Análisis Fire Emblem Warriors: Three Hopes

Juan Cash

Juan Cash

A veces repudiamos ciertos títulos, pese a pertenecer a franquicias que amamos, tan solo por apostar por un género diferente al de la propuesta original. Sin embargo, si hacemos un esfuerzo por acercarnos a estas propuestas “alternativas” quizá y solo quizá podamos llevarnos una grata sorpresa. Este es mi caso con el título que hoy sale a la palestra, siendo el musou el género antes vetado y ahora amado, y siendo Fire Emblem una de esas franquicias que llevo en el corazón. Hoy os hablo de Fire Emblem Warrior: Three Hopes. Y ya os adelanto que… me ha encantado.

Un punto de vista diferente


Fire Emblem Warrior Three Hopes, parte de la base que ya creó Intelligent Systems allá por 2019 con su Fire Emble Three Houses. En esta ocasión volveremos a vivir los acontecimientos que enfrentaron al Imperio contra el Reino, la Alianza y sobre todo la Iglesia. Salvo que con algunas diferencias. 

Para empezar, no será el bueno de Byleth quien goce del protagonismo, siendo este para otro mercenario, perteneciente a un grupo distinto. Nuestro protagonista será Shez, ocupando ahora Byleth el papel de antagonista. Por lo tanto, nuestro regreso a Fóldan viene a ser como esto que tanto le gusta a Disney, un “qué pasaría si…” 

La historia por su parte se desarrolla de forma similar a la del título original, tendremos tres bandos en una gran guerra, cada uno con sus objetivos, y todos llenos de claroscuros, ni los malos son tan malos ni los buenos tan buenos. Por lo tanto, de nuevo, tocará posicionarse y decidir a favor de quién alzaremos nuestra espada.

Ahora bien, si partimos de la misma base que en el juego de 2019, el desarrollo es distinto, no tanto en los sucesos sino en el foco. Si en el pasado el grueso de la historia se desarrollaba en la academia de oficiales… ahora vemos como su importancia queda reducida vía elipsis, para centrarnos muchísimo más en el conflicto bélico, lo cual aporta una nueva capa de profundidad a esta apasionante historia, ya que viviremos el famoso conflicto que tenía un peso menor en el pasado.

Vuelta al campamento de verano


Si algo sabe hacer bien (entre otras muchas cosas) Omega Force es vendernos la nostalgia. El recuerdo que un jugador puede tener de un título como Fire Emblem: Three Houses, es sin duda, un recuerdo muy poderoso, al pasar una enorme cantidad de horas, no solo batallando de forma estratégica, sino y sobre todo, dialogando con nuestros compañeros, conociéndolos y otorgándoles un trocito de nuestro corazón gamer.

Por ello, creo que lo más maravilloso que nos ofrece esta historia es volver. Como si de un campamento de verano se tratase, gracias a Three Hopes, podremos volver a ver a nuestros queridos compañeros, aquellos con los que compartimos, veranos atrás, un sinfín de horas, luchando codo a codo y paseando por los pasillos de la academia de oficiales. Por ello volver allí, ver a Dorothea, Claude, Edelgard, Caspar, Félix, Bernadetta… Es una sensación difícil de explicar para aquellos que nunca hayan jugado a un título de Intelligent Systems

Pero no solo se consigue esta poderosa venta de nostalgia de la mano de sus personajes. Además todo desprende un embriagador aroma a Fire Emblem. Desde los sonidos, banda sonora, hasta los menús, pasando por su apartado artístico, así como la forma de mejorar unidades, como la de subir el rango de amistad o cualquier mecánica que veamos en el título o incluso simplemente paseando por nuestra fortaleza, que en esta ocasión cumplirá la función de la antigua academia de oficiales. Todo, absolutamente todo se siente tan Fire Emblem como si esto no fuera un musou. Lo cual incluye su propia jugabilidad.

Entre el Musou y la estrategia


Bien, no vamos a mentiros a cara de perro, Fire Emblem Warriors: Three Hopes es un musou con todas las letras. Durante la partida, alternaremos dos modos de juego, el simulador social, que nos lleva a la fortaleza, en la cual podremos interactuar con los colegas, hacer tareas, cocinar, entrenar y un sinfín de acciones que lo acercan a un juego de gestión y simulación social. Pero la otra parte será la de batalla, la cual nos ofrece un mapa con las zonas que debemos conquistar, como si fuera un arcade y debiéramos elegir la pantalla.  Cada capítulo reparte a la perfección el tiempo entre estas dos propuestas, pasando las mismas horas destrozando hordas enemigas como charlando tranquilamente con nuestra mejor amiga.

Pero a diferencia de otros musou, en Three Hopes no se olvidan del componente estratégico que tan arraigado tiene la saga. Una vez comenzamos una batalla dispondremos de un numero variable de unidades desplegadas, generalmente serán cuatro los héroes disponibles a nuestra elección.

Una vez desplegados se nos darán objetivos principales y secundarios, y nosotros, además de controlar un personaje, tendremos que dar órdenes a los demás. Por ejemplo controlando a Shez, diremos a Dorothea que capture la fortaleza equis y a Eldegar que proteja al fulano hache. En cualquier momento podremos alternar el control de la unidad deseada, suponiendo esto una auténtica barbaridad de personajes controlables.

Aquí el juego es un musou de toda la vida, donde volaremos por los aires centenares de enemigos y nos batiremos en duelo con los más poderosos. Pero la formula Fire Emblem impregna toda la partida de su peculiar formula, aquella basada en fortalezas y debilidades, tal como que los arqueros son fuertes contra enemigos voladores o el típico triangulo de espada vence hacha, hacha vende lanza y lanza vence espada. Lo cual otorga un componente estratégico a la hora de elegir nuestras unidades y sobre todo a la hora de moverlas por el campo de batalla, pudiendo pausar la acción a placer para redistribuir nuestras tropas.

Queda así una mezcla perfecta entre musou (coqueteando con el hack & slash y el uso de habilidades) con la estrategia clásica de los Fire Emblem.

El juego de mi verano


Si tengo que destacar este título por algo es por su perfecto equilibrio. Durante la partida, cuya duración ha rondado las treinta horas (solo una ruta) nunca he sentido fatiga por ninguna de sus mecánicas. Yendo fluidamente entre el simulador social, la mejora de unidades y de estructuras y sus batallas. Anhelando el momento de coger la espada durante las charlas y deseando ver qué novedades me cuentan los colegas durante los combates. 

Además, que el juego luzca una estética totalmente sacada de Three Houses me ha hecho sentir como quien vuelve a un hotel veraniego ya conocido, consiguiendo que la transición al musou sea algo casi secundario, y tiene tela soltar esto en un musou… pero es la realidad. Por ejemplo, he agradecido mucho como se ha implementado la “permadeath” tan típica de la franquicia, manteniéndome en alerta constantemente para vigilar la salud de mis unidades, dejando incluso de lado la misión para protegerlos, algo muy similar a la experiencia con los Fire Emblem de combate estratégico.

Sin duda y pese a mi antigua reticencia a los musou, este título me ha brindado una barbaridad de horas divertidísimas, volviendo a disfrutar de la gran guerra de Fóldan desde un punto de vista totalmente nuevo, llevándome a empatizar con el temible imperio, que años atrás combatí como soldado de los leones azules y que ahora logro comprender pese a su ambición. Me ha regalado horas de mente en blanco, simplemente cumpliendo objetivos masacrando oleada tras oleada de enemigos y sintiendo ese extraño placer tan propio de los musou y sobre todo me ha devuelto a otro verano donde descubrí el título en el que se basa. 

Fire Emblem Warriors: Three Hopes es mucho más que un musou, es el regreso a un lugar mágico, a una de las mejores entregas de una franquicia que poco a poco se va consolidando como referente de su género y que además cuida al detalle todo aquello que recrea, desde la personalidad de los personajes hasta su apariencia. Pero además no olvida lo que es, y nos ofrece un musou perfecto en lo jugable, que además riza el rizo con su apuesta por la estrategia. Y pese a las limitaciones de una Switch que cuenta las horas para mostrarnos su sucesora, cumple a la perfección en términos técnicos, con un rendimiento excelente que quizá sacrifica su apartado gráfico, pero poco importa gracias a su estilo anime. Si os gustó Three Houses y toleráis los musou, es posible que tengáis delante un candidato perfecto al honorable título de “juego del verano”.

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