Análisis Call of Duty: Black Ops – Cold War

Noviembre suele ser un buen mes para los fans de la saga Call of Duty. Con el hecho de tener varios equipos detrás del desarrollo de estos títulos, raro sería que pasase un año sin ver nuestro una nueva entrega en la estantería de nuestra tienda de videojuegos. En esta ocasión es el turno de la segunda rama de la franquicia, esa llamada Black Ops, generalmente con historias más sombrías (si cabe) y algo más desenfadado, cuyas dos últimas entregas han sido bastante controvertidas, prescindiendo incluso del siempre apetecible modo campaña, en su Black Ops IIII. Por suerte, eso cambia con la entrega de este año, que ya os aviso, es una de las mejores de todos los tiempos.

No son Infity Ward, pero lo parecen. El desarrollo de Cold War viene de parte de Raven Software y Treyarch (entre otros) y por supuesto con el sello de Activision. Hago esta apreciación ya que generalmente era muy sencillo distinguir que juego era de un estudio y cuál de los otros, pero en esta ocasión la línea está más difuminada que nuca, por lo tanto aun con sus diferencias y a mi juicio, este Cold War es más Call of Duty que Black Ops o, al menos, bastante más que en los últimos años.

La variedad de escenarios es destacable y tienen una gran calidad

La guerra fría es una temática apasionante; soviéticos y americanos luchando por imponer su forma de vida a nivel mundial. Poca broma. Además, fue un momento histórico marcado por el mucho ruido y pocas nueces, declaraciones ardientes por parte de los más importantes políticos o líderes tanto de una nación como de la otra, así como un sinfín de entramados diplomáticos y argucias disfrazadas de espionaje y sutileza, siempre con una bomba nuclear en el horizonte… Como veis insisto en que es algo apasionante, pero sinceramente alejado de lo que se dibuja como un juego de “disparos” siendo este mi gran temor al acercarme al título. ¿Cómo van a hacer un juego de tiros de un momento histórico en el cual apenas los hubo? Pues lo cierto es que aun tomándose sus hilarantes licencias, es más juego de espías de lo que podría sospechar en un principio.

La historia nos sitúa en una reunión con el mismísimo presidente Ronald Reagan, el cual, junto a su gabinete, parecen estar seriamente preocupados ante el inminente ataque de un súper espía ruso, conocido como Perseus. Ante tal amenaza la única solución parece ser recurrir a una leyenda, el oficial Rusell Adler, el cual no estará solo en su misión, sino que contará con algunos viejos conocidos de la saga, como Frank Woods, Alex Manson o Jason Hudson y, por supuesto, el personaje al que encarnaremos (en casi todas las misiones) Bell. Siendo este último moderadamente personalizable, pudiendo elegir hombre o mujer, su nombre y apellido así como su historia y personalidad, otorgando a estas decisiones un par de habilidades pasivas, tales como recargar más rápido o moverte velozmente en sigilo.

La historia de la campaña nos atrapará de principio a fin

 Ahora sí, dará comienzo una historia trepidante, llena de giros, garajes lúgubres llenos de post it y fotografías, misiones de sigilo (alguna al más puro estilo Hitman con diferentes modos de resolverla) e incluso algún que otro flashback a la guerra de Vietnam, momento que sin duda aprovecha para relucir la guerra total. Aun así sería injusto decir que el juego se basa en el sigilo, que sí que lo hay, pero siendo una temática de espías es más bien escaso y por supuesto no se olvida de que es un Duty, por lo tanto cualquier excusa es buena para una ración de metralla en los cuerpos de los enemigos, como por ejemplo cuando conseguimos, con bastante esfuerzo, infiltrarnos en una base soviética (ante los ojos del mismísimo Gorbachov) para finalmente salir a tiro limpio reventando el edificio hasta los cimientos. Era de esperar. Pero lo cierto es que también destacan nuevas ideas, la mayoría resultonas, como la toma de decisiones, generalmente con apariciones tímidas en la saga, aquí toma una relevancia  notoria o, al menos, moderadamente relevante, sobre todo al final del juego. 

La historia continua, evoluciona, te golpea y te sorprende a cada momento, pero sin duda su gran problema es su duración. Hablamos de unas 5 o 6 horas, aun contando un par de misiones secundarias bastante curiosas. En sí no es un problema ya que es una duración estándar para una campaña de Call of Duty, el problema es que es tan buena, es tan jodidamente buena, que el final supone un momento triste. Sin duda quería más.

Pero la campaña de Black Ops – Cold War es solo la punta del iceberg. Raro sería un jugador que adquiera el título solo por la campaña, ya que tenemos dos modos de juego más, o quizá “tres” si contamos el free to play Warzone, bien visible en el centro del menú, hablamos de los modos Zombies (PvE) y Multijugador (PvP).

Cada uno de estos modos empieza con una cinemática espectacular, en perfecta sintonía con lo visto en la campaña. Poco después nos soltarán en sus respectivos menús para que personalicemos nuestro equipo; tanto las armas que formaran nuestras “clases” como nuestro agente e incluso diferentes skins y modificadores, en esta ocasión alguno más que en Modern Warface. Ya que mencionamos el título anterior, cabe señalar que lo primero que choca es cuánto de éste hay en esta entrega, siendo un menú bastante parecido, tanto para buscar partida como para personalizar armas. Esto es reciclaje pero también sello de calidad.

Lo primero que se destaca es que la progresión es compartida, y esto es fantástico. Las armas que subamos de nivel en Multijugador subirán también en Zombies y viceversa. Me parece una idea tan estupenda que lo único que me extraña es que no lo hubieran hecho antes, pero por fortuna ya no tendremos que “forzarnos” a usar un arma en concreto en ambos modos para subirla. Insisto… genial decisión.

El modo Zombies es quizá el más escaso de salida, únicamente con tres modos de juego: sobrevive a 20 oleadas/Hordas, oleadas infinitas y el loquísimo modo Dead Ops Arcade. Siendo los dos primeros los modos de toda la vida, en los cuales tendremos que básicamente sobrevivir mientras gestionamos nuestro equipo, recursos y armas y donde una mala preparación será tan peligrosa como unos compañeros poco colaborativos. Como novedad se puede destacar que encontraremos clases y rarezas en las armas, además de un mapa bastante espectacular, en la línea de los anteriores. Por otro lado, tenemos el modo Dead Ops Arcade, que como adelantaba antes, es una locura, un juego arcade de la vieja escuela, con vista en cenital y disparo direccional con el analógico derecho, en el cual tendremos que vencer a una demoniaca mama gorila, lo dicho. Aunque vemos que más menos mantiene lo de otros años, lo cierto es que de primeras parece algo escaso de contenido, pero no debe ser gran problema ya que este se irá expandiendo durante los próximos meses.

La toma de decisiones por fin parece tener cierta relevancia

Como se suele decir, la joya de la corona es el Multijugador. Directo, frenético, visceral. Uno de los reyes (si no el rey) del shooter online, que vuelve respetando la norma de más y mejor. Ahora, por fin, alejados de los jet pack, dobles saltos, habilidades especiales y demás movidas que cambiaron la experiencia… vuelven a sus raíces, ofreciéndonos un shooter donde lo más importante es disparar a la cabeza. La rapidez siempre ha sido marca de la casa y aquí no veréis una excepción. Pese a beber de Modern Warface, se han eliminado mecánicas como apoyar el arma en la cornisa de la puerta o abrir despacito, para centrarse únicamente en el combate puro y duro, pero sutil, sin demasiada parafernalia. Es en mi opinión la jugabilidad más pulida y divertida de los últimos Call of Duty, resultando la evolución natural de Modern Warface, más que de un actual Black Ops.

En cuanto a sus modos de juego, tenemos de todo. Desde partidas rápidas en los clásicos Duelo por Equipos o Baja Confirmada, hasta la guerra total en partidas largas con su novedoso Bomba Sucia o Foso. En definitiva modos para todos los públicos o situaciones, donde dependiendo del tiempo y las ganas, no cabe duda de que daremos con la experiencia que más nos apetezca.

Para terminar, hay que destacar sobre manera su increíble apartado técnico y artístico, diciendo de paso que lo he disfrutado en Xbox Series X. Los escenarios son increíbles, el ray tracing (trazado de rayos) es una barbaridad, dotando los diferentes elementos de un realismo insólito, ya sea la chaqueta de cuero de Adler, o unas piedras levemente iluminadas en una húmeda cueva. Lo cierto es que en el apartado artístico el juego recuerda a aquel primer Black Ops, con escenarios super luminosos y llenos de vegetación allá en Vietnam, así como callejones oscuros en Berlín. Aunque donde más luce el juego es en los interiores, recuerdo pasar unos buenos minutos contemplando atónito una maldita columna de mármol rojo, diciéndome a mí mismo “esto es de locos”. 

Por último el rendimiento es inmejorable, con unos 60 fps sólidos como rocas, con unos tiempos de carga irrisorios y casi inexistentes, con una navegación por los menús en tiempo real. Es bastante alucinante la mezcla de estos dos párrafos. Hablamos de una calidad gráfica impresionante con una fluidez insólita… y de repente caes en la cuenta de que esto es un juego intergeneracional, y de nuevo una sonrisa cubre tu rostro, estamos en una edad dorada del videojuego, y este Call of Duty: Black Ops – Cold War es solo el principio.

El uso de la luz y del nuevo ray tracing promete

Primer imprescindible de la generación. Todo un ejercicio de buen hacer, tanto por su exquisita jugabilidad como por una historia magnifica. Además con una calidad gráfica sobrecogedora y un rendimiento limpio. Uno de los mejores Call of Duty de todos los tiempos.

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