Análisis King of Seas

Juan Cash

Juan Cash

¡Argg, Grumetes! Hoy desde Invisible Movement nos tiramos a la mar en busca de aventuras, pillaje, saqueos y sobre todo venganza. De la mano del Team 17 nos llega una aventura muy fresca, de esas ideales para el mes de agosto, bajo el sello del estudio italiano 3DClouds que nos presenta un juego bastante peculiar. Piratas alzad vuestra botella de ron, pues la mar nos espera.

Lo primero y un punto realmente interesante es que en King of Seas no viviremos la piratería desde un punto de vista histórico. Es decir, sí que esta moderadamente ambientado en el siglo XVII (ya sabéis la edad de oro pirata) pero, al mismo tiempo, nos encontramos ante un universo inventado, donde la fantasía se da la mano con la historia. 

En este King of Seas nos encontramos en el año 832 A.F, que viene a ser el sistema anual que se utiliza en esta ficción. Pero como ya decía, tanto en arquitectura como en vestimenta, nos recuerda al periodo pirata por excelencia, finales del 1600 principios del 1700. Aquí la piratería fue destruida… erradicada. Dejando el control de los mares a un monarca. El llamado Rey de los siete mares.

Bajo esa dinastía nacieron dos bebes. Una chica, llamada Marylou, y un chico, llamado Lucky (que suerte tiene poca, la verdad) ambos son hermanos e hijos del Rey de los siete mares. Uno de ellos será nuestro protagonista siendo una decisión más estética que otra cosa ya que la historia será la misma en ambos casos.

El tema es que una vez elegido nuestro protagonista, llevaremos a cabo la misión tutorial de turno, bien justificada, ya que será el día antes de nuestro cumpleaños, alcanzamos la mayoría de edad, y con ella recibiremos nuestro primer barco. La misión es sencilla: descargar unos bultos en una isla cercana. Lo típico para lucirte y ya. Pero claro… la cosa se complica, ya que en nuestra ausencia el Rey… nuestro padre… será asesinado mediante un conjuro de vudú. 

A nuestro regreso nos acusarán de traición y destruirán nuestro barco… dejándonos gravemente heridos y dándonos por muertos. Hasta aquí podría ser un buen western de Clint Eastwood. Pero no, unos afables piratas nos recogerán y curarán, viendo en nosotros, el hijo del Rey, un candidato perfecto para capitanear sus naves. 

Y así es como nace nuestra leyenda, la leyenda del príncipe de los siete mares, al cual la traición condenó a la piratería y a la búsqueda incansable de la venganza. Una historia que sinceramente me ha gustado.

Ahora bien, ¿cómo se juega a este King of Seas? Yo lo definiría como un juego de acción y rol. Sin más. Nosotros seremos los capitanes de un barco, el cual controlaremos en todo momento, surcando los mares de cabo a rabo. Disparando cañonazos a todos nuestros enemigos (y también a los que no, ya que la pela es la pela), nuestro objetivo será ir completando las misiones principales que irán desentrañando la historia. Pero claro… aquí viene un pero. En incontables ocasiones, esas misiones serán demasiado para nosotros, obligándonos a “farmear” niveles y equipo. Esto se realizará con no demasiado problema, gracias a las tabernas, en las cuales encontraremos misiones secundarias. Unas misiones que se basan en descargar mercancía en X, visitar al cartógrafo, escoltar barcos y, por supuesto, hundir enemigos. Éstas serán las más beneficiosas, divertidas y desafiantes. 

También podremos comerciar, al más puro estilo No Man’s Sky. Visitaremos numerosos puertos y en cada uno habrá un mercado con distintos valores. Es decir, en algunos puertos la madera abunda y será más barata para su compra, por lo tanto no nos interesa su venta. En otros serán los caramelos lo que esté en alza, en otros el ron y así con un largo etcétera. Por lo tanto tocará correr de puerto en puerto para ganar dinero que nos permita comprar diferentes barcos o mejoras, cada uno con sus pros y contras. 

Encontraremos cargueros, excelentes para el comercio, balandras de gran velocidad e incluso auténticos barcos de guerra, lentos pero letales. A ello se suman las mejoras que podremos equiparnos en él mismo. Aquí es donde entra el RPG, ya que podremos no solo subir el típico árbol de habilidades, sino que además podremos conseguir cañones elementales (fuego, hielo e incluso veneno o rayo) así como diferentes velas y cubiertas, con sus resistencias y demás. Una auténtica locura, donde la fantasía se agradece muchísimo, la cual queda bien representada con el vudú que viene al pelo en temáticas piratescas.

Quizá lo peor para mí sea lo mejor para muchos. Aquí pasaremos largos momentos navegando por el mar, sin más, persiguiendo a nuestros objetivos que estarán lejos generalmente. Durante esas travesías podremos hacer mil cosas, ya sea pescar, recoger recursos (de naufragios o flotantes) o rescatar náufragos. Todo ello sumará oro (con su venta) y sobre todo experiencia. Pero… claro, una vez llegamos a nuestro objetivo toca batallar y si perdemos… vuelta a la base, vuelta a la larga travesía.

Dependiendo del nivel de dificultad elegido esto puede ser más o menos traumático. Ya que podremos habilitar la opción de no perder nuestro cargamento en la muerte, y es una gran ventaja. Si optamos por la vía hardcore… bueno, que hundan nuestro barco será una gran putada, pero… ¿dónde queda la emoción si no?

El tema es que el juego lo hace casi todo bien, su nivel artístico es impecable, con una estética “dibujos animados” acompañada de unas ilustraciones que bien podrían dar vida a los mejores libros de literatura infantil. Su base narrativa también está francamente bien, con un buen número de personajes bastante desarrollados, con personalidades firmes y cautivadoras. La banda sonora me ha encantado, recordándome a grandes hitos como esas fantásticas piezas que disfrutamos en la saga Piratas del Caribe de Disney.

Pero, sin embargo, haciendo todo bien, hay algo que le impide brillar. Un claro ejemplo de ese juego que es realmente bueno, pero que termina desinflándose por su repetitividad. Argumento que gana peso salvo que este género sea muy de tu agrado. Sinceramente, empiezo a pensar que el agua y yo no somos amigos en estos productos virtuales y quizá ese haya sido mi principal problema al enfrentarme a este King of Seas. Pero pese a ello, pese a fatigarme el tramo final, sí que he disfrutado de este título. 

Sobre todo en su vertiente rolera, estudiando detenidamente que mejoras equipar, que equipo vender y pensando en que rumbo sería el adecuado para mi buque de guerra. He disfrutado más el camino hacia la construcción del barco que me llevaría a la venganza… que ejecutando la misma. Lo cual se puede acusar a un combate demasiado sencillo, con cañonazos y cuatro habilidades. No sabría decir.

Pero pese a todo, creo que se he creado un buen videojuego, donde aquellos que disfrutasen con títulos como Assassin’s Creed IV: Black Flag (a bordo del barco, quiero decir) encontrarán un buen pozo de horas para perderse en los siete mares y completar la venganza de Lucky o Marylou. 

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