Análisis Outward: Definitive Edition

Juan Cash

Juan Cash

Despierto en la playa. Dolorido, cansado y roto. Salí en busca de riquezas, a fin de pagar mis deudas. La cosa fue bien. Volvíamos cargados de mercancías, dispuesto a hacernos de oro. Algún idiota olvidó encender el faro y tras el choque fuimos engullidos por el mar. Ahora apenas he logrado salvar mi vida, vuelvo a casa sin dinero.

La deuda de sangre asciende a ciento cincuenta monedas de plata, mi abuela debió hacer algo terrible, y nosotros seguimos pagando el precio de sus crímenes. Tengo tres días para reunir el dinero o perderé mi casa. Es casi imposible. 

Preparo mi mochila, agua, comida… una vieja espada oxidada, un escudo de madera y antorchas para combatir la oscuridad. La primera noche en el exterior del pueblo soy apaleado por tres rufianes que me roban cuanto tenía… casi muerto aparezco en casa de nuevo… el tiempo apremia y voy a perderlo todo.

Una vez recuperado salgo de nuevo, esta vez la suerte me sonríe y encuentro a un desgraciado moribundo, le curo y me recompensa con un indulto que me permite mantener mi hogar. Alabados sean los dioses.

Ahora el tiempo pasa, mis amigos se han marchado y debo tomar una decisión… ¿Debería acompañarlos en busca de aventuras y riquezas? ¿Debería ayudar a la alcaldesa y velar por el futuro de mi pueblo? O quizás deba seguir mi propio camino. Podría pescar y crear deliciosos platos para vender por un buen precio… o podría explorar las minas en busca de codiciados minerales… quizá podría asaltar campamentos de bandidos y robar al ladrón… ¿o me interno en el corazón de la montaña en busca de sabiduría mágica? Tantos caminos… tantas opciones… ¿Qué hacer?

En el mundo de Outward no somos ningún héroe. No digo que no podamos llegar a serlo… pero desde luego no lo seremos al comenzar. Seremos un aventurero como mucho, uno de tantos, de esos que encontramos muertos en la primera mazmorra… o al girar una esquina.

Nuestro destino… nuestra misión… será tan grande como nosotros mismos decidamos. El juego nos dará vagas indicaciones sobre qué hacer, pero realmente tendremos la sensación de ser dueños de nuestro destino. Y esto es algo realmente interesante. Por un lado no tendremos el indicador típico de misión, ese gran punto en el mapa que nos invita a pasar, es más, ni tan siquiera sabremos dónde estamos exactamente en el mapa. Nos servirá para orientarnos, pero la exploración de Outward es mucho más orgánica.

Sobre el papel, podríamos hablar de Outward como un juego de rol desafiante, con tintes de Souls, más que nada por el sistema de combate, el cual encajaría perfectamente en las obras de FromSoftware más añejas. Sin embargo, el concepto del juego lo lleva a una suerte de mundo abierto -o de mundos abiertos mejor dicho- nos invitará a explorar cada rincón de varios mapas de un tamaño considerable. En los cuales pasaremos por ciudades… ruinas… mazmorras… fortalezas… y un sinfín de localizaciones.

Cabe detenerse aquí para comentar que esta Edición Definitiva mejora el juego que debutó en 2019, añadiendo no solo el necesario parche next gen, ese que nos lleva a un mayor frame rate y resolución, sino que además añade todos los contenidos de los dos DLC’s. Esto incluye multitud de nuevas piezas de equipo, así como “la corrupción” que es un efecto negativo que podrá infectarnos… y un nuevo mapa, que viene a ser una zona compleja de narices y llena de fuego -No apto para principiantes- Además al incluirse todo el contenido desde el inicio, se han reasignado los lugares donde aparecen estas novedades, sintiéndose todo mucho más orgánico.

Ahora volviendo al juego y para trasmitir mi opinión, puedo decir que es un juego realmente interesante y sobre todo valiente. Ahora, en la era post Elden Ring, ya sabemos cómo es el mundo abierto hardcore de estilo pausado. Pero lo cierto es que Outward tratándose de una obra infinitamente más pequeña… logra crear parte del encanto del que luce como uno de los juegos del año.

Outward consigue llamar la atención del jugador colocando pequeños puntos de interés en el mundo que nos regala. De esos que cuando paseamos con una idea clara nos hacen entretenernos a ver qué hay ahí… Al final esto es la magia de un buen mundo abierto. El hecho de saber a qué vamos a dedicar nuestras horas de juego ya supone un desafío… recuerdo haber pasado días pernoctando a la intemperie para extraer unos granos de arena azul y poder fabricar una armadura… o una larga temporada que pasé pescando para conseguir raciones de viaje para poder cambiar de mapa… o largas travesías a la montaña para extraer minerales que vender. Todo es válido en el mundo de Outward porque al final conseguirá atraparte y lo hará pese a ser un juego extremadamente duro.

La muerte es frecuente y no lo será tanto por la crudeza de nuestros enemigos… cuya IA roza el ridículo. Sino por el conjunto, podremos pasar demasiado tiempo fuera, sin calcular bien el agua que llevamos y que la sed y el hambre nos hagan ser extremadamente débiles a un ataque enemigo, en esas aparecen un par de bichejos y fin.

Cuando mueres nunca sabes que será de ti. Si yo os contara… una vez me asaltaron unos bandidos, al “resucitar” estaba preso en su fortaleza y tuve que pasar horas realizando trabajos de esclavo para conseguir la libertad (otro día volví y los maté a todos) a veces mueres y apareces cerca de la zona, con una nota que reza algo así: “Estoy cansado de salvarte la vida, toma una poción y cuídate”. Otras perderemos nuestro equipo y tocará recuperarlo y a veces sencillamente nos devolverán a nuestra casa. El tema es que es impredecible y por lo tanto no querremos morir, o mejor dicho no querremos perder nuestra mochila.

La mochila es el sello de identidad del juego. En ella cargaremos todo lo que podamos y no será mucho. El juego no quiere que abuses en el looteo, el juego prefiere que andes y desandes el camino, dándole mayor relevancia que al destino en sí. Por ello la mochila será nuestra mayor aliada. En ella guardaremos todo lo que podamos y procuraremos no perderla, pese a ser muy jodido pelear sin soltarla. Aunque pelear es jodido en todo caso. Aquí partimos de un combate que nos recuerda a los Souls salvo que todo se nota un poco más lento. Podremos conseguir habilidades que nos faciliten las cosas (previo pago in game) e incluso hacernos expertos en determinadas armas o mi favorito, ser magos.

La magia me ha encantado porque se aleja de la sencillez para ofrecernos una vorágine de posibilidades. Por ejemplo, y para empezar, aquí no subimos de nivel, simplemente conseguiremos mejor equipo, ya sea comprando, saqueando o crafteando. Por lo tanto nuestro nivel de magia será tan grande como pequeño sea el de vida y resistencia. O lo que es lo mismo, tendremos que sacrificar un pequeño porcentaje de salud y resistencia por cada punto que queramos darle a la magia, lo cual se traduce en tener más o menos maná, que viene a ser sinónimo de poder. Simple y efectivo.

Ahora somos magos. Pero no. Tendremos de nuevo que aprender hechizos y algunos requieren de runas o de elementos extra para ser realmente útiles. Por ejemplo, lo primero que aprenderemos será una magia llamada “chispa” la cual sirve para encender una barbacoa y poco más (literal) sin embargo si creamos una runa de fuego en el suelo, la cosa cambia, y esa chispita pasará a ser un fogonazo como dios manda. ¿Veis a lo que me refiero? Pues así con todo.

La dureza del mundo del juego puede e incluso debe ser paliada con ayuda de otro jugador. El cooperativo de Outward es la joya de la corona, permitiéndonos jugar con amigos ya sea a pantalla partida u online (en Steam ni tan siquiera tienen que tener el juego para unirse a tu partida) y estas facilidades son todo un acierto, ya que si en soledad el título es perfectamente disfrutable… cuando juegas en compañía es cuando realmente la experiencia se siente completa.

Outward es un juego que no se conforma con poner en bandeja de plata una historia para descubrir, sino que se recrea en la necesidad de incomodar al jugador, ya sea haciendo que su personaje pille un catarro u obligándole a escalar una montaña para que descubra un poderoso enemigo en la cima. La magia de este juego es el cómo consigue que pese a su dificultad orgánica, no quieras dejar de jugar, porque tienes entre ceja y ceja cumplir un objetivo que tú mismo te has impuesto y por lo tanto hace gala de eso tan complicado y a la vez tan placentero que es la narrativa emergente. Sin duda, la Definitive Edition se presenta como una oportunidad de oro para todo aquel que sienta un mínimo interés por este juego que se llevó la etiqueta “de culto” nada más nacer. 

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