Análisis Lost Ember

Juan Cash

Juan Cash

Los videojuegos, son productos de entretenimiento que se nos presentan de múltiples maneras; algunos son capaces de simular la conducción o el vuelo de un avión, otros naves espaciales recolectando minerales galácticos, mafiosos con ansia de poder y gatillo fácil e incluso el reino animal en diferentes formas. 

Lost Ember es una historia de amor que se desarrolla en un viaje, donde lo más importante no es el destino, sino el camino.  Mooneye Studios nos presentan la historia de un Ascua, un punto brillante, carente de forma, que desea alcanzar la ciudad luminosa, que viene a ser el lugar de paz más allá de la muerte, o algo así como el Cielo para los cristianos. En su desesperación por hallar tal destino, encuentra a Loba, la cual decide ayudarlo, ya que al parecer también está perdida en este mundo terrenal. No tardaremos en darnos cuenta de que Loba es mucho más que un simple animal. Parece otro espíritu atormentado, con la capacidad de poseer a cualquier animal que nos crucemos, pero igualmente lejos de la ciudad luminosa.

Juntos, Loba y Ascua deciden emprender un viaje donde, mediante flashbacks holográficos, van dibujando/recordando la historia de sus vidas. Una historia llena de dolor y tormento, la cual los tiene atrapados aquí. Juntos descubrirán la verdad de sus actos, en un viaje con tintes preciosistas, en el cual iremos alternando entre animales para siempre ir avanzando. Cada nueva zona estará delimitada por un gran panel rojizo que impedirá el paso del ascua y solo podemos resquebrajarlo descubriendo recuerdos ocultos.

Por lo tanto, es el camino lo importante; recrearse en los paisajes, unos paisajes tan variantes como nieve, arena, selva, mar… y caminarlos con los diferentes animales. Es mágico. Un juego que escapa a lo cotidiano, de una forma similar a lo que ya hicieron títulos como Flower o Journey, solo que de una forma algo más explícita.

Durante nuestro viaje seremos Loba gran parte del tiempo, pero también seremos otros muchos animales. Será indispensable poseer sus cuerpos para alcanzar nuevos destinos ya sea volando como pájaro o excavando cual topo; incluso buceando como pez o saltando piedras como una cabra montesa. Son solo algunos de los ejemplos que encontraremos en la historia, dicho así puede parecer un título plataformesco, pero no, más bien es aventura y exploración. Una exploración relajada, sin ningún tipo de peligro, ni acción, siendo el único motor del juego la curiosidad que despierta en el jugador para conocer más detalles de la historia de el ascua y la loba. Siendo éste, en mi opinión, motivo más que suficiente para jugar hora tras hora a este título. La historia te atrapa, resultando oscura y mágica, donde, puedes ver venir algún giro, pero igualmente te emociona a medida que avanza y sobre todo cuando termina en un épico punto sin retorno, tras el largo viaje.

Cada mapa, está conectado a otro, y este a su vez a otro, siendo vital orientarte. Te perderás múltiples ocasiones, pero no será problema, es parte de la experiencia: ubicarte, buscar los recuerdos perdidos que se presentan como una columna de humo rojizo y avanzar tranquilamente por los diferentes espacios, siendo muy recomendable jugar sin prisa, solo paseando, sin pulsar el botón de correr; viendo esas acciones especiales que con tanto mimo han introducido en cada animal (pulsando la cruceta) donde vemos como Loba se tumba plácidamente o como el elefante se da una ducha en el rio.

Me gustaría decir que es un juego casi perfecto, pero no lo es. Partimos de una versión en Switch con un rendimiento pobre, donde a cada zona nuestro personaje se quedará congelado durante unos segundos y donde las caídas de FPS y los tirones serán la constante. Por otra parte, el título intenta ser bonito. Partiendo de un diseño de menú principal precioso, unas tipografías y una paleta de color perfectamente estudiadas y muy acertadas, pero se equivoca (en mi opinión) en el grueso de la aventura, mezclando iconografía y personajes minimalistas, con texturas y paisajes realistas. Que diferente hubiera sido (a lo mejor) si hubieran omitido esas texturas pixeladas de los arboles, si hubieran omitido, esas hojas cutres de los arbustos o esas rocas de generación pasada, que obra de arte más rotunda hubiera sido si hubiera tenido una estética más minimalista, como lo visto en Lonely Mountains: Downhill

Aun así, no está del todo mal, siendo por ejemplo, el escenario de la nieve o el de la arena, lugares mágicos que da gusto recorrer, sobre todo en la parte final, cuando la música, siempre presente, adquiere un total protagonismo, para entregarnos al éxtasis final y cerrar esta intensa historia.

Es, por lo tanto, un juego único y muy recomendable. Ideal para jugar tranquilos que, además, tiene algo estupendo, que es un efecto somnífero. Lo digo con total sinceridad y alabanza. Logra transmitir tanta paz y tranquilidad que incluso hará que las pestañas del jugador pesen más de la cuenta si lo jugamos a deshoras. Dicho esto, una aventura imprescindible, para aquellas personas que disfrutan de las aventurillas sin más pretensión que la de relajarse y dejarse llevar, pero ojo, preferiblemente disfrutadlo en PlayStation 4 o Xbox One.

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