Análisis Bravely Default II

Daniel Ureña

Daniel Ureña

Fundador y sufridor de Invisible Movement.

Había muchas ganas de volver a la saga Bravely. Sus dos entregas en 3DS son muy queridas, sobre todo la primera, y la llegada a Switch de Bravely Default II tenía a los fans de la saga y a los del JRPG en general con ganas de ver qué tal le sentaba el paso a la última consola de Nintendo y también qué sorpresas guardaría esta nueva entrega.

Para bien y para mal, la nueva entrega a cargo de Claytechworks y Team Asano (Silicon Studios se había encargado de los previos) tiene la mirada demasiado puesta en los dos títulos anteriores y en muchos aspectos no es capaz de desplegar las alas o de marcar su propio camino. Por suerte, el combate, el pilar central de la saga, es una auténtica maravilla y en este caso ayuda a paliar algunos puntos flojos de la entrega.

Bravely Default II nos cuenta la clásica historia de unos héroes que deben salvar al mundo. Nuestro cuatro protagonistas deberán hacer un tour de force para recuperar los cristales de turno que ayudarán a evitar la catástrofe. Que el planteamiento lo tengamos más que manido no implica nada realmente sino lo importante es como el título es capaz de desarrollarlo; al final es la eterna lucha del bien contra el mal que no difiere demasiado de lo que vemos en un alto porcentaje de RPG’s.

Precisamente en lo que peca el juego es en tener un desarrollo muy flojo, con unos tiempos muy mal medidos y un desinterés en ciertos momentos de diferentes aspectos que lastran muchísimo la obra en general. Ya desde el principio nos encontramos con unos personajes que se ven motivados demasiado artificialmente para unirse entre ellos y cumplir su cometido. A medida que avancemos la tónica será esa y no se hace demasiado esfuerzo en reforzar los vínculos entre ellos y solo cuando les interesa se avanza dando largas zancadas dejando, una vez más, la sensación de artificio.

Es curioso porque para subsanar esa artificialidad se han utilizado las conversaciones eventuales, que ya hemos visto en otro títulos y nos dan la opción de profundizar un poco más en los caracteres de los protagonistas, en sus gustos y miedos. Desgraciadamente, no están demasiado bien escritas y no ayudan demasiado a naturalizar las relaciones entre ellos. Lo que sí ayuda un poquito más son algunas misiones secundarias que sí hacen un pequeño esfuerzo en este aspecto, pero el jugador las puede obviar ya que hablamos de unas 100 misiones secundarias, gran parte de la cuales son de mensajero o de mata X enemigos, y las realmente interesantes pueden quedarse perdidas entre esa amalgama.

Otro punto que hubiera necesitado un poco más de amor es el de sus villanos. No me extrañaría que se quejasen al sindicato de villanos de JRPG’s porque el mal uso que se hace, especialmente de dos de ellos, es un poco indignante. Me hace gracia pensar como que el propio juego es un gran villano que tiene a sus esbirros y cuando no los necesita se deshace de ellos sin pensarlo, sin tener en cuenta todo lo que se había construido alrededor de ellos. Simplemente ya no servís. Literal. Es una pena porque especialmente uno de ellos, podría haber jugado un papel mucho más interesante y que rompiese un poco el aire excesivamente clásico que reina en el juego.

Y es que Bravely Default II recorre todo los clichés habidos y por haber del género y sus primos cercanos. Desde la pérdida del guardián (el clásico de los clásicos o como me gusta llamar a mí la pérdida Fire Emblem), el pasar por las zonas dominadas por un elemento en particular (el desierto, la zona de nieve, la lava, etc) o el romance sí o sí entre el supuesto protagonista y la princesa/reina/líder espiritual. Como decía antes, eso no es para nada malo pero sí que esta vez el juego no está a la altura y se limita a marcar checks sin trabajarlos demasiados. Además, y esto ya es muy personal, ya está bien de asociar por ejemplo el desierto con la típica canción de desierto (seguro que sabéis el estilo de música del que os hablo). ¿Podemos innovar y saltarnos esas uniones tan sobadas?

Y para cerrar el tema nos queda hablar de la relación de esta entrega con las anteriores. Bravely Default II no guarda ninguna (al menos que yo haya visto) con las dos anteriores. Pese a su II en el título no es una continuación del primero, la verdadera secuela de Bravely Default es Bravely Second: End Layer por lo que no hace falta haber jugado a los dos anteriores. Los fans de la saga sí que encontrarán una estructura similar y sobre todo se darán de bruces con los cliffhangers típicos de la saga. Una vez más, se echa de menos un poco más de trabajo en este aspecto ya que parece que se hayan tenido que incluir porque “tienen que estar” para poder cumplir con el check de la saga y el juego se rebusca en sí mismo para poder justificarlo.

En general, en el aspecto de la historia y su desarrollo el combo formado por Claytechworks y Team Asano ha querido encorsetar su visión a la estructura que Silicon Studios utilizó para los dos anteriores títulos y el ejercicio no ha salido bien en este aspecto. Por suerte, no todo ha sido así.

Y es que el combate lo salva absolutamente todo…

Bravely Default II continúa con el excelente sistema que nos permite conservar (Default) o “pedir prestado” (Brave) turnos futuros en función de la estrategia que queramos seguir. Todo funciona como un reloj y ya no solo el planteamiento es maravilloso sino que el desarrollo de los combates, sobre todo con los jefes finales, suponen un reto interesantísimo para el jugador. El sistema Brave/Default se complementa perfectamente con el de los trabajos (aquí llamados asteriscos). A cada personaje podremos asignarle un trabajo, que irá subiendo de nivel y que le modificará sus atributos, su habilidad con armas y le permitirá aprender habilidades únicas (tanto activas como pasivas). Luego podemos ponerle un segundo del que podrá utilizar sus habilidades activas aprendidas y para rematar la jugada podremos equiparnos cualquier habilidad pasiva que hayamos desbloqueado en cualquier trabajo. Aunque así pueda sonar confuso no lo es y la progresión está perfectamente nivelada ya que a medida que vayamos consiguiendo asteriscos, iremos jugueteando con ellos, haciendo pruebas y buscando la combinación ganadora en cada momento.

Toda la falta de mimo que hay en la historia es inversamente proporcional a la de sus combates. Ya no solo por el sistema en sí sino por lo bien que se plantean los enfrentamientos, por como el juego te obliga a no estar cómodo para que te reinventes y le saques partido a los más de 20 asteriscos que ofrecen muchísimas posibilidades y experiencias muy diferentes. Mención aparte merecen las luchas contra bosses que en el fondo no dejan de ser puzles encubiertos en lo que tendremos que ir modificando nuestra estrategia constantemente para adaptarnos, ver sus debilidades, identificar rápidamente con qué nos contraataca, estudiar sus patrones… una delicia para los fans de los combates por turnos y no solo para los veteranos del género sino que los recién llegados también podrán adaptarse sin problemas.

Otro piedra en el camino del género y en la que tropezaba, más o menos recientemente, Octopath Traveller es la del grindeo (tener que combatir de más para poder hacer frente a los desafíos de la historia). Bravely Default II se salta el obstáculo y con seguir nuestra historia podremos avanzar por el juego siempre y cuando no seamos vagos a la hora de preparar a nuestros personajes. Aquí es más importante con qué asteriscos y habilidades hacemos frente un boss final que estar cinco niveles por debajo de lo que deberíamos. Como digo la gracia también es que esa estrategia salvadora seguramente no nos sirva para el siguiente gran combate por lo que a juguetear con nuestros asteriscos tocará.

Como buen JRPG que se precie también tendrá contenido post game en forma de combates muy exigentes contra enemigos especiales o contra varios bosses a la vez. Territorio exclusivo para aquellos que quieran exprimir al máximo las bondades del combate y quieran un desafío mucho más complicado que cualquiera de la historia normal. ¿Se disfrutan? Sí ¿Se sufren? También.

Por cierto que el título también tiene un mini juego dedicado a las cartas, como ya pudimos disfrutar en Final Fantasy VIII o Final Fantasy IX, que no está para nada mal y nos puede tener entretenidos unas buenas horas.

Un cambio importante que preocupaba a los fans de la saga es el sufrido en la parte de arte. En esta entrega no contaban con el fabuloso (y superstar) Akihiko Yoshida que había participado en las anteriores entregas además de colaborar frecuentemente con otras sagas de Square Enix como Final Fantasy o Nier. Ahora teníamos al mando a Hajime Onuma y Naomi Ikushima que hacen un gran trabajo con el diseño de personajes y el de las ciudades pero que contrastan un poco con algunos elementos 3D del mapeado. En general, el juego se disfruta visualmente sobre todo cuando se hace zoom out sobre una ciudad y vemos en toda su esplendor ese arte espectacular. Aún así, esperaba algo más en los entornos cuando combatimos ya que que chocan un poco con el amor del hecho a mano que tienen otros decorados.

La música, por otro lado, siempre está a un altísimo nivel. La diferente variaciones del leitmotiv están bien buscadas así como las evoluciones de los temas particulares de cada personaje. Como siempre, la melodía de los combates es una de las más cruciales y tampoco fallan. Tanto los distintos temas para los jefes finales como las de los combates normales, especialmente el segundo, son muy disfrutones y le dan esa chispa a los ya de por sí emocionantes combates que nos esperan. Por añadir otra que me gustó especialmente os dejo una dedicada a una de las ciudades que visitaremos.

Para acabar, no podía dejar de comentar lo poco afortunada que resulta la localización al castellano. Tomándose la licencia de darle a uno de los protagonistas, Elvis, acento y expresiones argentinas o encasquetar a los habitantes de según que localizaciones un acento u otro. No tiene ningún sentido, no se justifica de ninguna manera y muchas veces hace que no te tomes en serio ciertos diálogos. Muy mal.

Bravely Default II cumple con creces en muchos aspectos pero en otros se queda demasiado corto. Si el combate no hubiera sido tan jodidamente bueno no sé si me hubieran entrado sus 70 horas de juego tan bien como lo han hecho. Es una pena porque con un poco más de atención, la historia se podría haber arreglado y haber dotado de más interés, dejándonos uno de los mejores RPG’s de los últimos años. Por desgracia, han querido ser conservadores (demasiado Default por hacer la gracia) y no desencorsetarse demasiado (o nada) y eso al final se paga. Ahhh pero el combate es tan bueno…

Una respuesta

  1. Totalmente de acuerdo con todo. Lo he disfrutado mucho y las 70 horas se me han pasado volando. Los combates son geniales pero la historia no está nada bien llevada. Le falta la magia y originalidad que si que tenían la primera y segunda parte. Es una pena porque parece que nunca veremos la continuación a esa historia… (bravely second dejaba unas tramas abiertas). En resumen un buen juego pero una decepción si lo comparamos con los que lo preceden 🙁

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