Análisis MotoGP 21

Daniel Ureña

Daniel Ureña

Fundador y sufridor de Invisible Movement.

Si el año pasado me abstuve de la edición anual de MotoGP, cediéndole la oportunidad a Juan, este año me apetecía volver a subirme a la moto y competir. Lo más difícil ya lo tenía hecho, ya que a diferencia con mi experiencia en MotoGP 19, ya tenía la base de pilotaje y solo me quedaba adaptarme a las novedades que traía Milestone a este MotoGP 21. Iluso de mí.

Hacía tiempo que no me encontraba con un juego de conducción tan exigente; dentro de los juegos más comerciales del género. Aunque se mantienen las premisas jugables de las anteriores entregas, el título ha dado un paso adelante en cuanto a simulación se refiere, tanto para bien como para mal. Para bien porque sentiremos la moto en cada momento, su estado, el de la pista, la climatología… todo suma (o resta) al comportamiento de la montura y eso es espectacular. No haremos dos vueltas iguales y eso implica una concentración y una exigencia a nuestra habilidad muy superior al de entregas anteriores. Por contra, esta alta demanda alejará aquellos que quieran coger el mando y echar 5 minutitos con Quartararo en Montmeló.

Es verdad que el juego cuenta con una serie de tutoriales que, además de recordarnos las funciones básicas, nos explicarán algunas de las mecánicas nuevas; como la gestión de los neumáticos, el combustible o el tema de la long lap. Aún así, o yo me estoy haciendo mayor, o resulta insuficiente para ponerse en la parrilla. También es cierto que el juego tiene una serie de ayudas personalizables como la clásica frenada automática, las marchas automáticas, la línea de trazado y este tipo de cosas comunes en el género pero el juego debería llevarte más por la mano a la hora de enseñarte cosas primordiales como por ejemplo cómo se debe coger una curva. Sé que parece una tontería y obvio pero, creedme, hay un abismo entre hacerlo fatal, mal, regular y bien; y podría seguir metiendo escalones intermedios hasta la eternidad.

Al final, hay que optar por la vieja confiable: la práctica. Y es que la práctica hace al maestro y no hay nada mejor que utilizar la sesiones previas a la carrera para hacernos con el circuito, espiar a los otros pilotos cómo toman las diferentes curvas, ponernos a su estela y ver qué estamos haciendo mal o en qué tramo estamos perdiendo dos décimas por curva y por qué. Esta es la gran maravilla de MotoGP 21, la que sacará vuestra vena de superación, de competitividad y de frustración que luego se transforma en satisfacción.

Hacía la broma con Juan de que esta edición me parecía el Souls de las motos y, fuera de la broma, al final me tomaba el juego como tal. Cada circuito, un bioma, Cada curva, un enemigo. Probar, probar y probar hasta que encontramos el punto, nos fusionamos con nuestra moto y clavamos ese tramo. Y es que hay un mundo de cuando empiezas una sesión de práctica y la acabas. Tu manera de abrirte previo paso en las curvas, de inclinarte, de jugar con el límite de pista para arañar algo… todo eso es magia y a medida que lo vas logrando la sensación es indescriptible.

Es por eso, por esta nueva manera de afrontar el juego, que no me avergüenzo de haber abusado del sistema de rebobinado. En mi caso, tanto en esta franquicia como en otras, siempre lo había tenido en mente para aquellos momentos en los que fallas descaradamente, te sales en la última curva o sin querer (queriendo) chocas con un rival para imponerte y la cosa no acaba como esperabas. En MotoGP 21 mi chip ha cambiado y ahora el rewind es mi mejor herramienta de aprendizaje. Rápido e ilimitado, el rebobinado será nuestra mejor manera de memorizar, corregir y mejorar. Es tu mejor amigo, más que tu ingeniero, y te llevará a la senda de los buenos tiempos.

Hablo de hacer buenos tiempos, de mantenerse en la pista pero, lógico, también tendremos rivales. Rivales a los que querremos batir. Todo lo que hayamos aprendido se pondrá a prueba el día de la carrera y todo, una vez más, vuelve a cambiar. Nuestras trazadas, nuestras inclinaciones, nuestros puntos de frenada; Nuestro buen hacer puede irse al garete si tenemos a un rival delante que frena antes que nosotros o a otro que la apure más. Cuando nuestros neumáticos empiezan a quejarse olvídate de apurar el piano porque te vas a caer y ahora caerse tiene más penalización que nunca ya que, si antes aparecíamos de manera fantasmal en la pista, ahora al caer tendremos que llevar a nuestro piloto a la moto, esperar que se suba y volver de nuevo al asfalto. Una novedad muy acorde con el realismo que Milestone va implementando entrega tras entrega y que, como no, le sienta como un guante.

Los rivales tampoco nos lo pondrán nada fácil. Vuelve la inteligencia artificial (A.N.N.A) que ha sufrido mejoras, haciendo el comportamiento de los pilotos mucho más realista y acorde a la situación de carrera. Pelear por los puntos será complicado y los rivales se tirarán como puñales para intentar arañar un punto, un podio o ya no te digo una victoria. Una IA que se siente bien, haciendo cosas coherentes y evitando así la típica fila india inamovible poco creíble en cada carrera. Ahora los pilotos caen, se equivocan, evitarán chocarte pero tampoco se arrugarán si tienen la trazada tomada. Una muy buena experiencia, que una vez más, nos exigirá concentración y buen hacer.

Otra novedad interesante, actual, y que apuesta por la fidelidad al campeonato, es la inclusión de la penalización de vuelta larga o long lap. Ahora, en casi todos los circuitos tendremos una curva con una variante más larga en forma de carrilito que dirección de carrera nos obligará a tomar si, por ejemplo, acortamos demasiado las curvas. Un problema que en clasificación no se da porque simplemente te anulan la vuelta pero que en carrera puede ser una faena al tener que «desviarnos» para cumplir la sanción, mientras le decimos adiós con la manita al podio que habíamos peleado las últimas vueltas.

En resumen, llegar a ser campeón de MotoGP es una tarea ardua así que, como ya decía en MotoGP 19, lo mejor es meterse en el modo trayectoria, empezar desde lo más abajo e ir curtiéndose. Un modo que ha mejorado muchísimo, añadiendo más capas de personalización, incluso podemos crearnos nuestro propio equipo y decorar a nuestro gusto el carenado con un sinfín de pegatinas. Además, tendremos que controlar a nuestro personal, tanto representante como equipo de ingenieros, que nos ayudarán tanto a buscar mejores contratos como a mejorar la moto, consiguiendo puntos de investigación que nos ofrecerán mejoras en futuros grandes premios. Muy completo y, como mucho, se le puede pedir que añada algo de narrativa a nuestro piloto, como, por ejemplo hace el F1 de Codemasters, aunque hay que decir que tampoco es despampanante.

Al final nuestro objetivo es el de subir de categoría pero claro llegar a motos más potentes implica un pequeño reset porque todas nuestras referencias cambian, las motos tienen un comportamiento diferente y tocará volver a aprovechar las sesiones de práctica para domar la nueva moto. Cada circuito, un bioma, Cada curva, un enemigo.

El juego lo complementan el modo contrarreloj, la carrera rápida y hacer un campeonato. Se echa de menos algo parecido a los desafíos que veíamos en ediciones anteriores, una pena porque era gracioso ir desbloqueando los pilotos clásicos y sus motos. Eso no quiere decir que no hagan acto de presencia. Podremos utilizarlos, ya todos desbloqueados, en los modos rápidos, sin problema, y disfrutar, por ejemplo, de Doohan, Stoner, Crivillé o una de las diferentes variantes de Rossi.

El multijugador por su parte cumple a secas. Carece de un cooperativo local que no le hubiera sentado nada mal pero por otra parte cuenta con servidores dedicados para una mejor experiencia. Fuera de la competición en sí, lo más gracioso es la posibilidad de ejercer de director  de carrera y controlar el cotarro de todo lo que pase en la pista. 

Ha empezado muy bien Milestone la nueva generación. Ya no tanto a nivel técnico que aunque tiene mejoras y las motos y los circuitos siguen el buen nivel ya visto, no hay un salto despampanante; aunque a decir verdad se cuentan con una mano los que si pueden sacar pecho. Por otra parte, el modelado de pilotos y personal del equipo tiene todavía mucho margen de mejora. Más disfrutón es el uso de la vibración en el DualSense, menos elaborado en el mando de Xbox. Hay un esfuerzo por transmitir las sensaciones de la moto a base de vibraciones por el controlador y ayuda muchísimo a la inmersión que se potencia muchísimo si decidimos jugar con una de las cámaras en primera persona. Es la experiencia total que, para variar, nos obligará a modificar nuestra manera de correr y toma de referencias.

MotoGP 21 es un juego para aquellos jugadores que disfruten de los retos. Aquellos que les guste pelearse con todo para arañar unas décimas, que a la postre, solo nos hace salir séptimos en parrilla pero saboreamos como una pole. Un título que nos puede absorber muchísimas horas y darnos cuenta de que únicamente estamos practicando y que alcanza sus máximas cotas cuando somos capaces de ganar carreras y campeonatos.

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