Análisis Moss

Fue en la Gamescom de 2017 cuando tuve la gran suerte de poder probar Moss. Y digo la gran suerte porque, de no haberlo hecho, seguiría pensando erróneamente lo que ya expliqué en mis primeras impresiones de aquel año: Que con esa adorable ratoncita, qué necesidad había de que el juego se jugara en realidad virtual. Un tema, el de la realidad virtual, que también tratamos en su día en nuestro ahora algo abandonado podcast. Y es que cuando uno piensa en juegos a los que jugar utilizando la RV ¿en qué tipo de juego piensa? Supongo que todos tenemos claro que la gracia o motivo principal es del trasladarnos a esa realidad. Permitirnos viajar a esos mundos que nos proponen sin movernos y formar parte de ellos. La magia del videojuego hecha realidad. En Moss nos demuestran que eso es posible sin necesidad de que tú seas el protagonista.

Tengo que confesar que a mí en su día La historia interminable me marcó, tanto el libro como la película. La idea de que tú, como lector, tienes la capacidad de interactuar con el mundo de fantasía que el libro te propone, que no eres un simple narrador sino que te conviertes y formas parte de esa historia, me pareció fascinante. Y es precisamente eso mismo lo que proponen en Moss, no ser un simple espectador de la historia, aunque tampoco el protagonista de ella. Así que durante unas horas me convertí, como en Bastian en La Historia Interminable, en la única persona capaz de ayudar a que esta historia tuviera lugar.

Moss se presenta como un cuento interactivo en el que aparentemente tú eres el narrador y Quill, nuestra valiente ratoncita, la protagonista a quien deberemos ayudar en esta aventura.

Comenzamos en una colosal y vacía biblioteca donde iniciamos la lectura de un enorme libro que se encuentra preparado para nosotros. Una historia fantástica en la que un pueblo ha sucumbido, los ratones se han visto exiliados y solo el ratón elegido, como marca la profecía, podrá ser el héroe que salve al pueblo de los malvados. Y sí, Quill será la elegida y lo hará sin ella darse cuenta, a través de esas páginas del libro que nos sumergirán en la historia a la que nos uniremos como lectores pero a la vez como protagonistas ayudando a Quill en su misión y descubriendo lo que esta aventura tenía preparado para nosotros. 

Un encuentro que nos une gracias a un orbe azul mágico y que estrechara nuestra relación. Moss será la protagonista y es quien deberá saltar plataformas, recorrer el camino que la aventura le propone y enfrentarse a los enemigos en luchas. Pero es algo que no podrá hacer sin nuestra ayuda gracias al DualShock.

En general la jugabilidad de Moss es sencilla pero el hecho de que el juego nos obligue a interactuar con ella en todo momento, ya sea para ayudarla tanto a avanzar, pelear como para resolver los puzles, le dan un enfoque muy original y perfecto para lograr esa inmersión del jugador en la historia. Porque si algo buscan en este juego es que se genere un vínculo muy especial entre jugador y personaje.

Pero quizá lo que más me ha gustado es que Quill podrá vernos e interactuaremos, nos ayudaremos mútuamente. Incluso nosotros mismos podremos ver nuestro reflejo en el agua, la máscara de un espíritu con una forma muy parecida al «Sin Rostro» de El viaje de Chihiro. Ella nos ayudará cuando no sepamos resolver un puzle dándonos las gracias o chocando los cinco cuando superemos algo difícil. En general se comunicará con nosotros de mil y una maneras gracias a gestos y al lenguaje de signos, lo que genera una gran complicidad, te integra del todo en la aventura y se vuelve algo personal el querer ayudarla y que te preocupes por ella y que, en definitiva, le dan vida al juego.

Un título que sabe mezclar a la perfección esa combinación de primera y tercera persona. Siendo Quill podremos avanzar, saltar, trepar y atacar pero deberemos combinar todas estas acciones con nuestro papel de lector, y es que con el control de la esfera azul podremos mover estructuras, abrir puertas, retener enemigos o guiarlos hacia donde nosotros queramos e incluso curar a nuestra valiente protagonista.

Pero eso sí, nuestra perspectiva y tamaño como jugador no cambia. Es decir, somos más grandes que el escenario y sus personajes lo que nos permite apreciar bien todo el escenario y sus muchos y cuidados detalles que tiene, además de hacernos sentir dentro de un cuento. Cada escenario está creado para que nosotros seamos testigos de todo el arte que derrocha, como observadores, pero a la vez lo sintamos como vivencia propia gracias a esa unión y complicidad que se consigue desde el minuto uno con Quill. Se puede apreciar el mimo con el que Polyarc han creado esta maravilla, así cómo han sabido ocultar algunos elementos, como los pergaminos coleccionables, para obligarnos a movernos de nuestro asiento y disfrutar del gran trabajo realizado en cuanto a la perspectiva. Y es que cuando quieres darte cuenta ya estás absorto en la historia y con la boca abierta maravillándote del mundo que te rodea.

Siempre se habla de que los juegos de realidad virtual pecan de cierto generación de náuseas o vértigo (motion sickness) al jugarlos. Pues en esta ocasión no. La inmersión en ese cuento de fantasía es total y lo hace sin generar ni un solo mareo gracias al uso de la cámara fija y de esa perspectiva que mencionábamos. Los escenarios son estáticos y cambian de uno a otro como si de un cambio de página de libro se tratase, no nos genera movimiento más allá del que nosotros mismos hagamos al explorar ese mundo y sus recovecos permitiéndonos formar parte de ese pequeño mundo. La única pega es que esa transición genera que la pantalla se vuelva negra unos segundos mientras carga el siguiente escenario, algo que nos saca un poco del juego.

Ya hemos dicho que en Moss nos esperan aventuras, plataformas y cierta acción en esas luchas que mencionábamos pero lo cierto es que Moss es, sobre todo, un juego de puzles. Son sencillos rompecabezas que están muy bien planteados, tanto en lo ingenioso como lo bien integrados que están en el juego y la historia, permitiendo que no se rompa el ritmo del juego en ningún momento. Tienen, además, una curva de dificultad muy bien diseñada que va aumentando poco a poco a la vez que avanza nuestra aventura y su intensidad en la historia y en la que cada vez es más necesario saber coordinar los movimientos de Quill e interactuar con el escenario y sus enemigos. De esta manera se evita caer en lo repetitivo de las mecánicas y se siente siempre una sensación de progresión en el juego.

Habrá zonas en las que nos centraremos más en los puzles pero otras en las que la necesidad principal será combatir a los enemigos que aparezcan. Y es que nuestra dulce pero valiente ratoncita irá equipada con una espada con la que no solo lucharemos sino que nos servirá para destruir algunos elementos del escenario. La lucha es bastante sencilla en cuanto a mecánicas ya que básicamente Quill podrá atacar y esquivar. Podríamos haber pedido algo más de complejidad pero ni la historia lo necesita ni el contexto tendría sentido ya que nuestra protagonista se ha acabado aventurando sin ser una guerrera ni saber apenas dar un espadazo. Y sobre todo porque la gracia recae en esa combinación necesaria entre ella y nosotros que, de otra manera, no tendría sentido. Aunque no negaré que en alguna ocasión en la que me ha tocado enfrentarme a varios enemigos a la vez, no me ha parecido muy fácil gestionarlo y ha pagado Quill mi inaptitud con su muerte. Más de una y de dos aunque en mi defensa diré que no siempre se ve bien por donde aparecen los personajes (toca mover la cabeza más de lo pensado) y porque he sufrido algún bug muy ocasional.

Cada escenario tiene su trocito de plataformas, combate, puzle pero desde luego lo que realmente es Moss es un juego en el que visualmente es una maravilla.

Cada detalle de Moss es una delicia y con un nivel y calidad artística fantástica, con escenarios diseñados especialmente para realidad virtual (y no adaptados) que te envuelven y permiten que nos perdamos en ese fantástico mundo y haciéndote olvidar de todo a tu alrededor para sentirte dentro de ese cuento y disfrutar de todos y cada uno de los detalles que han creado, de cada personaje, barril, escalera, hierba o reflejo. Porque te pasará que cuando aparezcas en un nuevo escenario, lo primero que hagas sea mirarlo. Disfrutarlo. Mirar de un lado a otro y de arriba abajo inspeccionando y sorprendiéndote de la realidad y mimo con el que está realizado. 

Quizás hoy me siento parca en palabras pero no tengo manera de describir lo que uno siente al aparecer en cada nuevo escenario. El sentirse grande por tamaño pero pequeño en esa perfección que han sabido crear y que no hacen más que ayudar a esa inmersión que ya mencionamos.

Y si estamos hablando de las maravillas del aspecto visual del juego, no podemos sino hacer mención especial a las animaciones de Quill: una ratoncita que deja claro que tiene vida. Sus reacciones, sus gestos y expresiones, como se comunica contigo o cómo interacciona con el escenario hacen que simplemente la veas como alguien vivo y que sea inevitable que le cojas cariño.

Pero no os dejéis engañar por la estética del juego y por la simpatía de su protagonista porque el juego no está diseñado para un público infantil sino para todos. Incluso diría que un público más adulto es quien sabrá darle el valor real que tiene y valorar todo el trabajo que tiene detrás.

El apartado sonoro no decepciona y acompañan la historia con esas melodías de flauta y violín muy acordes a lo que vemos y vivimos en Moss, aunque sin querer acaparar demasiado, sin querer ser protagonista. Simplemente estando ahí y ambientando la aventura. Y unos sonidos muy bien realizados que nos permiten disfrutar de los pájaros, insectos o de los propios grititos de nuestra protagonista que aún le dan más personalidad y vida.

Si tuviéramos que hablar de un punto negativo sería que no podemos disfrutar del juego en castellano. Aunque esto no sería motivo para que nadie se echara atrás a la hora de jugarlo ya que meses después del lanzamiento añadieron los subtítulos en español e igualmente la historia es bastante sencilla de seguir aunque no entendieras nada.

Y como es habitual en los juegos de realidad virtual, su duración no es muy larga. En unas tres o cuatro horas habrás vivido todo lo que Moss tiene que contarte. Pero como ya he mencionada en otros análisis, nunca debería medirse un juego por su duración sino por la experiencia que aporta y por su calidad. Y en eso no hay nada que reclame qué quejarse. Han hecho un trabajo excelente que solo deja con ganas de más. 

Hacía tiempo que no me alegraba tanto de equivocarme en algo y es que aunque Moss no necesita de la tecnología de realidad virtual sí ha demostrado cómo hacer un buen uso de ella elevando el juego a convertirse en toda una experiencia difícil de olvidar.

Moss es, para mí, uno de los mejores juegos de realidad virtual que he podido disfrutar. Un juego que ha despertado mi niña interior, que ha permitido que conecte de una manera especial con la protagonista y que sienta mío su sufrimiento o necesidad gracias a una lograda inmersión que te permite ser parte de la historia que vives. 

Desde luego Polyarc se pueden sentir más que orgullosos de este primer trabajo, que ha marcado un antes y un después en el catálogo de juegos de realidad virtual. Han sabido crear una historia simple pero muy bien trabajada y cuidada con la que han traspasado al jugador toda la magia de la historia. Solo queda esperar que otros títulos sigan esta línea y, sobre todo, que nos permitan volver a conectar con Quill en una nueva aventura.

Si te gustan los juegos de puzles y plataformas, o si simplemente quieres vivir una experiencia realmente mágica, no dudes en entrar a la biblioteca y sumergirte en el cuento de Moss.

Leave a Comment

Required fields are marked *.