Análisis Hob

Runic Games han sido conocidos por crear la saga Torchlight, un juego de rol y acción que cogía la fórmula de Diablo y con el que tuvieron bastante éxito ya que supieron darle su propio toque. A pesar de ello, decidieron sorprender cambiando totalmente de registro, y aunque el público esperaba otro Torchlight, lanzaron Hob. Lástima que las cosas no les fueron lo bien que debería y el estudio cerrase en 2017. Pues bien, el pasado 4 de abril Hob hizo su llegada a Nintendo Switch de la mano de Panic Button como Hob: The Definitive Edition y nosotros os traemos su análisis.

Hoy en día es prácticamente imposible jugar a algún juego sin que nos recuerde a otro, sin que haya partes creadas gracias a la inspiración que han dado otros juegos de ejemplo. Y eso es algo que puede jugar a favor pero a la vez en contra. Quizá deberíamos valorar más los juegos por lo que son, por sí solos, con su identidad propia, que buscando siempre esas comparativas que no siempre les favorecen. Y un caso es precisamente Hob, un juego al que se le suele comparar con The Legend of Zelda y es algo que, en este caso, no le hace ningún favor. Si bien es cierto que es un título que mezcla exploración, combates, puzles y plataformas -como en Zelda– su particularidad es la de narrar la historia a través del silencio. Por lo que una comparativa con la saga de Link lo dejará por debajo y se perderá el valor de su identidad. En el fondo no dejaría de ser el mismo error de comprar Torchlight con Diablo.

Nuestro inicio de la aventura comienza en un bosque, en el cuerpo de un misterioso encapuchado, sin saber muy bien qué hacemos ahí ni cómo hemos acabado ahí.  Y es que el origen y destino u objetivo de nuestro protagonista, nuestra razón de ser, la mantienen en misterio. Y esto es precisamente lo que comentaba de su identidad, Hob apuesta por transmitir más que contar. No hay narrador, no hay diálogos, no hay textos que nos den ningún tipo de información, no hay un hilo argumental que te vaya guiando. Pero está creado de tal manera que el propio juego es el que te guiará y hará que sepas, en la mayoría de ocasiones, hacia donde debes ir.

Así es que, tras dar unas cuentas vueltas por el entorno que nos rodea, de seguida nos aparecerá un gólem mecánico que nos acompañará hasta una zona que parece estar contaminada por algo que lo está infectando todo. Al tocarlo, esa corrupción envenena nuestro brazo hasta el punto de que, para evitar que se siga extendiendo por el resto de nuestro cuerpo, el gólem nos lo tiene que amputar y nos colocará el suyo propio, un brazo mecánico que nos proporcionará ciertas habilidades.

Con un inicio algo lento y muy silencioso nos acostumbramos al entorno, a cómo movernos, a la manera que tiene el juego de ser y de comunicar y aunque seguimos perdidos en cuanto a nuestro objetivo, comenzamos descubriendo que un mundo que parecía verde y lleno de vida ha acabado lleno de peligros y enemigos. ¿Qué ha ocurrido? ¿Cuál es el objetivo de nuestro viaje?

Entendemos que nuestra misión será la de acabar con esa corrupción que está matando el mundo y logrando que éste vuelva a revivir y para ello dispondremos de nuestro nuevo brazo mecanizado que nos permitirá realizar acciones como romper algunas paredes, activar interruptores o colgarnos a través de una especie de imanes pero también contaremos con una espada que podremos ir mejorando.

Hob: The Definitive Edition es una aventura sobre todo de exploración. Y esaexploración se premia ya sea con gemas para comprar diferentes habilidades y mejoras, piezas de corazón, que nos servirán para mejorar nuestro nivel de vida, o de energía. Pero también se premia a la vista. Por todo el mapa hay distribuidos una serie de puntos en los que inmortalizar una foto y que permiten admirar la belleza de sus paisajes. Y es que Runic Games son conscientes del buen trabajo que han hecho en sus escenarios y entornos que han creado y por ello generan estos coleccionables en forma de increíbles panorámicas. Y precisamente en este apartado de exploración encontramos una mejora que el equipo de Panic Button han implementado en la versión de Switch, una mejora para poder ubicarnos algo mejor,: se trata de poder saber, a través del mapa, qué zonas son por las que ya hemos pasado para evitar que nos perdamos con demasiada facilidad. Pero es algo que, a pesar de esta mejora, sucederá. 

Hablábamos de la personalidad que tiene Hob, y que es muy interesante y se valora, pero esa falta de indicaciones, ese transmitir más que contar, provocará cierta sensación de no saber dónde estás y generará momentos de jugar por jugar, un poco por inercia, perdiéndonos la historia que pretenden contar y entorpeciéndonos en el avance y ritmo del juego. 

Porque sí, tenemos un mapa que nos servirá como referencia para saber hacia dónde debemos dirigirnos, en el que a medida que desbloqueemos nuevas zonas y lo habilitemos todo podremos comprobar que existen siete puntos de corrupción repartidos por todo el mapa, pero cómo hacerlo ni cómo interactuar con mecanismos, o desbloquear nuevas zonas. Y si nos fijamos bien, sí encontraremos ciertas pistas en el propio paisaje -arboles secos, enredaderas, piedra resquebrajada- que de alguna manera nos servirán para saber la ruta que seguir.

Pero a medida que vayamos explorando y avanzando en el juego por las distintas zonas que nos proponen descubriremos que no siempre podremos continuar por donde queríamos o esperábamos y que, para ello, necesitaremos hacer uso de esa nueva habilidad que hayamos desbloqueado permitiéndonos descubrir zonas antes ocultas que te permitan avanzar.

Los puzles y rompecabezas que proponen no son complicados ni originales, de hecho se podrían definir como sencillos ya que suelen consistir en arrastrar y encajar algún bloque, mover engranajes que giran o encontrar algún sello oculto. Pero aun siendo sencillos, son satisfactorios ya que permiten desbloquear e interconectar ciertas partes del mapa que nos permiten avanzar.

Y aquí vamos a hablar de algo que me ha fascinado: cómo el mundo de Hob cambia ante tus ojos. Y es que como si la base del mundo fuera todo un engranaje mecánico, este cambia y aparece una nueva parte del mapa, se altera, ya sea porque aparecen hacia el cielo nuevas zonas como si desaparecen paisajes ante tus pies o porque todo se inunda generando un nuevo y bonito paisaje en que las tonalidades también cambian. Pero la sensación de avanzar, de ver como el terreno es cambiante, esos momentos de descubrimiento, son muy satisfactorios y te hacen ver que todo el mundo por el que caminamos es un rompecabezas que necesita de una acción nuestra para activarse y mostrarnos una nueva pieza.

Pero en Hob también tendremos enemigos. A pesar de que caminaremos por un mundo que parece devastado y tan solo encontraremos algunos animales perdidos, sí nos toparemos con enemigos contra los que debemos luchar. La mayoría serán sencillos de combatir aunque a  medida que vayamos mejorando nuestras habilidades y seamos más fuertes, los enemigos a combatir también serán más grandes aunque no por ello nos supondrán ninguna complicación derrotarlos. De hecho la idea es estudiar los movimientos de los enemigos para ser capaz de acercarte y asestarle un golpe tras otro hasta acabar con él. Atacar, esquivar y bloquear. Aunque si calculas mal, pocos golpes certeros del enemigo supondrán tu muerte y la celebración por su parte de nuestra desdicha. Otra opción, en el caso de combatir a un enemigo grande que se encuentre con otros más pequeños, es forzar que en su ataque mate accidentalmente a sus esbirros. En general unos combates que cumplen, pero no suponen ningún reto y en los que se echa en falta algún jefe final que te ponga las cosas difíciles. 

Y si remarcamos el arte del juego, los escenarios, los contrastes que proponen y el mimo con el que se nota que los han trabajado, no puedo decir lo mismo de su banda sonora, que a pesar de ser del compositor Matt Uelmen, conocido por ser el compositor de Diablo, pasa desapercibida durante toda la aventura.

Pero como punto negativo, y que realmente afecta a la jugabilidad del juego, son las incomodidades que generan la cámara en tercera persona provocando muertes innecesarias por los problemas de visibilidad que no permiten calcular bien los saltos en las plataformas o esconden zonas a las que vamos a acceder, como hiedra venenosa o caer en enemigos. Por suerte, y aunque no eviten esas muertes, tenemos abundantes puntos de guardado que permiten que no se arruine la experiencia del juego. El problema de la cámara y algún bug que atasca totalmente a nuestro personaje, son dos temas que deberían mirar de corregir.

Hob: The Definitive Edition es un viaje en el que nos dejamos llevar a través del colorido y pulido mundo que han creado el equipo de Runic Games mientras nuestro protagonista, y nosotros mismos, intentamos descubrir el destino que nos ha llevado a esas tierras y la historia que nos proponen; mientras descubrimos los secretos que parecen esconder las ruinas, el pasado de alguna civilización perdida, y que nos hace sentir insignificantes y pequeños, que a su vez se mezclan con tecnología y maquinaria que forma ese mundo. Esa mezcla de resquicios del pasado con ese entorno natural pero mecanizado. Una aventura que cuenta una historia sin palabras para que seas tú quien deba darle sentido. 

Aunque averiguar dónde ir no siempre será sencillo. Si bien es cierto que a veces nos dan todo demasiado masticado, quizá un punto intermedio o algo más trabajado hubiera dado un mejor resultado y hubieran evitado que nos sintamos perdidos y con cierta confusión ya que en ocasiones no sabes si haces lo correcto o si te estás olvidando de algo, y que acabemos desconectando de la historia. Hob es un juego que está creado para perdernos en él, pero en ocasiones ese “perdernos” acaba siendo literal y puede frustrar.

Hob no es tan profundo como puede ser un Zelda, motivo por el que su comparación no le beneficia, pero tiene suficiente personalidad para ser disfrutado por lo que es. Está claro que no es un juego perfecto pero sí es ingenioso, que lo disfrutas mientras juegas. Y si algo consigue Hob es cautivarte, con su mundo cambiante, con esa manera de manipular la tierra, con sus panorámicas, su misterio y sus retos. 

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