Análisis Mosaic

Hay días que nos parece vivir en un dejà vu constante. Alarma, ducha, metro, trabajo, metro, cena, cama y repetir. Así pasan los días casi sin darnos cuenta, incapaces de distinguir uno del otro. Incluso puede que vosotros también estéis teniendo cierta sensación de dejá vu leyendo estas líneas. Y es que ya hablamos de Mosaic hace no mucho, y para alargar un poco más esta sensación de “esto ya lo he vivido”, vamos a ponernos en antecedentes.

Mosaic es obra de la gente de Krillbite Studio, que quizás os suenen de Among the Sleep, el clásico indie del niño atrapado en una pesadilla. Y de pesadillas, pero esta vez bastante más reales va este Mosaic. Aquí estamos atrapados en un mundo gris (literalmente gris) en un trabajo que ni sabemos porqué lo hacemos ni sabemos siquiera hacerlo muy bien. Donde cada día se repite y se difumina con el resto. El juego es muy consciente de esto, y para hacernos entrar en la vida de este muchacho gris juega con el tedio y la repetición continuamente. Nos movemos muy lentamente, tenemos que hacer tareas repetitivas y con muy poca “chicha”.

La parte más “juego” de Mosaic es nuestro trabajo, una especie de juego de puzles que no sabemos muy bien para qué lo hacemos, solo sabemos que nuestros jefes quieren que lo hagamos (¿os suena de algo?). Ni siquiera nos explican muy bien cómo hacerlo, y de los pocos mensajes que recibimos mientras trabajamos es que lo estamos haciendo mal, que siempre estamos algo por debajo de la media, y que nuestro salario (y puesto de trabajo) peligra si seguimos así. Cualquiera que haya tenido alguna experiencia en la gig-economy o con sistema de rating (la carita sonriente, las estrellas después de usar un servicio) se sentirá como en casa…

Me cuesta llamar “distopía” al mundo de Mosaic, porque no es tan distinto a lo que vivimos y vemos todos los días, de hecho, es bastante parecido al nuestro: estamos continuamente rodeados de gente, ultraconectados con nuestros dispositivos a una miríada de redes sociales, y aun así, estamos aislados, despersonalizados. Todo lo que nos rodea es opresivo, y aunque en Mosaic todo está llevado al extremo, es muy fácil ver paralelismos con nuestro día a día y no hace falta echarle mucha imaginación para vernos reflejados, al menos en parte, con lo que nos quiere contar. Pero no todo es gris, porque el juego nos da alguna pista de cómo salir de ese bucle. Conectar con los demás, la familia, la creatividad, la música… Porque, aunque el juego pueda tener una fachada clara de pesimismo, en el fondo, todo lo que intenta hacer es que se encienda en nosotros esa chispa que nos haga ver lo que está pasando y hacer algo para cambiarlo.

No es un título fácil de jugar, tanto por las mecánicas, pesadas y repetitivas por diseño, como por el reflejo que hace de lo que es la vida del día a día para muchas personas. Y es que, aun con sus escasas cuatro horas de duración, no se puede decir que sea un juego largo, pero creo que sí podemos afirmar que se hace largo. Y creo que lo hace así conscientemente. Caminamos muy despacio, incluso el hecho de caminar es tedioso, porque debemos mantener pulsado todo el rato el botón del ratón. Caminamos bastante sin que pase nada, realizamos acciones repetitivas, lentas, un día tras otro. Vamos del trabajo a casa y del trabajo a casa esperando que pase algo. Esperando ver una mancha de color en un mundo gris que nos haga distinguir un día del otro. Creo que lo mejor que hace Mosaic es ponernos un espejo en el que no nos gusta vernos, y que mediante su estilo artístico y sus mecánicas, nos hacen reflexionar sobre qué estamos haciendo, porqué lo estamos haciendo, y cómo podemos salir de ese bucle.

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