Análisis Mad Rat Dead

Potajito

Potajito

Mad Rat Dead se presenta como un juego de ritmo, pero para bien o para mal, después de jugarlo no lo calificaría como tal. Pero antes de entrar al turrón, vamos a ponernos en situación.

El título no engaña a nadie y nos pone en la piel de una rata… muerta. Y aunque creo que el principal factor de diferenciación, lo que nos llama más la atención, es que se vende como un juego de ritmo, que sí, lo es, pero aquí la música creo que tiene muy poco protagonismo.

Cuando pensamos en juegos de ritmo, sobre todo en los más alternativos, como, por ejemplo, un Crypt of the Necromancer, pensamos en realizar una serie de inputs al ritmo de una música. Y eso está en Mad Rat Dead, pero a medias. Aquí habrá que seguir la banda sonora para moverse y saltar, pero si no lo hacemos tampoco pasa gran cosa. Tendremos una menor puntuación, sí, pero no es que la experiencia cambie demasiado. Tampoco dan muchas ganas de repetir niveles sin fallar, básicamente porque la música es poco menos que atroz.

Y casi diría que es el principal problema que tengo con Mad Rat Dead. Que sí, que en gustos no hay nada escrito, pero es que no me imagino a nadie escuchando por gusto la banda sonora de este juego (un juego de ritmo, no nos olvidemos). No sabría definir muy bien de qué género se trata, pero yo lo llamaría “música de circo”. Imaginen las clásicas melodías que escucharían al entrar en una carpa de circo cuando salen los payasos y su séquito a darse golpes, con un montón de instrumentos que suenan por todos lados buscando protagonismo. Esto, sumado a que cada uno de nuestros inputs para mover a la rata (iba a escribir “ratita”, pero no, es rata, rata) van acompañados de distintos sonidos, todos a la vez: palmas, una especie de pandereta) que no ayudan a desetresar el juego. Además, da la sensación de que estas palmadas y panderetas y demás efectos de sonido que se reproducen cuando pulsamos los botones no están en el mismo tono que la música, lo que genera una sensación de “¿lo estaré haciendo bien?” aunque estemos viendo “GREAT!” en la pantalla.

En realidad, alguna canción sí que se salva, pero lo que hace que el conjunto no termine de convencer es que los controles no siempre responden como esperaríamos. El principal culpable de esto es el salto y una especie de dash hacia abajo que hay que hacer para acabar con algunos enemigos. El juego no siempre “ve” a los enemigos que están debajo de nosotros, y cuando realizamos el comando para acabar con ellos, es muy fácil terminar en el fondo del abismo y no sobre nuestro enemigo. Unos enemigos que están muy poco inspirados y no sabría decir muy bien qué son exactamente. Así como los escenarios sí que tienen sentido (somos una rata y vamos por casas o las clásicas alcantarillas y nos encontramos objetos comunes), los enemigos son una especie de masa informe de mil colores sin especial sentido.

Donde más brilla este Mad Rat Dead es en las batallas contra jefes, que no solo vienen acompañados de las mejores canciones, sino que sus mecánicas son las mejor pensadas del juego. Me ha recordado un poco a Cuphead, dándome la impresión de que en realidad se trataba de un boss rush (enfrentarnos solo a jefes, vamos), y que las fases de plataformeo están ahí “porque tienen que estar”. Desconozco si ese es el caso aquí (como sí que lo fue en Cuphead), pero realmente da esa sensación. Parece que tuvieran miedo a hacer un boss rush, cuando es donde mejor funciona todo lo que han construido. Tampoco creo que sea casualidad que la mejor música (¿la única decente?) se encuentre ahí.

No es un juego excesivamente largo (una partida normal, de principio a fin, nos puede durar unas 5 horas) y, cogiendo prestada de, por ejemplo, Prince of Persia, la mecánica del rebobinado del tiempo cuando morimos, se hace mucho más ameno. Sobre todo teniendo en cuenta que hay momentos potencialmente muy frustrantes, como esos saltos que no terminan de ser todo lo finos que deberían.

Al final, Mad Rat Dead es un juego cumplidor, pero que podría haber sido mucho mucho mejor con algo más de mesura en todos sus aspectos. Les invito a ver el último mundo y a no tener una sobrecarga sensorial entre música, efectos visuales, de sonido, flashes de luz… Es todo un poco demasiado. La idea creo que es interesante, pero falla en la ejecución por intentar hacer demasiado, cuando las mejores partes son las más sencillas.

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