Análisis Hades

Juan Cash

Juan Cash

Intro: El que la sigue la consigue

Supergiant Games siempre ha sido un estudio a tener en cuenta. Desde su debut nos ha regalado grandes títulos, como Bastion o Transistor, pero si bien es cierto que hablamos de grandes juegos, tampoco podríamos dar el título de obra maestra a ninguno de ellos. Digamos que sirvieron para decir “Oye que somos Supergiant y estamos aquí, ojito” y vaya que sí. Nuestro hoy protagonista Hades, bebe mucho de estos dos títulos, como si ambos hubieran sido las ratas de laboratorio perfectas para dar vida a esta auténtica maravilla, por fin, la obra maestra de Supergiant. Bienvenidos al inframundo.

Uno: Mucho más que un Roguelike

Si bien un roguelike suele ser su jugabilidad y poco más, en Hades tenemos si no una excepción, al menos un exponente claramente diferenciado. Esto se debe a su gran carga narrativa. Una auténtica barbaridad que al menos fue toda una sorpresa para mí.

La historia es sencilla, somos Zagreo, hijo de Hades, Dios de la muerte, y nos autoimponemos la ardua tarea de abandonar la morada de nuestro padre; aunque en un principio no tendremos muy claro por qué, más allá de un acto de rabia imprudente de la juventud. Finalmente la odisea adquiere un valor mucho más profundo y un auténtico motivo para escapar.

La cosa no será ni mucho menos sencilla, ya que nuestro “encantador padre” no nos permite salir de su morada, por lo tanto tendremos que abrirnos paso a golpe de espada, arco o cualquiera de las seis armas que nos ofrecen.

Por fortuna, los Dioses, conocedores de nuestro deseo, nos brindarán su ayuda para escapar, además de algún otro personaje icónico de la mitología griega, como el mismísimo Aquiles.

Durante nuestro escape, será muy frecuente morir, ya que nuestro padre pondrá toda la carne en el asador para evitar la huida. Lo cual significa hordas y hordas de enemigos, además de jefes finales icónicos como una desmejorada Hidra. Pero la muerte no es el final, sino más bien una oportunidad de mejorar y volver con más fuerza que nunca. Hasta aquí un roguelike de manual.

La cosa cambia en el momento en el que llegamos de nuevo a la morada. Aquí descubrimos un amplio abanico de personajes, que interactuarán con nosotros en función a nuestra aventura, con diálogos increíblemente bien hilados, del palo “así que te ha matado la hidra eh, ese bicharraco es duro de pelar” Lo que intento decir es que el juego evoluciona con tu personaje, no solo de cara a las mejoras que podremos equiparnos, sino a los propios personajes y sus diálogos, que son prácticamente incontables, sin repetir una sola línea de texto en las más de 30 horas que he dedicado al juego. Una barbaridad digna de aplauso y más aún en un indie.

Dos: Entrando en el Clímax

Hades es una delicia jugable. Un juego de acción con vista isométrica, al más puro estilo Diablo. Un título que basa su mecánica principal en la repetición. El desarrollo es sencillo, luchar hasta la muerte, aprender de tus errores y mejorar cuanto puedas para llegar cada vez más lejos.

Durante nuestras partidas o runs iremos adquiriendo diferentes objetos o mejoras; algunos “favores de los dioses” se traducen en mayor ataque o habilidades especiales. Otras son objetos coleccionables que actúan como moneda para adquirir mejoras en la morada (llaves y piedras) que nos permitirán, entre otras cosas, pegar más fuerte, recuperar vida e incluso resucitar.

En cualquier caso, lo que esto consigue es crear en el jugador la sensación de que nunca estás perdiendo el tiempo y de que en cada run, por desastrosa que sea, volverás a casa con algo que te ayudará, permitiendo así jugar de dos formas muy diferentes.

Por un lado podemos jugar en serio, a tope, con máxima concentración. Es la única forma de llegar al final y conseguir escapar, pero es una manera de jugar realmente agotadora. Por otro lado, podemos disfrutar de un juego en segundo plano (o así me gusta llamarlo a mi) que es la experiencia que realizas mientras ves una serie de fondo o cuando juegas mientras cocinas o cualquier cosa por el estilo.

Hades se presta a esto con muchísima facilidad. Y una vez adquirimos los conocimientos justos para disfrutar al máximo del título, hacerte una partida será un auténtico vicio. Alejándose así de experiencias más profundas como los juegos de Naughty Dog. Es decir, tiene un rollito “tetris” bastante disfrutón y aunque la narrativa sea ejemplar, creo que es esta forma de crear un juego tan disfrutable en lo puramente jugable lo que le lleva a ser un producto excepcional.

Tres: El infierno, precioso lugar

El apartado artístico es una verdadera locura. Los escenarios (dibujados a mano) son una auténtica obra de arte, cada uno de ellos y sello del estudio que derrocha personalidad y buen hacer. Nos encontramos ante cuatro biomas claramente diferenciados, cada uno con sus enemigos, música y estilo. Desde lo lúgubre pero lujoso de la morada de Hades, hasta el Eliseo. Chapó.

También destacable los personajes, el diseño que han escogido para ilustrar a los dioses griegos es sublime, con modelados tridimensionales más que aceptables y sobre todo con unas ilustraciones magníficas que acompañaran a los textos en los diálogos. Veremos personajes muy míticos representados como nunca.

Todo esto apoyado por una banda sonora que en lo personal me ha fatigado un poquito (por eso de la repetición) pero que claramente puedo apreciar como una música de calidad, cargada de percusión y con una perfecta metamorfosis en cada escenario.

Por último el rendimiento, más que aceptable en Switch, sobre todo en portátil, donde he jugado la mayor parte del tiempo. Aunque dudo que sea la mejor versión, ya que en televisión sí que se afea un poco, sobre todo por lo borroso de la mayoría de personajes y sobre todo de Zagreo.

Cuatro: Conclusión y éxito

Hablamos de uno de los juegos más exitosos del 2020 y sin duda del más destacado en el panorama indie. Supergiant Games apuntaban maneras desde el principio y es con este Hades cuando realmente consiguen llegar al olimpo de los videojuegos. Un producto excepcional, que da una vuelta de tuerca al abrumador género roguelike dotándolo de una gran carga narrativa. En forma de numerosos diálogos muy ricos y tendiendo la mano a los jugadores primerizos con el excelente “modo dios” que pone las cosas un poquito más fáciles. En mi opinión me subo al carro de los defensores del título y no me tiembla el pulso al afirmar que sin duda es uno de los mejores juegos del 2020. Más que recomendable, diría imprescindible.

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