Análisis Shadow of the Colossus

No recibí demasiado bien la noticia del remake del juego de Team ICO. En aquel momento lo sentí únicamente como una estrategia de Sony por intentar mantener viva la llama de The Last Guardian (PlayStation 4, 2016) e intentar apurar alguna que otra venta más. Por suerte, a medida que iba viendo los vídeos de desarrollo y el respeto con el que se estaba levantando el juego, mis sentimientos cambiaban y finalmente el remake no solo ha quedado como la mejor manera de acercarse a la segunda obra de Fumito Ueda sino que sirve para recordarnos lo que el videojuego puede llegar a ser capaz.

En 2011, y para PlayStation 3, recibíamos un pack que incluía las versiones remasterizadas de Ico (PlayStation 2, 2001) y Shadow of the Colossus (PlayStation 2, 2005), hasta la fecha los dos únicos juegos del estudio Team ICO y posiblemente dos de los juegos que más han hecho avanzar al medio en los últimos años. Esa remasterización dejaba ambos juegos idénticos salvo una mano de chapa y pintura en las texturas, llevar el juego a 1080p (la obsesión del momento) y mantener fijos los 30 fps que habían dado quebraderos de cabeza en las versiones originales.

Otro cantar es la nueva versión. Este nuevo Shadow of the Colossus llega tras el esperadísimo The Last Guardian, el tercer juego de Ueda, y está construido de cero bajo los cinceles de Bluepoint Games, que ya conocían la obra de Ueda porque fueron los encargados de remasterizarla en 2011.

Hay que tenerlos bien puestos para decidir rehacer de cero y volver a construir ese monumento que es Shadow of the Colossus. La valentía del equipo se podría haber convertido en un fracaso estrepitoso, hundido por las críticas de los fans del juego original que no solo no entenderían por qué rehacer algo que no necesitaba rehacerse sino que para qué tocarlo y alejarlo así de su esencia original. Lo increíble de todo es que el remake no solo se ha sobrepuesto a todo esto sino que a mi parecer su juego ha quedado como el mejor acercamiento posible a una obra que estaba llevada al límite técnicamente (caídas de frames sobre todo) en 2005 y que con esta versión se explaya en la parte técnica yendo continuamente de la mano de la maravillosa jugabilidad que caracterizó al juego de Ueda.

¿Pero de qué va Shadow of the Colossus? El juego nos pone en la piel de Wander, un chico a lomos de su fiel yegua, Agro, y equipado con una espada y un arco, que tiene un objetivo: devolver a la vida a su amada Mono. Para ello accederá a la Tierra Prohibida y hará un pacto con un misterioso Dios, Dormin, que consistirá en acabar con los 16 colosos de esta Tierra para que devuelva la vida a Mono. Su planteamiento es tan sencillo como todo el resto del juego pero justamente ahí reside su grandeza.

Shadow of the Colossus

Pocos juegos hacen tanto con tan poco a nivel de mecánicas. Nuestra misión pasará por explorar la zona, localizar al coloso gracias a nuestra espada y acabar con él, clavándole nuestra arma en las diferentes zonas marcadas. Wander puede atacar con su espada, con su arco, puede saltar, esquivar y sobre todo se puede agarrar. Con todo ello sacamos uno de los ejercicios jugables más excelsos de la historia de los videojuegos.

Cada coloso es un puzle en sí que deberemos desentrañar para cumplir nuestro objetivo que casi siempre será la respuesta a ¿cómo demonios me subo a esa cosa? Devolver a nuestra amada a la vida será complicado pero no importarán los obstáculos que tengamos que superar o lo grande que sea el coloso al que nos enfrentemos, ya nos sobrevuele o esté bajo el mar, nada acabará con nuestra determinación y lo más fantástico del asunto es que esa necesidad se traspasa al jugador que sin saber realmente lo que está provocando sigue hacia delante.

El planteamiento del Team Ico es tan inteligente y está tan bien mostrado que parece magia. Con muy pocas lineas de diálogo, sin ningún tipo de explicación sobre la tierra en la que estamos o sobre los mismos colosos, el juego no para de narrar y de envolvernos en él. No solo eso si no que es capaz de transmitir sentimientos tan potentes como el amor, el odio, la culpa, la ira, la pérdida, la familia, la ingenuidad… Controlando a Wander parece que sigamos el proceso natural en la vida de un ser humano, cargado de sentimientos, de inocencia, de maduración, de alegrías y penas y todo ello expresado únicamente con pinceladas. Para los conocedores de Ico o de The Last Guardian no les resultará una sorpresa lo que Fumito Ueda y su equipo son capaces de hacer pero es en este segundo juego donde todas estas sensaciones se exprimen a la máxima potencia.

Mención aparte merece la música a cargo de Kō Ōtani. Al igual que el resto, está cuando hace falta, nunca antes, nunca después y tiene siempre un efecto demoledor. Me resulta especialmente significativo el tema llamado The End of the Battle que como su nombre indica surge siempre cuando derrotamos a un coloso y es tan enigmático, genera tantas emociones dispares que el jugador no sabe cómo reaccionar o qué esperar… magia.

No hay que olvidarse también de Agro, la yegua que siempre nos acompaña y sirve como modelo cero del que luego será Trico, la bestia alada de The Last Guardian. Como a esta última, la imperfección en su comportamiento es la que la hace sentir viva y a su vez, valga la incongruencia, perfecta. Podemos llamarla pero no siempre lo hará, lo mismo que al controlarla, no siempre girará en el momento que queramos y no esperemos que galope sobre railes. Agro será nuestro medio de transporte y en varios enfrentamientos contra colosos estará a nuestro lado, siendo imprescindible en más de una. Como no podía ser de otra manera, le acabaremos cogiendo un especial cariño y aunque no llega al nivel del vínculo que el jugador de The Last Guardian coge con Trico, su ausencia en determinados momentos, como algunos enfrentamientos en los que se queda fuera de la zona de batalla, se nota, incrementando la sensación de fragilidad y soledad que tenemos a la hora de hacer frente a los colosos.

¿Qué aporta el nuevo trabajo de Bluepoint Games? Pues para empezar la posibilidad, a día de hoy, de que todo el mundo pueda jugar al juego en la generación actual. Antes tenías que tirar de PlayStation 2, complicado, o la manera más sencilla que era conseguir la remasterización y hacerte con una PlayStation 3. Por otra parte y, más interesante, es la oportunidad de disfrutar del juego con un aspecto técnico envidiable. Podríamos decir que el juego es casi 1:1 con el original salvo añadidos, como diferentes easter eggs, pero la diferencia gráfica es abismal (echadle un ojo a las infinitas comparativas por Internet y sobre todo fijaos en el pelaje de los colosos) y aunque es cierto que la Tierra Prohibida ha perdido un poco esa aureola fantasmal característica, en cambio, ha ganado más en naturaleza muerta y esa variación, me parece, enfatiza más con lo que la obra pretende expresar.

Para los que busquen un mayor reto, el juego cuenta con una versión en difícil y, una vez nos hayamos acabado el juego, podremos intentar batir a cada uno de los colosos en el menor tiempo posible. Eso nos proporcionará extras en forma de bocetos, ilustraciones y skins tanto para Warden como para Agro, así como nuestra espada.

En definitiva, Bluepoint Games nos recuerda que Shadow of the Colossus es una obra maestra y que los videojuegos, por si alguien tenía alguna duda, son arte. Si nunca habéis jugado al juego, ésta es una oportunidad única para acercarse a la obra de Ueda y para los que ya la conozcáis y disfrutasteis con ella no tiene sentido no volver a vivir la historia de Wander.

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