Análisis Resident Evil Village

Juan Cash

Juan Cash

Lo de que Capcom está en un estado de forma espectacular, ya no es noticia. Aunque siempre está el miedo de que vuelvan las vacas flacas. Los viejos errores u otros nuevos. Hoy es el turno de una de sus sagas más míticas. Historia viva de los videojuegos, hablamos de Resident Evil. Saga que vio la luz allá por el 1996, sembrando las bases de un enorme éxito que recogió sobre todo su sucesor, Resident Evil 2 (1998). Son muchos años y un buen puñado de entregas, entre las cuales contamos grandes éxitos y enormes fracasos. Hoy me dispongo a hablar de Village, que se corresponde a su entrega número 8. Vámonos de turismo rural.

“Para decirlo con toda franqueza, en todas las aldeas se necesita un breve período de terror”

Mao Zedong

Los acontecimientos de Resident Evil Village tienen lugar poco tiempo después de lo vivido en Resident Evil VII, por lo tanto hablamos de una secuela directa. Pero si no has jugado al 7 (deberías hacerlo) no pasa nada, ya que el juego nos hace un buen resumen de los acontecimientos que sucedieron en Louisiana.

Parece que las cosas le van bien al bueno de Ethan. Por fin, tras la pesadilla vivida en la casa de los Baker, logra llevar una vida moderadamente normal. Incluso feliz. Se encuentra en casa, con su amada Mia y su preciosa bebe, Rose. Hasta que llega Chris Redfield. De repente, apareces malherido en la nieve. Tu bebe ha sido secuestrada y obvio, tenemos que rescatarla.

El inicio de esta entrega me parece bordado. Me hizo recordar algunos momentos épicos de Resident Evil 4, y eso es buena cosa. Tras dar nuestros primeros pasos llegaremos al pueblo, aldea o como queráis llamarlo. Sí, llegamos a Village. 

Esta vez la entrega se ambienta en Europa, y debo decir que le sienta realmente bien. La nieve, lo mundano y rural de sus construcciones… las criaturas. Todo correcto. 

Tras investigar un ratín el miedo empieza a aparecer. No lo hace de forma explícita, sino mediante ruidos, imágenes que apenas alcanzas a ver… cambios en la música. Parece que se deja de lado el sobresalto fácil, se apuesta por la auténtica sensación de sugestión así como de agobio. Todo ello alcanza su clímax cuando nos vemos envueltos en un asedio a nuestra posición. Las primeras criaturas, que vienen a ser hombres lobo, nos rodean y apenas tenemos munición. Empieza Village.

El juego sigue un desarrollo clásico de la saga que pasa por recorrer diferentes entornos, cada uno con una fuerte personalidad. En este caso comandados por varios seres superiores que tendremos que derrotar. Todo ello se traduce en puertas cerradas, llaves con formas concretas y enemigos perfectamente colocados para decidir si acabamos con ellos o huimos. Esto es importante.

El gen Resident Evil, su germen, su esencia… se basa en estos pequeños detalles. Si bien es cierto que he llegado a la parte final del título con una buena cantidad de recursos, también es cierto que durante toda la partida, siempre, me he sentido desnudo, pensando fríamente si me interesaba acabar con los enemigos para explorar “tranquilamente” o si mejor corría como un cabrón.

Como iba diciendo. Cada parte del juego nos llevará a un entorno diferente, desde el propio pueblo, al cual volveremos continuamente, hasta el ya famoso castillo Dimitrescu. Pasando por ciénagas, cementerios y demás lugares encantadores. En todos ellos tendremos algún puzle que resolver, que en esencia son bastante sencillos y se basan en coger una pieza de aquí para ponerla allí.

Si bien todos estos escenarios cumplen, es cierto que algunos lo hacen mejor que otros. Por ejemplo el Castillo me ha gustado e impresionado. El terror que he vivido en esos pasillos ha sido real, y ha contrastado con lo ornamentado y lo exageradamente lujoso del lugar, donde en Playstation 5 o Xbox Series X hemos podido apreciar con detalle esos remates dorados que lucen las escayolas y las maderas, foto realismo. Pasar de esos salones a las más oscuras mazmorras era todo un ejercicio de concentración, tragar saliva y elegir en qué cabezas impactar las balas y en cuáles no. El Castillo, me ha llevado a esa exploración incomoda casi agónica, que sin duda y de nuevo es marca de la casa.

Si bien esto se reproduce en todos los entornos, he disfrutado del que quizá es el Resident más completo en lo jugable. Con zonas de exclusiva exploración, sufriendo jugarretas de un monstruo que solo quería vernos sufrir, y por otra parte he vaciado varios cargadores a hordas de hombres lobos. Y creo que funciona francamente bien. Aunque quizá me hubiera gustado ver algún diseño más de enemigos. Se recicla en exceso un tipo concreto que parece un zombi. Al principio lo veremos como un engendro de vampiro, luego como zombi raso y finalmente como tecno zombi. Meh.

No es el Resident Evil más terrorífico, por supuesto, ni tampoco es el Resident con más acción (ese es el seis y que Dios se apiade de su alma) es una quimera donde ambas mecánicas se complementan de forma que completan un producto realmente bueno y divertido. La experiencia que produce Village, me parece todo un acierto para el género. Una aventura de unas 8 o 9 horas que invita a volver a ella para completar esas cosillas que quedaron por el camino, que básicamente son armas.

Las mecánicas son simples: exploración, acción y supervivencia. Tendremos que reunir todos los materiales que podamos para convertirlos (según nos interese) en munición, explosivos o salud. Pero en esta ocasión y como ya vimos en otra entrega, tendremos la ayuda de un vendedor, el llamado Duque. 

No solo nos mejorará las armas, sino que además nos comprará los tesoros que llevemos, dando así una importancia real a los coleccionables, y sin duda provocando que demos ese siniestro rodeo para hacernos con ellos y así tener más pasta, para así tener un arma más destructiva. Además Resident se une a la moda de la “caza” pudiendo dar piezas de distintos animales a Duque para que nos mejore estadísticas de forma permanente.

Por lo demás, creo que la historia es realmente emocionante, y si eres seguidor de la saga desde sus orígenes, encontrarás varios detalles que te harán sonreír. Sobre todo en su parte final, donde todo se resuelve. Y esto ya es noticia.

El elenco de personajes me parece tener la suficiente personalidad para ser recordados. Mucha más que los Baker. Cada personaje es único y tiene sus propios intereses, de los cuales nuestro protagonista se ve más o menos implicado. Desde la mítica Alcina hasta Heisenberg.

Me gusta que “casi” todos los cabos queden atados, que se dé explicación a aquello que parecía no tenerla y aunque puede ser una fumada más o menos importante, considero que tiene la coherencia que le falta a otras entregas.

En lo técnico el juego impresiona. A falta de probar las versiones de la generación pasada, puedo asegurar que en PlayStation 5 va como un tiro. Ofreciendo una experiencia fluida, cómoda y sin tiempos de espera. Resulta una barbaridad ver cómo te encuentras rodeado por esos escenarios foto realistas en cuestión de segundos desde que encendemos la consola.

Todo ello acompañado de un apartado artístico sublime, realista, sí pero con ADN Capcom y su maravilloso R.E Engine. Los lugares lúgubres así como los más luminosos, crean escenas espectaculares que sin duda harán que demos un uso exagerado a nuestro botón de compartir. 

Pero no solo se consigue ambiente con lo visual, el sonido tiene un papel capital. Como ya decía al principio, no solo acojona lo que ves, sino puede que incluso más lo que oyes. De nuevo apreciamos una evolución en el audio de los videojuegos. Empezando a ser canon lo que nos mostró The Last of us Parte 2. Ubicar a tus enemigos solo por oírlos es acojonante. Pero aún lo es más escuchar esos peligros que no llegan. Todo esto, además, se ensambla perfectamente gracias a su excelente banda sonora. Es un espectáculo al que ya nos tienen acostumbrados desde Capcom. En esta ocasión volvemos a experimentar esos cambios de ambiente en función de si hay enemigos o no. O dependiendo de la ubicación en la que nos encontremos. Vuelve a ser un trabajo exquisito.

Quizá la parte que menos me ha gustado podrían ser las cinemáticas. Lejos quedan esos momentos espectaculares que vivíamos antaño. Ahora en la búsqueda de estos nuevos Resident más realistas, no solo perdemos esa acción exagerada, sino que además no termino de creerme a sus personajes. Esto me lleva a fallos de guion demasiado obvios, así como a una interpretación poco creíble por parte de las animaciones.

Otro punto a destacar son sus extras. Es cierto que puede ser un juego aparentemente corto (también os digo, como todos los Resident) aunque a mí se me antoja una duración perfecta, para lo que viene luego. Estos son los extras, completar el juego en dificultades mayores, recibiendo como recompensas armas poderosas o munición infinita, dándote motivos para que quieras volver al pueblo, esta vez a reventarlo todo. Pero si esto sabe a poco, hay que tener en cuenta el gran regreso de Mercenarios. El extra entre los extras.

Si bien podría escribir otro análisis solo de este modo, seré breve. Se trata de un “mercenarios” totalmente clásico, de los de toda la vida. Recorrer los escenarios ya conocidos a tiro limpio acabando con oleadas de enemigos antes de que acabe el tiempo. La diferencia aquí se encuentra, en que entre ronda y ronda podremos pasar por la tienda a ver a nuestro amigo Duque y comprar los recursos que necesitemos así como mejorar las armas. Ademas, durante el recorrido se han incorporado unos potenciadores que nos darán a elegir interesantes mejoras. Es un modo totalmente adictivo que sin duda nos regalará horas y horas de entretenimiento.

Pese a todo, creo que Village es un producto redondo. Que de nuevo vuelve a poner a la franquicia en lo más alto del género del terror y nos lleva a esperar con ilusión su novena entrega, que creo es más de lo que muchos podrían pedir. Pasan los años y cambia todo, público y tecnología. Por lo tanto me parece bastante elogiable, la inteligencia que muestran los nipones de Capcom para adaptar a su tiempo una saga tan querida como esta. Tanto si eres fan de la saga como si no, Resident Evil Village es un juego que merece ser disfrutado… o sufrido.

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