar, que ir a rescatar un vehículo, hacer una contrarreloj o transportar toneladas de sepa dios qué. Por ello es importante familiarizarse con los diferentes componentes que podremos equiparnos, salir a probarlos y aprender qué es lo que mejor se adapta a cada situación. Yo, que soy un tarugo en esto de las cuatro ruedas, sentía pánico por esta parte y debo decir que parándonos a leer es extremadamente sencillo equipar tu coche/camión para cada situación.

Lo que realmente me ha impresionado de SnowRunner es la facilidad con la que consigue trasmitir al jugador, la sensación real de estar conduciendo una bestia por un terreno complicado. Es decir, en mi vida real, me veo obligado a conducir un 4×4 en el campo, por terrenos complicados en algunas ocasiones. Y este juego me ha hecho recordar esos momentos, con una fidelidad asombrosa. 

Pero SnowRunner, es mucho más que esa parte de superar terrenos. SnowRunner, es planificar, mapa en mano, la mejor ruta para nuestro fin. Y una vez decidida hacerla, pudiendo disfrutar del camino, con tranquilidad, viendo de fondo la TV o escuchando un buen podcast. Es un juego, que pese a todo, relaja. Un producto perfecto para un día duro, para cogerlo tumbado en nuestro sofá y perdernos por esos maravillosos mapas, no solo superando adversidades, sino, simplemente explorando al ritmo de rock & roll, o realizando gratificantes entregas. 

No he podido evitar pensar en Sam Porter (Death Stranding) una vez que he entrado de lleno en el juego. Siendo apuestas moderadamente similares, obviamente dejando de lado la estrambótica historia de Kojima, estamos ante dos juegos con una apuesta similar en su jugabilidad. Uno a pie, otro motorizado. Pero similares en sus ritmos así como en su desarrollo por biomas.

El mapa de SnowRunner es descomunal. O mejor dicho sus mapas en conjunto lo son. Podremos visitar tres zonas, cada una con sus particulares terrenos. Desde los barros de Michigan, hasta la nieve y hielo de Alaska, pasando por las inundaciones rusas de Tamyr. Cada uno de estos lugares, se divide a su vez en cuatro mapas independientes, formando un total de doce kilométricos sandbox que podremos recorrer con nuestros vehículos, que como “otro” dato a tener en cuenta, sumarán un total de cuarenta.

Snowrunner, no sigue una historia como tal, ni tan siquiera tiene un final. Se basa en un conjunto de desafíos, a modo de misiones de diferentes tipos, que suman una cantidad absolutamente titánica de encargos. Completándolos obtendremos dinero que utilizaremos para mejorar nuestros camiones. Así podremos aceptar encargos más difíciles y vuelta a empezar. Es un bucle cuya conclusión nos llevaría cientos de horas. Además, no penséis que cada misión terminará en éxito, al final el ensayo y error está muy presente en el juego. De forma que no será de extrañar quedarse totalmente atrapados en un barrizal a escasos kilómetros de la entrega, teniendo que recurrir a otro camión para tirar de “gancho” y rescatar a nuestro transporte principal. Cosa que es estupenda si tenemos la opción de jugar con algún colega. Ya que el juego cuenta con un multijugador online que facilita bastante las cosas, además de ser una apuesta cojonuda.

Terminada la chapa, toca hablar de lo realmente importante en esta ocasión. La versión de Switch. Y si bien es cierto que no se puede o debe comparar con sus hermanos mayores (PC, PlayStation 4 y Xbox), la híbrida de Nintendo puede presumir de contar con un port más que digno.

El juego luce francamente bien en su modo portátil, donde quizá podamos criticar un agresivo popping, pero donde, tanto rendimiento como calidad gráfica son más que buenos. Además, hay una gilipollez que me parece imprescindible y un añadido a tener en cuenta para futuros port de Switch. Es el hecho de que si tocamos la pantalla táctil, haremos aparecer una lupa, que ayudará a leer esos textos que rara vez son cómodos en su modo portátil. No es la solución más elegante, pero me parece todo un acierto.

Por otro lado, en su modo TV… El juego saca a relucir todas sus carencias, texturas bajas, de nuevo el popping… el rendimiento no está nada mal, pero, de nuevo, hace demasiado visibles sus sacrificios.

Por lo tanto, si os vais a enfrentar a los arduos terrenos de SnowRunner mando en mano, sin duda hay un salto significativo entre la versión de Switch y el resto. Pero, si por el contrario preferís jugar en portátil, el juego se adapta como un guante a la híbrida de Nintendo, siendo una apuesta segura para su pleno disfrute.

SnowRunner me ha encantado. Un juego de esos que se dicen “no es para todo el mundo” pero a poco que entres en él, se convertirá en un pozo de horas. De esos que hacen que el tiempo vuele y que cuando mires el reloj sabrás que amanecerás con ojeras. Un auténtico juegazo que se añade al amplio catálogo de Switch, con un port más que digno que hará que fundas la batería de la consola una y otra vez.

Si os interesa, en su momento cuando salió el juego, también le dedicamos un análisis a su versión de sobremesa.

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