Análisis de Iron Harvest 1920+

Hay juegos que entran como un tiro, como un refresco con hielo en pleno verano. Iron Harvest 1920+ es uno de estos que, además, es un ejemplo de que no hay que reinventar el género a cada nuevo título, simplemente hay que hacerlo bien.

Estamos ante un juego que no innova precisamente en nada pero no hace falta. Todos y cada uno de sus elementos funcionan a la perfección y tiene unos pilares asombrosos que lo convierten en uno de los mejores juegos de estrategia en tiempo real de los últimos años.

Empecemos por mi parte favorita: su contexto. El título de King Art Games está basado en el imprescindible juego de tablero Scythe de Jamey Stegmaier. El juego, que aquí está editado por Maldito Games, nos lleva a unos 1920 alternativos, en el que tras una gran guerra, diferentes naciones intentan salir adelante. Una de sus principales atractivos es, sin duda, que su propuesta realista se mezcla con la inserción de mechas a vapor y otra tecnología “fantástica” y que queda reflejados perfectamente gracias al arte de Jakub Różalski. Mientras el público sigue debatiendo si Scythe es un eurogame o un ameritrash o una mezcla o lo que sea, el estudio alemán decidió sacar adelante el videojuego basado en Scythe en el que el principal protagonismo se lo llevarían las escaramuzas entre las diferentes naciones, dejando al margen otras mecánicas propias del juego de mesa.

Dicho esto, Iron Harvest 1920+ es un juego de estrategia en tiempo real que bebe en gran medida de los juegos de Relic como Company of Heroes o Dawn of War. Nuestros primeros pasos serán en la campaña, formada por tres grandes arcos, en la que viviremos la supuesta invasión de Polania (sí, Polania) por los rusoviéticos. De esta premisa básica viviremos junto a diferentes protagonistas una historia que además de por los polanios, nos hará pasar por los rusoviéticos y por los sajones. Lógicamente, cada una de las facciones tiene sus intereses y motivos en el conflicto y lo más destacado es que cada una de ellas tienen sus pros y sus contras  a la hora de ser jugadas.

El título mezcla la gestión de ejércitos con unidades y héroes con un ligera gestión de bases. A priori, nada que nos vaya a hacer estallar la cabeza. Todo muy clásico para los que ya lleven horas y horas con el género. La grandeza es que King Art Games sabe muy bien cómo mover sus piezas y nos hará sufrir, muy a gusto, durante las misiones de la campaña. Y es que el planteamiento de los combates será vital para llevarnos la victoria. Como sucedía muchísimo en Company of Heroes, la búsqueda de coberturas, pillar al enemigo por la retaguardia o saber utilizar los edificios abandonados a nuestro favor serán muy importantes para ejecutar nuestros planes. A eso hay que sumarle nuestro conocimiento de las unidades que tendremos a nuestra disposición y saber adaptarlas a cada momento. Constantemente tendremos situaciones como  “Puede que esa unidad de ametralladoras nos haya funcionado de puta madre pero poco podrá hacer para tumbar ese mecha que viene por el bosque” o “esa unidad de médicos le ha salvado la vida a Anna Kos pero ahora necesitamos que reparen nuestros mechas; es hora de que se conviertan en ingenieros”

Tendremos que tener una actitud dinámica, saber hacer sacrificios y luchar metro a metro para avanzar a por la victoria porque una cosa que aprenderemos rápidamente es: el enemigo no perdona. Tendremos que utilizar de todos nuestros recursos para sacar hacía delante la situación y eso implica utilizar aquellas opciones secundarias que en otros juegos del género podíamos dejar olvidadas hasta el fin de los tiempos. Nunca he sido un fan de poner alambradas o plantar minas pero en este 1920 alternativo, los ingenieros son tus mejores amigos. No hay nada peor que luchar durante varios minutos por una mina de hierro, que nos reportará jugosos recursos, para luego perderla en segundos debido a no haber sabido fortalecer la zona o pensar “esto ya está hecho” y de golpe aparecer un par de unidades enemigas que te clausuran la fiesta.

Porque el enemigo es listo y también sabe adaptarse. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una IA tan competente. Ya no tanto por su dificultad sino por la coherencia con la que hace las cosas. Es cierto que el estilo de las misiones y el mapeado ayudan a ello y ya que normalmente tendremos varios puntos a defender y atacar y eso hace que tengamos que tener un ojo en todas partes, a diferencia de otros títulos que lo único que tenemos que hacer es preocuparnos por defender nuestra base. A esto se le suma que el volumen de unidades que podemos desplegar es limitado y tendremos que pensar bien en la composición de nuestro ejercito.

Un ejercito formado sobre todo por unidades básicas como médicos, fusileros, nuestros queridos ingenieros, etc. pero también hay que sumarle a los héroes. Los protagonistas de las campañas también tienen un papel muy importante en el campo de batalla. Tendremos de todo tipo, empezando por Anna Kos, una francotiradora a la que acompaña un gran oso que nos servirá para tanquear. Los rusoviéticos contarán, entre otros, con la explosiva Olga Morozova, a la que acompaña un tigre (sí, se llama Changa). Los sajones tendrán sus esperanzas en Gunter von Duisburg un veterano de guerra, acompañado por lobos, que es un hueso duro de roer. Estos son solo algunos de los nueve héroes que llevaremos en la campaña pero dispondremos de todos ellos en los modos Misiones y Multijugador.

A nuestras unidades y héroes les acompañarán los mechs, las máquinas andantes que decantan la balanza de la batalla hacía un lado o hacía otro con mucha facilidad. Estos amasijos de hierro son las súper estrellas de Iron Harvest 1920+ y, al igual que con las unidades, tendremos de todo tipo y para todo tipo pero elevado a la enésima potencia. Cada uno de ellos ocupará bastante hueco en nuestro ejercito, restringiendo tener más unidades “pequeñas”, pero saber ponerlos donde toca nos dará más de una alegría. Además, si los movimientos de las unidades ya están muy logrados, el de los mechs está a otro nivel; verlos golpear, escupir fuego o lanzar cohetes es una locura y junto al excelente trabajo de sonido consiguen que nos metamos de lleno en la batalla. Para rematar la jugada, tenemos las armas móviles como los morteros, los cañones o las súper ametralladoras. Una de estas combinada con un buen búnker modificado hacen que la Línea Maginot se quede en tres conos mal puestos.

Si nos acabamos el modo campaña, que estoy seguro en algún momento recibirá más contenido en forma de nuevas facciones, tenemos el modo Misiones en el que podremos hacer la clásicas escaramuzas, ya sea 1 vs 1, 2 vs 2 o 4 vs 4 o los mucho más interesantes Desafíos que nos propondrán diferentes situaciones que tendremos que sacar adelante. Un verdadero reto que no dará más horas de sudor del bueno. Por último, tendremos el modo multijugador que nos deparará infinitas partidas casuals o competitivas en los que defenderemos los colores de nuestra nación preferida.

Hablaba de la buena labor del trabajo de sonido en cuanto a enfatizador de la acción pero la cosa no solo se queda ahí. Hay un trabajo exquisito en la voces de todas las unidades (que podemos poner en el idioma de la nación que representan) y en la partitura. La música escala el conflicto de épico a muy épico y funciona fenomenal en todo momento. Del arte ¿qué puedo decir? Solo hace falta ver una ilustración de Różalski para quedar inmediatamente atrapado por este mundo alternativo. Se ha aprovechado el arte de Scythe para dejarnos unas pantallas de carga inmejorables pero, lógicamente, se han basado en dicho arte para recrear modelos de personajes, mechas y toda la ambientación. El resultado es magnífico y aunque son dos experiencias totalmente distintas, los fans del juego de mesa lo gozarán un puntito más al ver en pantalla a las unidades, mechs y héroes con los que han pasado horas y horas frente al tablero.

Si os gusta la estrategia es casi imposible negarse a Iron Harvest 1920+. Es imposible no quedar prendado de su arte, de sus mecánicas de juego, tan divertidas, diversas y que suponen un interesantísimo reto. Será difícil que perdamos el interés en una campaña tan interesante y bien trabajada o no quedar embobados viendo a los mechs destruyendo todo a su paso o explotando por los aires después de que otro gigante de hierro le haya pegado en todo el lomo de acero. Como decía al principio, el juego de King Art Games lo hace todo bien (realmente, muy bien) y eso es algo muy difícil a día de hoy. Es uno de los productos más sólidos que yo haya podido disfrutar en los últimos años y esperemos que la vida del juego sea larga porque le quedan muchas horas de disfrute por darnos.

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