Análisis Borderlands 3

Se hizo esperar pero, por fin, una nueva entrega de Borderlands llega a la actual generación que ya está tocando a su fin. Borderlands 3 se ha hecho de rogar y hemos tenido que pasar por algunas remasterizaciones para poder disfrutar de nuevos buscacámaras, nuevas armas, villanos y nuevos chistes marca de la casa.

Para bien y para mal las cosas no han cambiado demasiado en Pandora. Borderlands 3 sigue la estela de las anteriores entregas sin apenas innovación pero asegurando sus virtudes que lo han mantenido como uno de los shooter looter más queridos por la comunidad. Aquellos que no se sentían confortables con la saga de Gearbox o que esperaban un paso adelante en esta nueva entrega, puede que se den de bruces con la comodidad de esta nueva aventura.

Pandora sigue plagado de bandidos y cabronazos.

Nuestras andanzas comenzarán, como no, en Pandora y rápidamente nos veremos inmersos en el exponencial aumento de popularidad de los gemelos Calypso, influencers militarizados que han levantado una nueva banda, los Hijos de la Cámara. Sin darnos cuenta acabaremos en una nave, reencontrándonos con viejos conocidos y viajando por diferentes planetas, recolectando armas sin parar, en busca de nuevas cámaras mientras intentamos acabar con la tiranía de los nuevos villanos.

La fórmula es la misma de siempre y sus virtudes y defectos se repiten. Borderlands 3 es un shooter en primera persona en el que lo más importante son sus armas. Millones de ellas nos esperan para disfrutar solos o de manera cooperativa (local u online) mientras recorremos el universo y disfrutamos del característico humor de la saga que embadurna cada rincón del juego; Gearboxs sigue teniendo facilidad para crear personajes bizarros y divertidos chistes que harán amenas nuestras partidas.

Pese a ello, mi aventura ha sido muy irregular y es que el juego es una auténtica montaña rusa no tanto por los giros de guión o por las misiones más o menos acertadas sino por lo a gusto que me sentía con mi configuración de armas. Y es que Borderlands es sinónimo de armas y el azar del looteo puede convertir nuestra partida en una diversión sin fin o bien en un intercambio tedioso de balas, todo ello en función de lo que llevemos equipado. No me refiero tanto a que la dificultad sea más alta o más baja o a nuestra habilidad con el mando sino a la diversión del gunplay que nos ofrecen los encuentros contra bandidos, robots o bichos gigantes.

Si queréis visitar Pandora, FL4K y sus bestias son nuestra recomendación.

El gunplay de la saga, pese a ligeras mejoras para esta entrega, está envejeciendo y aunque tenemos nuestros poderes (muy variados entre los cuatro personajes disponibles) para intercalar con nuestros tiros, en frío, estamos ante algo muy clásico y corto a estas alturas de la película. Todo el peso de la diversión recae en las armas que son las que aportan su propias mecánicas (variadísimas, divertídisimas y para todos los públicos) y nuestra diversión siempre irá atada a lo que llevemos equipado por lo que si durante un par de horillas llevamos un arsenal poco vistoso y que además está un poco por debajo (o igual) del nivel de los enemigos, los combates pueden ser un tedio de intercambio de balas sin ningún tipo de reto ni diversión. Nuestras sensaciones serán muy diferentes cuando lleguemos a la cima de la montaña rusa y toque la bajada o lo que es lo mismo, tengamos un buen feeling con nuestras armas, vayamos con alguna legendaria overpowered y los combates sean ágiles y el juego fluya. Ese tipo de momentos son los que  Borderlands 3 debería de ser capaz de mantener constantemente porque es cuando las horas pasan volando, cuando sus pecados se perdonan y porque en el fondo es lo que el juego quiere conseguir pero no termina de hacerlo. Se me viene a la cabeza la locura que es el combate de Rage 2, la fusión casi perfecta entre el movimiento de nuestro personaje, sus habilidades y sus armas. Cierto que el juego de ID Software es más limitado y no es lo mismo una docena de armas que millones de ellas pero si la saga de Gearbox quiere prosperar deberá hacer un esfuerzo para actualizar su gunplay, hacerlo más atractivo y dinámico y no tan estático y pesado.

Una actualización urgente también requieren sus menús que poco han variado desde el primer juego. Son toscos, no cargan como deberían y moverse entre ellos no es nada agradecido. A día de hoy se demandan menús más intuitivos que no conviertan el arte de comparar armas en un bajón y que no tengamos que esperar unos segundos a que, por ejemplo, se cargue nuestro equipo en el menú. Un problema de rendimiento que también salpica a su jugabilidad en determinados momentos debido a ligeras caídas de frames (al menos en la versión de PlayStation 4) que lastran la experiencia y no deberían ocurrir en un título que precisamente no saca pecho de músculo gráfico; el juego se mantiene fiel a su identidad y ha conservado su estilo cartoon característico que esperemos reciba un buen lavado de cara para la siguiente entrega, aprovechando la nueva generación.

Os presento a la famosísima Tyreen Calypso.

Una de las grandes mejoras de la primera a la segunda parte fue la figura de Jack el Guapo, posiblemente uno de los mejores villanos de la década, ahora que está muy de moda hacer este tipo de listados. El que fuera líder de la corporación Hyperion dejó marca en nuestra segundo viaje a Pandora y se convirtió en la estrella indiscutible de Borderlands 2 por encima de los propios buscacámaras o la toneladas de armas. Borderlands 3 intenta repetir jugada con los Calypso y aunque el planteamiento es prometedor con esa crítica fácil al mundo de los influencers y “el todo vale», la historia se acaba diluyendo en un cóctel más orientado a los seguidores de la saga, gracias a la aparición de un buen número de personajes de anteriores entregas (incluido Tales from the Borderlands), que a profundizar en su propuesta inicial que hubiera podido dar mucho juego teniendo en cuenta la mala leche con la que a Gearbox le gusta sazonar sus juegos.

Pese a ello no quita que la historia es entretenida, nos sabe sacar la sonrisa, sobre todo gracias a esos personajes que a día de hoy solo encontramos en la saga, y hace un esfuerzo por ser algo más que una excusa para ir buscando loot sin cesar. Un loot que sí, como decimos, es lo más importante del juego y casi podríamos decir que cuando acabamos la campaña es cuando empieza el núcleo del juego gracias a su modo Caos, una opción que se activará tras poner fin a la historia y nos permitirá seguir deambulando por el universo del juego, con varios niveles de dificultad exigente pero con unas recompensas muy jugosas que se complementan con el rebautizado Nivel de Cabronazo, ahora llamado Rango Guardián, que nos otorgará suculentos beneficios a medida que avancemos y que nos motivará a seguir matando y encontrando nuevas armas.

Si caemos en sus garras, Borderlands 3 nos puede deparar un sinfín de horas de juego; convertirlo en este título que nunca desinstalamos y siempre tenemos ahí para seguir pegando cuatro tiros y matar cabronazos. El problema es que para morder el anzuelo deberemos de perdonarle ciertos aspectos jugables que muestran muchos signos de cansancio y bien merecen una nueva vuelta de tuerca para que la fórmula gane en dinamismo y diversión.

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