Análisis Mortal Kombat 11 Ultimate

Juan Cash

Juan Cash

Cada día me parece una peor decisión comprar un juego en su día de lanzamiento. Ya sea por que traiga bugs, por un precio que bajará o por cualquier motivo, siempre es bueno esperar para adquirir un título. Cosa que sé, no siempre es posible, ya que generalmente los jugadores solemos ser personas ansiosas, con fechas de lanzamiento grabadas en un rojo tan vivo que duele al mirarlo. Pero si nos vamos a los videojugos de lucha, parece que esperar un tiempo es fuertemente recompensado, debido a que encontraremos la versión más completa del juego, una versión definitiva, con todos los personajes que antes han vendido en packs o expansiones, así como con todas las mejoras que el titulo ha ido adquiriendo… una versión Ultimate.

Mortal Kombat ya sabe lo que es sacar una edición definitiva, una inyección a las ventas de un gran juego. Lo hizo con Mortal Kombat X, con su magnífica versión XL, y lo hace ahora, en un momento dulce, con consolas recién estrenadas, con su Mortal Kombat 11 Ultimate, que ha modo resumen es la edición definitiva de la décimo primera entrega. Una versión con todo el contenido publicado hasta la fecha, lo cual incluye esos atractivos nuevos luchadores, llámense Rambo, Terminator, Joker o Spawn o lo que es lo mismo, tendremos la barbaridad de 37 personajes en lugar de los 25 con los que debutó el titulo allá en 2018. Además de la segunda parte de su modo historia, Aftermath, y por supuesto mejoras significativas para las versiones de PlayStation 5 y Xbox Series.

Hay situaciones en el mundo del videojuego en las cuales parece que un estudio ha sido creado para dar vida a alguna saga en concreto. Se me ocurre por ejemplo Playgrounds Games con Forza, o Retro Studios con Metroid. Pues bien, nunca he visto este hecho de una forma tan explícita como viendo a Nether Realms desarrollando Mortal Kombat. Desde que el estudio publicara el “reborn” de la mítica saga, allá por 2011, no ha hecho más que pulir una franquicia que sin duda necesitaba un revulsivo al no encontrarse en su mejor momento, llevándola a un estado de forma magnífico. Creando, sin duda, la mejor trilogía de su historia y siendo muy posiblemente esta entrega el mejor título de todos los publicados bajo el nombre de Mortal Kombat, que son bastantes.

Lo que nos encontramos cuando comenzamos nuestra experiencia en este sangriento mundo es una cantidad de contenido abrumadora. Lo hay para todos los gustos, ya sea jugando solo, con amigos en la misma habitación u online o repartiéndonos palos a desconocidos online. Me repito, es gustosamente abrumador. No saber qué hacer en Mortal Kombat 11 me parece complicado, siendo recomendable comenzar por el tutorial, ya que entraremos sin saber muy bien que botones pulsar y saldremos encadenando combos de 7 u 8 con Scorpion sin sudar demasiado. Y ojo que esto es importante, ya que el éxito en Mortal Kombat depende bastante de los Kombos.

Una vez familiarizados con el control, se abre no una, sino varias puertas a nuestros pies. Por ejemplo, su modo campaña, dividido en dos partes, siendo la segunda Aftermath secuela directa de los acontecimientos que se producen en la primera. La campaña o historia o como queráis llamarlo, es una salvajada, en todos los sentidos, una hiperbólica orgia de sangre y acción, con una trama bastante divertida y loca, que personalmente me atrapó desde el minuto uno. Básicamente, le pondría la etiqueta de película interactiva, ya que se basa en largas cinemáticas interrumpidas por combates, en los cuales tomaremos el control, pudiendo elegir en múltiples ocasiones entre dos combatientes. Todo esto en tiempo real, sin una pantalla de carga, cosa bastante elogiable y lo mejor es que se trata de una película de calidad, donde no hay pausa en la acción y donde los diálogos son tan hilarantes como su desmesurado gore, acostumbrándonos quizá demasiado pronto a ver con naturalidad como parten en dos a un enemigo o como le sacan los ojos de las órbitas a un aliado. 

Pero insisto, esto es la punta del iceberg. Si queremos jugar en solitario donde pasarán las horas sin darnos cuenta será en las torres, todo un clásico en la saga, que se basa en ascender, venciendo enemigos, hasta llegar a la cima, donde encontraremos el final encarnado en la villana del juego, Kronika, dando el cierre con un desafiante (quizá demasiado) combate que tiene como recompensa una “cinemática” final de cada personaje (poco memorables eso sí) y solo querer verlas todas, ya supondrá un buen número de horas. Es, sin duda, su vertiente más arcade, casi podría llamarlo su modo clásico y podremos adaptar la dificultad y la duración a gusto o accesibilidad de cada uno, lo cual me lleva a destacar lo fácil que pone el juego entrar de nuevas en la saga, siendo en mi caso y con una pobre experiencia en los juegos de lucha. Todo un regalo.

Pero ya digo, si os va la marcha y la dificultad más elevada no supone demasiado desafío (cosa que dudo), ahí tenemos el modo online, que es súper completo, pudiendo luchar de tranqui (que de tranqui tiene poco) o a nivel competitivo (que es ya la locura máxima) con unos emparejamientos supuestamente igualados. Lo primero que haremos será luchar contra la IA tres veces para que un algoritmo decida nuestro nivel a la hora de buscar rival, cosa que sobre el papel está muy bien pero queda lejos de cumplirse, resultando en mi caso unos emparejamientos en los cuales he sido poco más que un saco de boxeo, ojo esto no es culpa del juego, si no de mi manquismo para el género, pero conforme ganemos combates iremos subiendo de rango, dando una progresión que se traduce en recompensas y que nos sirve para ir la parte más chunga del juego.

Los colecionables, cosméticos, skins o como queráis llamarlo… si ya decía que el juego iba sobrado en contenido jugable, si hablamos de coleccionables, apaga y vámonos. Cada luchador cuenta con muchísimas, pero muchísimas opciones de personalización, que van desde su estética, ya sea ropajes, máscaras (aquí casi todos cumplen en la lucha contra el Covid 19) pasando por el aspecto de las armas y de prácticamente todo lo que vemos de nuestro personaje. Pero también podremos desbloquear fatalities, frases, poses… un sinfín de cosas. Todo suena bien, siempre mola poder personalizar a nuestros personajes favoritos, y me resultaría difícil de creer que no os enamoraseis de una skin. Llegamos al problema: para conseguirlas hay dos opciones, La Kripta, que viene a ser un escenario tridimensional de grindeo puro y duro, representado en la apertura de cofres de loot y resolución de puzles chorras, que a su vez nos piden pagos (de moneda in game) para acceder a diferentes zonas de la misma… vamos un auténtico despropósito que se traduce en posibilidades ínfimas de obtener el cosmético que deseemos. Siendo sospechoso que por otra parte podamos comprarlo con dinero real, cosa que puede suceder si llevamos meses abriendo cajitas recibiendo mierdas varias. En fin, es bastante chungo, no diré que no, pero sinceramente también me parece bastante fácil de olvidar y no eclipsa en absoluto el resto de bondades del juego, que en lo jugable resulta brillante.

Hablamos de un Kombate pulido como pocos, con unos personajes bastante equilibrados y a la vez súper diferentes entre sí, resultando algunos más peligrosos en distancias cortas y otros a los que no les puedes dar dos metros. Una jugabilidad endiabladamente divertida, que se caracteriza por combates super rápidos, en los cuales debemos buscar encadenar combos sin fin conociendo qué guardia está utilizando para romperla y saturando así a nuestro enemigo  sin dejarle un segundo para que se recupere, ya que las tornas podrían cambiar y aunque le quede un solo golpe para perder, podría darle la vuelta a lo tortilla y quitarnos por completo nuestra barra de vida con un par de combinaciones bien enlazadas. La sensación de placer que el juego regala cuando dominas a un personaje y ejecutas esas combinaciones que previamente has entrenado, resulta indescriptible, siendo un gozo bastante adictivo. 

En términos de rendimiento el juego saca músculo, y aun lo hace más en la nueva generación. Si bien elogiaba la transición directa del modo campaña entre escena cinematográfica y combate, la cosa no varía mucho en el menú principal, donde en cuestión de segundos podremos estar dando palos a nuestros enemigos. Es más, con PlayStation 5 apagada (que no en reposo) he tardado 43 segundos en estar en pleno combate, una auténtica locura que además mantiene 60 fotogramas sólidos como una roca. Su apartado artístico es otro puntazo a su favor, con un estilo propio de la saga, con esa cargazón en todo, ya sean la nuevas y barrocas armaduras de los combatientes o en los marcos de elección de modo de juego. Ese aspecto oscuro y sangriento que no solo es palpable en los combates sino también en todo lo que rodea al juego, con un uso de colores oscuros y rojizos elegantemente adornado con pinceladas de dorado. En cuanto a uno de sus puntos más famosos, que es el gore, es todo un grotesco e hiperbólico uso desmesurado de violencia casi cómica, que contrasta bastante e impresiona, ya que busca un realismo enfermizo, que sin duda consigue en algunos modelos y resalta otros menos agraciados, como esa Kronika que parece que se ha equivocado de juego. La banda sonora y los efectos de sonido son ya marca de la casa, bañan la experiencia con una atmósfera propia, creando un producto audiovisual cargado de personalidad y buen hacer.

A modo resumen diré, con mesurada vehemencia, que Mortal Kombat 11 me parece el mejor juego de lucha de los últimos tiempos. Un juego que mejora la exitosa fórmula de su antecesor, y que con esta edición Ultimate merece llegar a las casas de todos los fans del género, así como de aquellos que puedan sentirse atraídos pero no se terminen de decidir. Un producto perfecto que se lleva mi etiqueta de kompra obligada. Más aún si estáis estrenando maquinas, ya sea PlayStation 5 o Xbox Series S/X.

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