Análisis Fuser

En plena edad de oro de Nintendo DS se lanzó KORG DS-10, y a mí me impactó. Me impactó porque yo estaba jugando en una DS, pero aquello no era un juego. Era un sintetizador con todas las letras. Un sinte sencillo, pero aquello no era un juego. Por mucho que buscase un modo arcade o algún atisbo de puntuación… allí no había nada. Algo así me temía cuando leía y veía sobre FUSER, el último juego de Harmonix, la mítica desarrolladora de juegos musicales, desde Frequency o Amplitude a los primeros Guitar Hero y más tarde Rock Band.

Pero la verdad es que FUSER tiene mucho de juego, y puede que sea lo que peor le sienta. Pero no adelantemos acontecimientos. En FUSER somos un DJ, y como buen DJ, tenemos que amenizar las noches en los mejores y más rocambolescos festivales del mundo. Para ello tenemos un arsenal de discos que pinchar, efectos y demás parafernalia electrónica.

Cada disco está dividido en cuatro pistas independientes que podemos mezclar a nuestro antojo. Por lo general son: percusión, bajo, melodía y voz. Esta es la base del juego, el ir mezclando las distintas pistas de las distintas canciones de la librería (algo más de 100 canciones, 90 de serie y el resto entre paquetes de DLC y pre-orders). Con tamaño arsenal tenemos mucho con lo que jugar, aún solo con esta base de mezclar las cuatro pistas. Pero durante la campaña, que a su vez hace las veces de tutorial, nos van presentando cada vez más y más nuevas mecánicas. 

La primera capa de complejidad son las cuatro pistas que podemos ir mezclando, pero cuando ya las hemos dominado nos introducen los efectos, clásicos recursos de DJ (que si filtro de paso bajo, flangers…). Después aprendemos a poner en cola varias pistas y a que entren todas a la vez cuando queramos, o a crear nuestras propias pistas y loops, tanto melódicas como percusivas. También podemos cambiar el tono de la canción (entre mayor y menor) o la velocidad… Total, que al final lo que empieza como un juguete de mezclar pistas relativamente sencillo, se convierte en una herramienta bastante compleja con la que hacer un montón de virguerías.

Esa es la parte de juguete, pero ¿dónde está el juego? Pues, como en Rock Band y similares, tenemos una campaña en la que en cada fase tendremos que ir consiguiendo hasta cinco estrellas, aunque para que nos la den por superada no es necesario cumplir un mínimo de ellas. Para conseguir puntos y llenar esas estrellas, el juego nos va pidiendo una serie de objetivos durante la canción. Estos objetivos suelen ser pinchar temas de ciertas épocas, de ciertos estilos, a una velocidad determinada, a poner una o varias pistas de tal o cual instrumento… Que en un principio está bien, porque le dan un sentido de dirección a la partida, pero que, sobre todo según avanzamos en la campaña y cada vez se nos piden más cosas, terminan poniendo demasiadas trabas a nuestra mezcla. Y es que el juego nos pide cambiar continuamente: que si una canción de los 80, después cambia el ritmo, después el tono, ahora lanza tal efecto y prepara dos pistas de percusión para lanzar a la vez… ah, y que duren 10 compases. Obviamente, el público también quiere ser parte del set y nos pedirá temas. Claro que sí. Total, que al final nuestra mezcla es un batiburrillo al que es muy complicado buscarle un sentido. También creo que es un problema de equilibrio. Está bien que nos den instrucciones, pero tanto el tiempo que tenemos para ejecutarlas y la cantidad ingente de ellas no parecen muy compatibles con disfrutar de mezclar nuestros temas.

Y es una pena que la parte más de juego no dé en el clavo, porque todo el resto sí que lo hace. Mezclar es muy divertido, y aunque no usemos todos los recursos y efectos que nos propone FUSER, nos lo pasaremos muy bien simplemente haciendo nuestras mezclas a placer, descubriendo cómo discos y estilos (hay de todo, desde electrónica hasta rap, trap, soul, pop o rock) que no casarían en un principio, pero que gracias al sistema tan fino y transparente que ha montado la gente de Harmonix, conseguiremos que Rage Against the Machine y Dua Lipa se den la mano en una colaboración a priori imposible.

Además de la campaña y el modo libre, tenemos modos multijugador, tanto cooperativos como competitivos (siempre en línea, en principio nada en local). Algo extraños, ya que los DJs se van turnando y se les asigna una puntuación que yo al menos no he llegado a saber cómo funciona muy bien. Estos modos Vs. parecen más una idea reciclada de los antiguos Rock Band y compañía, más que algo que tenga sentido en cómo está montado FUSER, y creo que son algo a lo que se le podría haber dado otra vuelta.

Otra reminiscencia a la saga Rock Band es el estilo artístico del juego. Tanto es así que creo que podemos decir que ambos juegos están ambientados en el mismo universo. Ese estilo cartoon estilizado es muy similar, y la personalización de nuestro DJ (bastante profunda, con toda clase de trapitos y demás accesorios) recuerda mucho a la que ya vivimos en la maravillosa saga de instrumentos de plástico.

Aunque la parte más de juego tenga algún que otro problema, sobre todo de ritmo y equilibrio (ja, ja), la parte de juguete es muy, muy divertida a poco que nos guste la música. Y digo la música en general, independientemente del género. Porque, aunque al principio tiremos de una serie de artistas y géneros que nos sean afines, llegará el momento en el que se nos quedarán cortos y caigamos un poco en la repetición; momento en el que probaremos temas y artistas que se salen de nuestra zona de confort, y así descubriremos nuevas posibilidades de mezclas, artistas o géneros que, en principio, no tocaríamos ni con un palo. No creo que FUSER sea la próxima revolución en el género de los juegos musicales, ni tampoco el pelotazo que tanto se merece Harmonix, pero sí que es un gran juguete con el que descubrir y redescubrir la música, que además llega en un momento en el que los festivales parecen algo que no pisaremos en mucho tiempo, pero que consigue transmitirnos parte de esa chispa que solo la música es capaz de provocar.

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