Análisis Paper Mario: The Origami King

La enésima aventura de Mario nos lleva a un conflicto entre el papel plano y el papel con dobleces. El malvado de turno origamizará a casi todo el mundo, princesa Peach incluida, y nos tocará irnos de excursión para liberar el castillo de las serpentinas opresoras y devolver a la normalidad al Reino.

Paper Mario: The Origami King es otra oda de Nintendo (y en este caso de Intelligent Systems) a la atención por el detalle, al mimo en el diseño de niveles, a dispensar tanto satisfacción a raudales como confeti que despilfarrará Mario sin parar. Es la versión happy de ID Software cuando hace un Doom; todo bien pensado, todo encaja, todo fluye…

Lamentablemente, hay una piedra en el zapato, una de esas que por muy bueno que sea el calzado no nos dejará disfrutar del paseo como debería y, tristemente, no nos la podemos quitar de ninguna manera. Sí, hablo del combate.

Mi experiencia con el combate es de montaña rusa total. Descubrirlo fue un subidón: combate por turnos que innova jugando con el posicionamiento de los enemigos en una serie de círculos que deberemos colocar de la manera correcta para así alinear a los enemigos en linea o en un 2 x 2 para que nuestras ofensiva sea lo más eficiente posible.

Luego llegó el bajón y es que durante las 30 horas de juego el combate contra enemigos corrientes apenas evoluciona. Hay alguna variación interesante como cuando aparecen los Boos y tienes que memorizar su posición inicial, ya que no tardarán en desaparecer y forzar nuestra memoria si queremos alinearlos bien. También tendremos que tener en cuenta el tipo de bota que utilizamos al saltar sobre los enemigos ya que no querremos pincharnos pero tristemente poco más se profundiza. Al final los encuentros normales son peajes a pagar que ni supondrán un reto ni serán lo suficientemente interesantes para motivarnos.

Otra cosa muy diferente son los combates contra los jefes finales; aquí vuelve el subidón. Todos y cada uno de ellos se disfrutan, son variados y aprovechan muchísimo el sistema de los círculos que aquí sufre una variación muy acertada respecto a los normales y nos obligará a estrujarnos los sesos (un poquito) para que Mario se mueva por los círculos y desarrolle la estrategia adecuada para tumbar al boss de turno. Como digo, aquí sí se profundiza y cada enemigo (algunos incluso tendrán sus diferentes fases) nos obligará a atacar de una manera o de otra, o buscarle la espalda o intentar activar algún poder especial.

Volviendo al combate contra enemigos normales, tengo que decir que, durante mi periplo, me dio la sensación de que hasta el propio estudio tuvo sus dudas y es que, a medida que avancemos, a algunos enemigos con pegarles con el martillo o saltándoles encima los eliminábamos directamente sin tener que pasar al combate por turnos. Otro gran acierto pero que, sobre todo, saca a la luz que, sin ese tipo de combate, el juego funcionaría mejor, tendría más ritmo y, al final, no molestaría al resto de cosas maravillosas que ofrece Paper Mario: The Origami King.

Me gusta pensar en el juego como un walking simulator en el que nos vamos de aventuras con Olivia la hermana del malvado; visitando los alrededores del castillo, salvando Toads y rellenando con confeti los huecos que han quedado maltrechos tras el paso del Rey Origami. A veces incluso parecen unas vacaciones, como bien dice Olivia. Iremos a un parque temático samurái, de crucero, a un spa, participaremos en un show de televisión y nos tomaremos un respiro en varias cafeterías. El juego, además, se permite el lujo de introducir mini mecánicas para enriquecer más la aventura como la pesca, la exploración submarina o la conducción de un cochecito. Todo encaja a la perfección y se siente natural. Tan natural como toda la escritura y diseño de los personajes que son espléndidos.

Además de los clásicos Mario, Luigi, Bowser y cía, Nintendo introduce nuevos personajes como el malvado Olly o la bonachona Olivia que logran encandilar al jugador. La naturalidad e inocencia de Oliva son ideales para nuestra excursión y funcionan a la perfección con el sarcasmo de otros secundarios como el inolvidable Bobby o el legendario Capitán Toad. Los diálogos de los Toads que iremos salvando (lo haremos muchísimo) son cómicamente absurdos y nos harán disfrutar del juego con una sonrisa constante así como las diferente situaciones a la que tendremos que hacer frente con Mario y Olivia. Mención aparte merece el tiempo que pasaremos al lado de Kamek, la mano derecha de Bowser. Sin duda de lo mejorcito de la aventura.

El diseño de los enemigos finales es también de 10; Nintendo es capaz de hacer entrañable hasta el malvado papel de oficina. Nunca olvidaréis vuestro enfrentamiento contra el malvado celo o las peligrosas tijeras ya no solo por lo interesante del combate en sí sino porque durante lo poquito que están en escena brillan como nadie. Menos brillo pero también acertados son los combates contra los diferentes papelementales que, aunque carecen de personalidad, los enfrentamientos son interesantes y un buen desafío.

También será un desafío conseguir el 100% del juego ya que entre Toads escondidos, agujeros a rellenar, cofres invisibles y demás historias podemos estar unas buenas horas dedicados a estas tareas secundarias con las que, por suerte, nos ayudarán una serie de inventos de un científico Toad.

Como era de esperar al ser exclusivo de Switch, el juego funciona a las mil maravillas en cuanto a rendimiento, tanto en modo portátil como en dock. La paleta de colores es todo vida y enmarca perfectamente la nueva historia de Mario. La música por su lado es sensacional mezclando diversión, épica y humor sin ningún tipo de problemas.

Paper Mario: The Origami King es un juego brillante que de golpe se apaga cuando entra en combate. Por suerte, eso no es suficiente para que no podamos disfrutar de un título que constantemente resplandece, que tiene momentos inolvidables y unos combates contra jefes finales (aquí sí) vibrantes.

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