Análisis Going Under

“Una semana más, un podcast más”, dice la compañera Montse al presentar nuestro podcast semanal. Pues un poco lo mismo pasa con los roguelike. Una semana más, un roguelike más. O más, que el Rogue original, ese en arte ASCIII y el menos like de todos, llegará a Steam la semana que viene. Por eso hoy, una semana más nos toca hablar de un roguelike.

Se trata de Going Under, el primer juego del estudio basado en Seattle Aggro Crab Games. Este Going Under es ya todo un habitual de las presentaciones indies de este último año, y seguro que lo han visto en más de un picadito de esos. Sobre todo porque tiene un estilo gráfico muy particular, muy wholesome, como se suele llamar últimamente. Colores pastel y un diseño muy particular y único abanderan el estilo de este roguelike, que además nos presenta una premisa bastante curiosa. Aunque, eso sí, aquí no faltan los trolls y las mazmorras, aunque con un girito.

Y es que en Going Under seremos una becaria recién llegada a una de esas clásicas start-ups de Silicon Valley, la clásica de ir en patinete por los pasillos,tener futbolines en la sala de descanso y refrescos gratis, ya no en las máquinas, sino en los grifos. Todo bien por ahora, hasta que la empresa te desvela un pequeño inconveniente de esa oficina de los sueños: los sótanos están infestados de trolls y demás criaturas clásicas de mazmorras. Obviamente, como tú eres el último mono, te va a tocar hacer limpieza y allí que te vas, armada con… lo que encuentres.

Porque, aunque digo que es un roguelike, el combate creo que se inspira, al menos ligeramente en el de Zelda: Breath of the Wild, ya que nuestras armas serán los cachivaches que encontremos por los sótanos, que son oficinas abandonadas, y como tal, nos armaremos con teclados, cactus, sillas, escobas y demás objetos contundentes capaces de acabar con las vidas de estos molestos inquilinos. Como en el clásico moderno de Nintendo, estas armas se rompen a los pocos golpes, y tendremos que tener preparado su reemplazo, o mejor aún, tirarle a nuestros enemigos un cactus en la cabeza cuando apenas le queda durabilidad. Nunca falla.

Aunque el único factor diferenciador del combate no es solo este ir y venir de armas, sino que las animaciones y el flow del mismo juegan un papel muy importante. El juego se mueve de una forma un tanto particular, no tanto con animaciones predefinidas (que las tendrá, vamos) sino con una especie de sistema procedural de animaciones que ayuda a construir, junto con el estilo visual, la propia identidad de Going Under. Este sistema, al ser parte de las animaciones, pues influye directamente sobre cómo se maneja el juego, en los timings y en la reacción de los enemigos a nuestros golpes (o de los golpes de los enemigos sobre nosotros, vamos), creando situaciones muy graciosas, típicas de los juegos basados en físicas. Esto resulta en un sistema que creo que queda bastante bien, pero sí que cuesta un poco cogerle el punto, ya que no es algo a lo que estamos acostumbrados.

Esta falta de costumbre, unida a un sistema de combate que no permite muchos errores, hace que el título de Aggro Crab Games sea, o al menos parezca, más difícil que el clásico roguelike. Por poner la dificultad un poco en contexto, le he dado cuatro o cinco loops al reciente y excelente Hades, otro roguelike, sin demasiados sudores, pero en Going Under es normal entrar en la mazmorra y no pasar del primer piso. Un golpe mal dado y rebotaremos de un troll a otro, consumiendo nuestros corazoncitos (al estilo Zelda, otra vez) y mandándonos a la oficina principal de un porrazo.

Pero Going Under es mucho más que sus mazmorras y su estilo artístico. Al igual que Hades, hace una apuesta por la narrativa entre runs que va a ser una vuelta de tuerca dentro del género que seguro vamos a ver más a menudo. Y es que entre incursión e incursión, Aggro Crab Games nos regala unos diálogos desternillantes y muy bien escritos. Tenemos toda clase de personajes carismáticos, que nos recordarán a una especie de Silicon Valley (ya sabéis, la serie de HBO) con un toquito de The Office. Grandes referentes que no menciono a la ligera. El texto rebosa sátira y humor, además de estar bastante bien trasladados al castellano. Son también un soplo de aire fresco entre el combate. Es todo un ritual terminar (que te maten, vamos) una run en las mazmorras y darse una vuelta por la oficina para ver qué se cuentan tus compañeros. Compañeros que parece que nunca abandonan su puesto, están ahí trabajando todo el día y es casi lo más normal del mundo. ¿Suena de algo, verdad?

Al final, Going Under  es un roguelike que cumple en el combate y sobresale en el arte, pero el pegamento de esta aventura, y lo que nos hará dedicarle horas y horas es su parte narrativa, lo bien escrito que está, haciendo crítica desde el humor y la sátira de una industria y una cultura que puede parecer de vino y rosas, pero que no le faltan espinas, trolls y garrotes y muchas hostias.

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