Análisis Bugsnax

Juan Cash

Juan Cash

Recuerdo perfectamente la primera vez que vi Bugsnax. Fue en el evento de presentación de PlayStation 5 y me pareció espantoso. Una broma de mal gusto. Lejos de aumentar (aunque sea mínimamente) mi interés, la cosa fue a peor cuando vi que se trataba del último trabajo de Young Horses Games, los creadores del abominable Octodad. Con esto sobre la mesa, debo decir que probé Bugsnax únicamente porque era juego de lanzamiento de la nueva consola de Sony y, además, incluido en PS plus.Finalmente, he terminado totalmente enamorado de este JUEGAZO y he aprendido a no juzgar un título ni por su apariencia ni por sus creadores. Vamos al lio.

Eres un periodista anónimo, ya que en ningún momento se revela ni tan siquiera tu nombre. Acudes a una misteriosa isla en busca de una intrépida aventurera, Lisa, la cual solicita tu presencia para documentar un extraordinario hallazgo. 

La cosa se tuerce nada más llegar, ya que no hay ni rastro de Lisa y únicamente te encuentras con Canelo, el alcalde del asentamiento, el cual te cuenta que todo se ha ido a la mierda tras la desaparición de Lisa. Todos los habitantes se han ido del pueblo. Al parecer, el motivo de la huida no ha sido otro sino el de los innumerables enfrentamientos entre ellos. Unos se odian y otros se aman. 

Tu tarea es sencilla. tienes que reunir a todos los habitantes de nuevo en el pueblo, ya que esa será la única vía para encontrar a Lisa y conseguir tu jugosa entrevista.

Hasta aquí una historia de aventura. La historia de un periodista en busca del éxito. Pero hay un par de detalles que considero relevantes.

En primer lugar estos personajes no son humanos, son Gruñecos, o lo que es lo mismo, una suerte de teleñecos. Muñecajos hechos de algodón, pero con huesos, eso sí.

Por otro lado hay que tener en cuenta que la isla es un lugar extraordinario, debido a la existencia de unos seres inquietantes, los Bugsnax, o Bichisnax en castellano. Unos seres mitad insecto mitad comida que vuelven locos a los gruñecos.

Dicho esto toca reunir al pueblo de los peluches, para lo cual debemos localizar a dichos personajes y convencerlos para volver al pueblo. Parece una difícil tarea, ya que son bastante cabezones en su mayoría y sinceramente no le faltan motivos para preferir vivir en soledad. Convencerlos dependerá de su felicidad (o apetito), para lo cual tendremos que atrapar a sus Bugsnax favoritos y dárselos de comer (en la mayoría de los casos). Esto produce un divertidísimo efecto y es que cuando consumes uno de estos bichitos, alguna de tus extremidades se transforma en dicho producto. Es decir, si damos una fresa con ojos a nuestro colega, su mano/pierna/boca/nariz/pelo/oreja se convertirá en fresa. Nah de locos.

Es aquí donde está la magia de Bugsnax, al cual podríamos etiquetar fácilmente en el género de puzles. El grueso de la aventura será atrapar a estas extrañas criaturas mediante diferentes ítems que iremos obteniendo. Desde una trampa, hasta un tirachinas pasando por un gancho e incluso una plataforma lanzadora. Ir habituándose a estos objetos no será fácil y la cosa se ira poniendo cada vez más difícil. Es decir, al principio solo tendremos que acechar a nuestra presa, poner la trampa y ser pacientes. Pero a medida que avanza la aventura nos encontraremos con criaturas de fuego/hielo que nos darán algún dolor de cabeza, ya que tendremos que “apagarlas” antes de poder capturarlas. Así como algunos bichos agresivos y otros huidizos. Es todo un galimatías en muchísimos casos capturar al animal elegido por el gruñeco y esto se traduce en una malsana diversión por capturar a todos los Bichisnax.

Pero la cosa va más allá del Pokemon de la comida. Los gruñecos son personajes muy complejos psicológicamente. Tienen sus inquietudes y sus problemas, ya sean existenciales, amorosos e incluso animalistas. Por ello es fascinante ver cómo van evolucionando, en muchos casos dejando atrás sus problemas. Esta es la otra cara de Bugsnax, la que no veíamos venir, la cara de un juego muy adulto que actúa casi como una visual novel, con (insisto) personajes perfectamente construidos, mucho más “humanos” que en otros juegos.

Bugsnax te abre la puerta con sus mecánicas, pero te atrapa con su narrativa, sintiendo un fuerte interés por saber qué cojones pasa en esa isla y, sobre todo, por ver cómo se resuelve, lo cual, ya digo, me parece un final muy muy redondo.

Visualmente es algo pobre, no parece next gen, pero esto es lo de menos, ya que el apartado artístico está ahí para salvar la situación, con un diseño de personajes (sobre todo los Bugsnax) perfectamente construido, con ese puntito que bien podría servir como máquina de hacer dinero en forma de merchandising.

Además, hace un uso bastante correcto del DualSense, lo cual se agradece, sintiendo las pisadas así como los soniditos de los bichos una vez capturados (por citar un par de ejemplos) y el rendimiento es cojonudo, tiempos de carga inexistentes y una fluidez sensacional. Además, creo que el título hace muy bien eso de tener personalidad, no solo a través de los personajes, sino también mediante su excelente banda sonora, que suena tan tropical como su entorno resulta ser. Creo que si te ponen la música sin haber visto nada del juego, puedes imaginártelo tal cual resulta. Diez de diez.

En conclusión, Bugsnax ha resultado ser toda una sorpresa, un muy videojuego, original, fresco y divertido. Un juego que bajo una carcasa infantil encierra todo un mundo de problemas adultos, cargado de metáforas sobre muchísimos temas cotidianos. Bugsnax no solo es un juego de capturar animalillos sabrosones, sino la historia de un grupo de personas que ha perdido el control sobre sus vidas. Una historia de redención. Al final no solo “somos lo que comemos” sino también lo que muestran nuestras acciones. Juegazo contra pronóstico.

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