Análisis Fights in Tight Spaces

Juan Cash

Juan Cash

En el mundo del videojuego estamos moderadamente acostumbrados a ver formulas reinventadas. Ver ciertos títulos evolucionar en base a otros, e incluso cambiar pequeñas piezas de su jugabilidad, para resultar productos innovadores. Es el caso de nuestro protagonista de hoy, un título que viene del estudio Ground Shatter, y que nos ofrece “pelear en espacios pequeños” pero no mediante un beat’em up, sino a través de creación de mazos y estrategia pura. Subíos las mangas del traje, que vamos a repartir mamporros, hoy hablamos de Fights in Tight Spaces.

Encontraremos enemigos especiales con habilidades únicas que nos pondrán las cosas más difíciles

Permiso para golpear


El juego nos pone en el pellejo de un agente especial -el agente 11- el cual tendrá que abrirse paso a puñetazo limpio por diferentes entornos; desde barrios moteros, con sus bares, baños, estudios de tatuajes y demás lugares icónicos… hasta la misma prisión, pasando por un puñado de bandas criminales, como la mafia italiana e incluso unos sanguinarios ninjas. Sí, ninjas. 

El juego no se preocupa demasiado por su narrativa, pero sí que destaca un agradable tono humorístico, casi paródico, de las películas de acción en las cuales se basa. 

Empezaremos con un necesario tutorial que nos explicará los conceptos básicos, pero será frecuente una nota explicativa cada vez que aparece un nuevo tipo de enemigo. Finalizado el trámite tocará elegir la misión a emprender, que se basa en seleccionar la banda a la cual queremos partirle la cara. Esto está bien, ya que una vez superado el nivel, podremos saltárnoslo en el siguiente intento, eso sí, al igual que en el aclamado Spelunky, saltarnos fases equivale a perder mejoras.

Pero… ¿cómo demonios se juega a este título? 

Cuando activamos una carta seremos recompensados con unas animaciones de combate muy interesantes

Roguelike no, roguelite


Fights In Tight Spaces es un roguelike de creación de mazos. Sí, un juego de cartas, vaya. Pero no uno cualquiera, ya que tiene suficientes particularidades para resultar en un producto único en su especie, o al menos hasta donde llega el conocimiento de este humilde analista.

EL titulo nos abrirá una vía con diferentes caminos, en función de la banda que elijamos desarticular. Algo así como lo ya visto en el enorme Slay The Spire. Por lo tanto, tendremos que tener en cuenta nuestro destino para avanzar en función a él. Es decir, si queremos mejorar una carta, quizá nos valga la pena arriesgar a un enfrentamiento más complicado. Total, quien no arriesga no gana. 

Los tipos de misiones serán dos. Vencer a todos los enemigos o proteger al aliado, siendo las ultimas las menos frecuentes, y ¿por qué no decirlo?, las menos divertidas. Una vez elegimos la fase, empieza el show. Una vez superada la fase toca la siguiente y así sucesivamente, pero… ¿qué pasa si morimos? Nada. Podremos repetir la fase sin problema, siendo esto un auténtico alivio para los jugadores menos hardcore. Aquí la única opción de derrota y de reinicio, es la que se produce si avanzamos demasiado con poca cabeza, llegando a fases complicadas con cartas débiles o con poca salud. Por lo tanto hablamos de un roguelike mucho más ligero y justo. Lo cual es todo un acierto teniendo en cuenta que los juegos de cartas tienen un porcentaje de azar que puede joderte una run, en la que hemos invertido un buen puñado de horas. Bien, bien.

Además es interesante señalar que el juego dispone de un puñado de niveles de dificultad, para que esta se adapte a cada tipo de jugador. No es lo mismo una persona que está descubriendo el género a un maestro de Hearthstone. Habilitando algunos de esto niveles la posibilidad de reiniciar turnos enteros, para evitar así pifias monumentales cuando menos toca.

La tridimensionalidad y el entorno


Jugar a Fights in Tight Spaces, no es muy diferente a jugar a Slay the Spire, al menos en teoría. Se nos repartirá una mano inicial, y los enemigos aparecerán, siempre en grupo, aumentando su dificultad y numero conforme avanzamos en la aventura. En función de su colocación, la nuestra y de las cartas, tocará darle al coco para optimizar el turno. En el cual siempre sabremos lo que hará el enemigo, por lo tanto toca saber si atacar o defenderse o… moverse. He ahí la clave. 

Hablaba de que con pequeños cambios, podemos cambiarlo todo. Aquí ese pequeño cambio es la tridimensionalidad del escenario de juego. El cual se transforma en un tablero, que nos permite movernos en todos sus ejes (mediante la carta necesaria, claro está). Pero además incluye otro ingrediente asociado, y ese es el entorno, que puede ser un aliado o nuestro peor enemigo. Como por ejemplo con las ventanas, puertas o barandillas, mediante las cuales podemos arrojar a los enemigos (o ser arrojados) hasta elementos perfectos para golpear con la cabeza de los malhechores y sumar daño extra. Posicionarse correctamente será vital en este juego, por ejemplo cuando nos apunta un enemigo con una pistola y le sorprendemos cambiando nuestra posición por la de su compañero. Resultado… se matan entre ellos. 

El combate es una maravilla adictiva. Los enemigos son muy variados, cada uno con sus particularidades (el que se cura, el que se hace más fuerte, el que dispara, el que no se puede derribar y un largo etcétera…). A medida que avanzamos iremos desbloqueando cartas y mejoras, permitiéndonos confeccionar nuestro propio mazo y abriéndonos un puñado de caminos a seguir. Desde la acción directa, a un estilo más defensivo basado en contraataques, hasta mazos más complejos cargados de tecnología y gadgets. Fuere como fuere, lo bien medido del progreso así como sus ya citadas ayudas, hacen que terminemos sintiéndonos realmente cómodos escojamos el mazo que escojamos.

*Toda esta coreografía razonada al milímetro y que nos llevará un buen puñado de tiempo completar, podrá verse de forma instantánea al final del nivel, siendo un detallito la mar de interesante para disfrutar el combate sin cortes.

El diseño del juego es impecable desde los personajes y escenarios hasta la interfaz y por supuesto las cartas

Una experiencia adictiva, divertida y original


Fights in Tight Spaces me ha encantado. No soy ni mucho menos un jugador habitual de los juegos de cartas, pero sí que me atrapó Slay the Spire, aunque sufrí con dureza su dificultad y su castigo. Por lo tanto, estas “luchas en espacios pequeños” han sido toda una sorpresa. Un juego con unas bases conocidas que aplica un giro de tuerca para aportar frescura a un género que vive una nueva edad dorada.

Su apartado artístico es una preciosura (como podéis ver en las capturas) Tintas planas, colores contrastados y vivos junto a unas animaciones hipnóticas, se combinan para recrear un auténtico espectáculo de artes marciales, donde el minimalismo simplemente refuerza el impacto de los golpes.

Además es un juego de duración considerable, que además se ve reforzado con desafíos diarios, donde nos enfrentaremos a un batiburrillo de los enemigos ya conocidos, en una supuesta súper organización criminal. Este es sin duda el modo más complicado y actúa como un extra perfecto para todo aquel que se quede con ganas de más o sencillamente quiera probar esas cartas que descartó en alguna de sus runs

Todo aquel que pase por este juego y se vea ligeramente atraído, puede tirarle de cabeza y sin miedo, ya que encontrarás un producto realmente bueno, muy divertido y tristemente adictivo. Sin duda, uno de esos juegos de cabecera para volver a ellos de vez en cuando a desconectar dándole al coco.

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