Análisis Detroit: Become Human

El equipo de Quantic Dream, encabezado por David Cage, ha vuelto pisando fuerte con su nuevo título después de un fracaso considerable (y merecido) con su anterior juego, Beyond: Two Souls. Con el anuncio de Detroit, David Cage se jugaba mucho: o bien volvía a tener el gran reconocimiento que tuvo con entregas como Heavy Rain y Fahrenheit, o quedaba retratado como el hombre que produjo dos fiascos seguidos. ¿Puede reconciliar Detroit a los jugadores anti-experiencias cinematográficas con sus obras? Hemos jugado por fin al anticipado título exclusivo de Sony para descubrirlo.

ARGUMENTO Y PERSONAJES: LA SERIE DE LA FUNDACIÓN

Detroit: Become Human nos lanza directos a un futurista año 2038, en el que los androides forman parte del día a día de la vida humana, se han instaurado a modo de autómatas serviciales que realizan todas aquellas tareas que los humanos no desean hacer, o bien se dedican a cuidarles a modo de mayordomos, asistentes, médicos y sirvientes. David Cage concentra el foco en tres personajes principales que serán los protagonistas de nuestra aventura. Markus es un androide que sirve a su dueño, Cal, un anciano pintor que ya no puede servirse a sí mismo, y después de un enfrentamiento con el hijo de Cal, Markus queda abandonado a su suerte, desarrollando un espíritu revolucionario por los derechos de los androides. Kara es una androide contratada por un padre drogadicto y maltratador a petición de su hija, Alice, con quien Kara entabla una relación prácticamente maternal, y decide protegerla y cuidar de ella pase lo que pase. Por último, Connor es un androide usado en las investigaciones policiales programado para perseguir y detener a los androides divergentes que ataquen y amenacen la seguridad de los humanos, casos que cada vez son más frecuentes, y junto al atormentado detective Hank debe resolver.

Como puede deducirse, David Cage se ha agarrado a tres de los aspectos más relevantes de toda la literatura sci-fi sobre la Inteligencia Artificial y la robótica de Asimov y la ha dividido en tres puntos de vista: la lucha por la identidad propia, el desarrollo de las emociones humanas y la capacidad de duda y raciocinio fuera de un programa establecido. A través de estas tres historias nos adentramos más y más en la enmarañada mente de un androide (de una máquina de plástico como los llaman los hostiles humanos), y Cage consigue que empaticemos a la perfección con los tres personajes, aunque por momentos el vínculo con Markus flojee, quizás dado por su rápida evolución prácticamente sin avisar. No podemos aun así pensar que Markus no es un personaje interesante o que no nos importa lo más mínimo, es más, es posible que sus secuencias sean de las más espectaculares del juego. Markus es el punto opuesto a Connor, pues es este el personaje mejor escrito y mejor planteado en esta futurista fábula. Y no solo es el personaje más interesante, sino el que ocupa algunos de los momentos más memorables de todo el juego, pues mientras la (magnífica) música orquestal intenta dotar de magnificencia épica a la revolución de las máquinas de Markus, a Connor no le hace falta. Su relación con Hank y cómo intentamos ganarnos la confianza de un humano receloso a la compañía de androides es de lo mejor que nos ha dado Quantic Dream en todos sus juegos, y si decides esforzarte en comprender a tu compañero y crear un vínculo notable con él, las recompensas catárticas con Connor son incomparables. La nota entrañable, dulce y sufridora la da el personaje de Kara, con quién lo pasamos peor, sufrimos más, nos desesperamos en aumento constante y deseamos que cumpla su misión sana y salva junto a la pequeña Alice. 

A diferencia del infame Beyond, en Detroit volvemos a sentir ese afecto y esa cercanía a los personajes que sentimos en Heavy Rain, acercándose y, en la opinión personal de este escritor, mejorando todas aquellas señas de identidad de Quantic Dream. David Cage sabía que sin unos personajes coherentes con sus decenas de decisiones distintas no podría tener una experiencia satisfactoria a ningún nivel, y hay que felicitarle por volver al buen camino.

JUGABILIDAD: UN ÁRBOL GENEALÓGICO DE DECISIONES

He tenido muchas acaloradas discusiones sobre los llamados “videojuegos cinematográficos”, de cómo no deben ser llamados videojuegos ni pertenecer a tal categoría. Posteriormente, agarro mi humeante cubano, recoloco mi monóculo y bebo un sorbito de vino mientras les imagino jugando y alabando a las aventuras gráficas de LucasArts. Y es que, los videojuegos de Quantic Dream al igual que cualquier videojuego de Telltale Games son puras aventuras gráficas basadas en la toma de decisiones. En lo que antes teníamos gráficos 2d horizontales, ahora tenemos cinemáticas Kojimescas con la integración de quicktime events para hacer participar mucho más al jugador de la experiencia. Dicho esto, el problema viene cuando nos encontramos con casos como Beyond: Two Souls en el que se ejemplifica cómo NO usar los elementos de la aventura gráfica moderna.

Dicho esto, hablemos de las mecánicas y las tomas de decisiones en Detroit. Como sabemos todos, los momentos cruciales del juego se van a basar en la sucesión de quicktime events, algunos basados en la habilidad y rapidez del jugador, otras se limitarán a la toma de decisiones en diálogos y caminos a seguir y otros en la rápida reacción en momentos de tensión a contrarreloj, momentos los cuáles son extremadamente satisfactorios de jugar y suponen un gran reto que te hará dejar el dualshock 4 lleno de sudor. Además, al igual que en Heavy Rain, los personajes pueden investigar libremente por algunos escenarios, y aquí tienen mucho más que explorar y dónde moverse, creando más caminos a desbloquear, más mundo por descubrir y más interacciones que realizar (y al igual que en Heavy Rain, la cámara te dará algún que otro problema). Y es que uno de los puntos más fuertes que tiene Detroit es la facilidad con la que te convence de su futurista visión de la ciudad. No solo el diseño de vestuario y escenarios es creado con un detalle asombrante, sino que te da constante información de lo que está ocurriendo en el mundo y la sociedad mientras avanzas con tu historia. Ya sea a través de los noticiarios de televisión, por conversaciones ajenas en las calles o gracias a las revistas en forma de holograma que encuentras en los escenarios, comprendes que lo que ocurre en Detroit es una parte pequeña de un universo más grande marcado incluso por conflictos bélicos en el ártico, el éxito de bandas musicales íntegramente robóticas o por coaliciones políticas marcadas por los mercados del momento. Todos estos detalles ayudan a convencerte de que estás jugando a algo real, a adentrarte en un mundo de sci-fi en todo su esplendor y en querer descubrir y saber qué más ocurre en ese mundo, una decisión de diseño más que inteligente para darle más lógica y valor cercano a nuestros protagonistas. Y hablando del universo que David Cage ha creado, no olvidéis ir saliendo al menú principal del juego entre algunos capítulos, pues a medida que avances en la historia principal, este evolucionará a una especie de meta-experiencia muy interesante.

TUS DECISIONES TIENEN CONSECUENCIAS REALES

Adentrándonos de lleno en la toma de decisiones y posibilidades que ofrece Detroit, nos encontramos ante otro error enmendado de David Cage que afortunadamente no ha arrastrado de Beyond: Two Souls. Volviendo a la estela de Fahrenheit o Heavy Rain, las opciones ante ti son amplias, variadas y tienen un peso correspondiente a la duda que se plantee. No solo vuelve a tener la estructura que ha de tener, sino que la amplía en proporciones gigantescas, lo cual se transmite al final de cada capítulo en forma de árbol genealógico de decisiones, en el que quedan desveladas las casillas correspondientes al camino que hemos decidido tomar, y en el que vemos sin desvelar todo el número de opciones que podrían haber aparecido si hubieses tomado otras decisiones. Y creedme, en algunos casos es abrumador ver la cantidad ingente que hay de posibilidades, lo cual enfatiza aún más a volver a jugarlo una y otra vez para descubrir y experimentar qué hubiese cambiado si en lugar de escapar por la ventana, hubiese escapado por la puerta principal. Lo más importante es sentir el peso de las decisiones con las consecuencias que recibimos, y eso es justo lo que conseguimos tener, en unos casos con más lógica que en otros, pero no podemos negar que el sistema de decisiones funciona de buena manera.

Las decisiones que has de tomar pueden variar bastante: desde la búsqueda hasta el mínimo detalle de pistas en un escenario del crimen (con un sistema de recreación de hechos muy atractivo y visual), hasta la decisión de dejar morir a un compañero para salvarte o conseguir algo que necesitas, pasando por ser egoísta o empático con tus compañeros de viaje. Este punto es importante en Detroit, pues vamos a tener un indicador en más de un momento de cómo es nuestra relación con los personajes que nos rodean, y veremos como cambian las secuencias y actitudes cara a nosotros dependiendo de las decisiones que tomemos, con las cuales pueden o no estar de acuerdo. Estos avisos te recuerdan constantemente que has de crear, o no, un vínculo con los secundarios que te acompañen, es todo decisión tuya. A estos indicadores le tenemos que añadir un indicador de imagen pública de los humanos respecto a los androides, que cambiará dependiendo de los actos que realices y que lleguen a oídos de la población humana. Si no tenías suficiente con las duras decisiones para nuestros protagonistas, tendrás que pensar también en tus lazos con otros personajes y en tu imagen de cara a algo mucho más grande que tú mismo.

CONCLUSIONES FINALES

Detroit: Become Human cumple las expectativas puestas desde su anuncio y, lo más importante de todo, aprende de los errores del juego anterior de Quantic Dream, los remedia, e incluso mejora en algunos aspectos a su mejor entrega, Heavy Rain. Es cierto que, en casos como este, pesa mucho qué tipo de historia de llega de forma más intensa y con qué personajes conectas más, pues la balanza está objetivamente bastante equilibrada entre el asesino del Origami y el mundo de creado por CyberLife. Es posible que Detroit no sea del gusto de jugadores que esperen una experiencia que case más con un estilo de juego como The Witcher o Fallout, pero es nuestro deber valorar cada videojuego con justo qué tipo de experiencia es, y Detroit: Become Human es una excelente aventura gráfica con una gran capacidad de rejugabilidad, asombrosa gráficamente, alentadora y que hará las delicias de cualquier amante de la ciencia ficción.

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