Análisis Inked: A Tale of Love

Montse MSillero

Montse MSillero

De cazadora de Pokemons a alma que vaga por el castillo de Drangleic, no hay experiencia a la que no se apunte.

Una hoja en blanco a menudo se relaciona con ese miedo al proceso de creación, ya sea escrito, dibujado, ideas futuras o garabatos llenos de sentimientos (ira, frustración, miedo, pasión) que nos libere de ellos. Pero una hoja en blanco es también una oportunidad, un desafío y una vía de escape, tanto si queremos que sea pública como privada, para nuestros sentimientos más íntimos. Es una puerta a todo aquello que se pueda crear.

Y ¿por qué digo esto? Pues porque hoy os traemos Inked: A Tale of Love, desarrollado por el estudio independiente Somniun Games. Dejó de ser una hoja en blanco para traernos una historia personal, de amor y redención, que sirvió de desahogo para su creador y que ahora nos sirve a nosotros para disfrutar de su especial apartado artístico, sus rompecabezas y que nos permite ser partícipes de una buena historia de fondo. ¿Queréis saber más?

Si algo me enamoró a primera vista, y quien me conoce sabe que peco de ello, es de fijarme en los juegos por su apartado visual. Inked nos transporta a un mundo dibujado sobre papel, a mano y con bolígrafo. Un arte que atrae desde el primer momento y que claramente es el aspecto más importante por el que destaca esta propuesta.

Confieso que de inicio me hizo dudar por su lento inicio. Pensaba que, de nuevo, me había dejado engatusar por una estética con mucha personalidad y cautivadora pero que detrás no habría tanto. Pero pronto me di cuenta que no era así. La historia me iba enganchando y sus puzles, aunque simples, mantienen el tono desafiante y evolutivo a lo largo del juego. 

Inked: A Tale of Love nos cuenta la historia de un ronin, un héroe sin nombre, que busca a Aiko, el amor de su vida y aquella que le guía en su camino. Juntos buscan entender lo que da inicio a la propuesta: un pájaro herido. 

El autor

Y lo que parecía una historia de amor se convierte en un pasado doloroso.


No todo es lo que parece y esta es una historia que contiene un fuerte componente emocional que romperá rápidamente la cuarta pared. Descubriremos que el narrador, Adam, es el artista que, a su vez, pondrá a prueba a nuestro ronin con arriesgadas situaciones y cuyos motivos no descubriremos hasta casi al final. De hecho en ocasiones veremos sus manos aparecer para crear obstáculos o dar un golpe en el lienzo. Porque Inked: A Tale of Love es su obra, aquella que dejó de ser una hoja en blanco para convertirse en su vía de escape en cierto momento de su vida y que comparte con nosotros.

Mientras intentamos descubrir el motivo de ese fenómeno que afecta a esas serenas tierras, iremos atravesando portales, avanzando por los mundos que nos propone y descubriendo fragmentos que entrelazan la vida de nuestros protagonistas. Y al final entenderemos que el objetivo de Adam es encontrar su propia paz interior.

Jungla

Quiero dejar claro que lo que más destaca de Inked es su apartado visual, de clara inspiración japonesa: Todo es un lienzo sobre el que dibujar y, para ello, contaremos como arma con un pincel. Con él podremos dibujar -o mover- diferentes figuras geométricas. Todo con detalles tan cuidados como el de salpicar el lienzo de tinta como si realmente lo estuviéramos pintando y unas gotas de más se hubieran esparcido por el blanco del papel. 

Y es que con ese particular arte Inked es un juego de plataformas y rompecabezas.


A lo largo de nueve capítulos nos irán contando la historia, narrada por el artista, mientras nos movemos por esos trazos a boli, por ese mundo de tinta y papel. Avanzaremos por puentes, subiremos a pilares, a torres que se elevarán, moveremos rampas, dejaremos caer bolas en ciertos agujeros e iremos resolviendo los acertijos que se irán volviendo cada vez más exigentes.

Se trata de puzles que no nos pondrán en dificultades para que la historia avance de manera fluida pero si irán incrementando su dificultad u originalidad en función de los mundos por los que avancemos. Y aunque no son difíciles la vista isométrica del juego no ayudará siempre a resolverlos como nos gustaría. En muchos momentos se nos exige de precisión y la cámara no siempre coopera causando problemas en la posición de los objeto provocando intentos fallidos. Es decir, la frustración que puede generar no será tanto por la dificultad de saber qué hacer sino poder ejecutarlo bien. Especialmente en esos momentos en los que el juego añade el tiempo en nuestra contra.

Y por cierto, algo de lo que me enteré tarde es que hay lienzos ocultos que podremos coleccionar. Y digo tarde porque no avisan de ello y, desgraciadamente para mí, no encontré el primero hasta el tercer capítulo. Un breve aviso sobre el aspecto de las obras de arte que se encuentran repartidas por los diferentes mundos hubiera sido de agradecer.

Inked, desierto

Inked es una delicia tanto sonora como visual. Cada capítulo del juego tiene un esquema de color que le da variedad a la propuesta y se acompaña de una relajante banda sonora y sonidos ambientales (como el de los pájaros graznar) que evocan lo que en cada momento se pretende expresar. Los primeros niveles se centran en el agua por lo que le color principal es azul, pero más adelante atravesaremos zonas de junglas representadas en verde o el desierto con su color rojizo.

Pero no todo es tranquilo en este mundo. También nos encontraremos con peligros que teñirán de negro tanto el lienzo como la propia historia. Al inicio describía Inked como una profunda historia de amor y redención, y es precisamente en ese camino que nuestro protagonista deberá tomar decisiones morales difíciles, incluso cuestionables. ¿Hasta dónde llegarías por amor?

El camino del ronin


Inked: A Tale of Love es una gran idea, con mucho potencial, pero que no logra destacar lo suficiente entre todo el alud de juegos que recibimos a diario. Es una propuesta corta, bien construida pero con puzles a los que les falta ser más atrevidos y originales para diferenciarse de otras propuestas que encontramos. Y es que aunque tenga un arte encantador, quizá una mayor variedad o un incremento en la dificultad de los rompecabezas (y que no sea la motivada por la cámara) hubiera ayudado. Aún así vale la pena relajarse y perderse entre esos garabatos convertidos en historia que dejaron atrás el temor a un folio en blanco. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Te puede interesar