Análisis Cadence of Hyrule – Crypt of the Necrodancer

Cuando hace un tiempo empecé a jugar a Crypt of the Necrodancer ya había caído sobre mí la fiebre por el rogue-like. Ponte a decir nombres como un loco y te salen hasta en las piedras: Downwell, The Binding of Isaac, Spenluky o Enter The Gungeon (que por cierto, desde que lo pusieron gratis en la Epic Store me ha dado muchas alegrías), entre otros.

Crypt of the Necrodancer se apuntaba a la fiebre con algo muy diferente, teniendo en cuenta la originalidad de mecánicas que se ha visto en esta clase de videojuegos. El ritmo y los bichos con patrones eran dos elementos perfectos para hacer de este un juego difícil pero asequible. Sus gráficos amables, con un píxel art bonito y su rejugabilidad aportaban esa guinda imprescindible en este género. Pero como les pasa a muchos, llegaba un punto en que se volvía repetitivo y algo tedioso.

Candence of Hyrule es el predecesor de ese Crypt of the Necrodancer. Un crossover entre la historia de Candece y la de las archiconocidas tierras de Link y Zelda, Hyrule. Lo que tiene este juego que no tiene el anterior es una base que ya conocemos de cientos de títulos: un principio y un final. 

Vale, para los más fans de la saga de Zelda, este videojuego se merece llevar este nombre y tiene mil cosas escondidas en su mapa pero su estructura es básica. Llegas al mundo de Hyrule y descubres que tu mapa es reducido, te pone límites y eso es bueno. Este recuerda mucho al mapa del primer Zelda, por casillas.

Ahora que hemos visto el mapa nos familiarizamos con los controles y empezamos el juego. Vemos un mundo bellísimo realizado con un píxel art al que se nota que le han puesto mucho mimo. Este mundo se compone de varias zonas de desierto, lava, bosque, hielo… con diferentes enemigos que tienen diferentes patrones y animaciones muy vistosas que tu vista va a agradecer aunque te lleves algún ‘sopapo’. 

Ya tienes los elementos principales. Llegas a un punto del mapa en el que te encuentras una mazmorra y descubres que debes derrotar a cuatro jefes finales. Si llevas un buen equipo lo malo es que son muy fáciles, pero suponen un despliegue muy bueno de la esencia de este videojuego. Cada elemento de esos jefes te hace recordar que estás en un juego de ritmos y que aquí has venido a pasártelo bien.

El único componente rogue like de Candence of Hyrule es que cada vez que mueres las mazmorras cambian. Pero el mapa general sigue siendo el mismo y los enemigos del mismo, también. Cuando limpias una zona te dan diamantes con los que comprar armas o contenedores de corazón para aumentar tu vida máxima.

Otro gran componente que vemos en este título es el de Metroidvania. Sí, debemos encontrar en el mapa diferentes objetos o habilidades que nos harán superar diferentes fases o simplemente para ser más fuertes frente a los enemigos. En este sentido encontramos la linealidad en un mundo que es semi mundo abierto y es un acierto. Encontrar cada elemento y saber usarlo en el momento preciso es muy satisfactorio y sigue los procesos que ya ha pasado la saga The Legend of Zelda en otros títulos.

Así que, en general, vemos un juego que recoge muy bien los elementos de dos: el ritmo, la cadencia y los patrones de Crypt of the Necrodancer y los enemigos, los objetos y habilidades y los personajes carismáticos de The Legend of Zelda. El único punto es que en los últimos compases (ja, ja) de este título, el juego se vuelve muy facilito. Tienes bastantes tipos de arma pero para mí la más fuerte es la lanza, que ataca a dos casillas de distancia y es muy fácil de entender y manejar, así que no he usado otra cosa. Las habilidades y la gran cantidad de contenedores de corazón que recibes te hacen ser casi invencible y lastran un poquito el ritmo (ya estamos otra vez) del juego. 

Aún así merece mucho la pena darle una oportunidad por sus grandes aciertos y también por sus pequeños secretos, por cada elemento puesto con orgullo y cariño para que te sientas familiarizado con un mundo que te ha dado toda una vida de juego. Por eso y por todo lo demás Candence of Hyrule es un título de lujo. Y por ello he querido recomendarlo en estas líneas.

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