Análisis Massira

Hace mucho tiempo que los videojuegos reclaman ser algo más que una distracción para niños. Ya no sólo porque a los adultos también nos gustan los videojuegos sino porque especialmente de unos años hacia adelante se han convertido en una herramienta a través de la cual poder denunciar, mentalizar, educar o simplemente hacer visible ciertos problemas que hasta ahora parecía impensable tratar en videojuegos.

Frost Monkey son un estudio independiente español que pretenden dejar atrás esos prejuicios en los videojuegos y usar este medio como manera de denunciar, en este caso, todo lo que está ocurriendo a causa de la guerra de Siria y sus millones de refugiados que han tenido que dejar atrás sus casa, gracias a su propuesta en el programa PlayStation Talents: Massira, palabra árabe que significa marcha.

Hace un tiempo os traíamos el análisis de un juego con la misma temática, aunque con un enfoque y jugabilidad muy distinto, Entiérrame, mi amor . Pues bien, ahora es Massira quien espera concienciar a muchas personas de la realidad de Siria a través de la mirada de Numi, nuestra pequeña protagonista, y su abuela Yara en su viaje por escapar de Siria y llegar a Europa.

El conflicto de Siria, un tema que lleva desde 2011 sin solucionarse y en el que se demuestra que los intereses políticos pueden más que los humanos, y es que cada año el número de víctimas causadas por esta guerra es entre vergonzoso y escalofriante.

«En un principio pensamos en basar la trama en la relación afectiva existente entre una niña y su abuela, pero en 2017 el drama de los refugiados estaba a la orden del día y quisimos poner nuestro granito de arena. Le dimos una vuelta de tuerca a la idea original y decidimos plantear el juego como un viaje, el mismo que millones de personas han emprendido para huir de la violencia y la miseria»

Para conseguir esa realidad en la historia y las vivencias de sus protagonistas Frost Monkey se pusieron en contacto con una asociación de refugiados, la ONG Asociación de Ayuda al Poblado Sirio (AAPS), que les sirvió de guía. Y es que durante el juego iremos encontrando coleccionables cuya información será real: Cartas reales de refugiados enviadas a sus familiares y que, desgraciadamente, no siempre llegaron a su destino o trozos de diarios con información y datos de las víctimas. Todo ello hace que aun viviendo la historia desde tu casa, sientas que es algo que realmente está sucediendo. Que mientras tú estás jugando, hay personas intentando sobrevivir un día más.

Al ser un viaje a través de las vivencias de una niña, dejaremos de lado el conflicto político para centrarnos en la experiencia personal de nuestras protagonistas y, sobre todo, desde la inocencia de Numi. Una visión infantil y pura pero que no por ello dejará de relatar una realidad triste y cruel. Un recurso que, aunque no es novedoso, encaja con la idea que tenían para su primer juego del estudio.

¿Qué pasaría si en cuestión de segundos tu rutina, tu día a día, tu estabilidad e incluso tu monotonía desaparece tras el ruido ensordecedor de unas bombas? La guerra llega a Siria y con ella desaparece tu vida tal y como la conocías. 

Así comienza esta historia y supongo que la de todos los refugiados que se ven obligados a dejar todo atrás y buscar una oportunidad en lo desconocido. Numi y Yara, sin ser algo que hayan elegido, se ven forzadas a emprender un viaje a Europa para sobrevivir y tener una segunda oportunidad.

Massira es un juego que se centra más en la experiencia que pretende aportar que en unas mecánicas complejas o una narrativa profunda. De hecho la narrativa es más bien minimalista, a veces peca de poco elaborada o superficial en algunos momentos. Precisamente por ser un tema tan delicado se podría haber profundizado más en los diálogos entre abuela y nieta, haber involucrado más al jugador que hacerlo simple espectador, pero es suficiente para mantener el hilo de la historia.

Durante el juego llevaremos el control de la pequeña Nami, que será quien lleve la iniciativa, aunque habrá ocasiones concretas en las que podremos enviar a Yara a realizar ciertas acciones para ayudarnos a avanzar, mover palancas o accionando botones; en otras ocasiones tendremos que controlarlas a las dos, cada una con un joystick del mando.

En cuanto a sus mecánicas, Massira es una aventura que mezcla puzle, exploración y plataformas pero todo en unos niveles muy básicos y sencillos. Si a esto se le suma algún bug, fallos en la cámara o algún momento en el que el juego no va todo lo fluido que debería, genera unas sensaciones extrañas que frenan la historia y el hilo argumental que teníamos por, por ejemplo, saltar unas simples rocas. 

Pero si algo me ha llamado la atención del juego es su apartado gráfico. No en vano han sido los ganadores del premio a ‘Mejor arte’ en la cuarta edición de los premios PlayStation. Cuenta con una estética muy peculiar ya que los personajes con estética de low poly son indefinidos. No cuentan con un rostro como tal lo que creo que encaja a la perfección con la historia que se relata, es decir, con la realidad que vivimos que parece que es más sencillo deshumanizar a los refugiados convirtiéndolos solo en personajes sin rostro para evitar, quizá, darnos cuenta que son personas como nosotros y, por lo tanto, el remordimiento de conciencia que causaría. Todo ello acompañado de unos paisajes con colores vivos y cálidos si el momento del juego lo es y volviéndose frío para aquellos momentos más dramáticos, una buena manera de jugar con las sensaciones que transmiten al jugador.

Falta hablar de su banda sonora, sencilla, marcada por un piano (que queda de maravilla) y que se intensifica en esos momentos de guerra o peligro del juego para hacernos estar alerta. Junto a ello contaremos con el sonido de disparos o bombardeos, gritos o llantos, para agravar la desesperanza del momento. Un apartado sonora que acompaña el viaje y se adapta a las situaciones.

Massira es un viaje por la realidad de millones de refugiados pero realizado a través de una niña que lo vivirá también como un viaje hacia la madurez. Comenzaremos en la realidad de la guerra pero viajaremos por su fantasía ya que en ocasiones es el único refugio que le queda para, poco a poco, volver a la realidad que le espera al final del viaje, momento en el que por lo vivido ha madurado lo suficiente como para poder asumir y afrontar esa realidad y todo lo que el viaje ha supuesto.

Está claro que es un título que aún está verde pues como ellos mismos indican, es muy distinto crear un juego para mostrar que para vender. Les falta algo de dificultad en las mecánicas, les falta mejorar la narrativa de la historia ya que en ocasiones se hace poco creíble las conversaciones entre abuela e hija así como mejorar el entorno y corregir algunos fallos de cámara. Pero está claro que la idea de abordar una problemática social y la manera en cómo lo han hecho, merece todo el reconocimiento que están teniendo. Porque lo más importante de Massira es el mensaje que deja, es la idea que han tenido y sobre todo teniendo en cuenta que es la opera prima de este pequeño estudio que demuestra potencial y que de seguro nos sorprenderá de nuevo en su siguiente proyecto. 

Para acabar, si antes he querido hacer especial mención al apartado artístico del juego como algo realmente destacable, ahora quiero acabar con una imagen del juego que me quedó grabada: el momento en el que Nami se sorprende de ver tanto chaleco en la orilla. Me quedo con ese momento en el que se resume a la perfección cómo han abordado el juego. Cómo algo trágico, ver un cementerio de chalecos apilados y lo que significa, lo ve Nami desde su mirada, con la incredulidad e inocencia de niña.

Massira está disponible en PlayStation 4 a través de PlayStation Store desde el pasado 20 de febrero, a un precio de 12,99 euros. Si estáis interesados, aquí hay una demo disponible para probar los primeros minutos de juego.

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