Análisis Bad North

En una isla tranquila, organizada adecuadamente para la supervivencia de unas pocas personas, la vida es cuestión de pausas. Aun así los mares son peligrosos y nunca se sabe qué hay más allá del horizonte azul que dibuja el mar en lo más lejano que alcanza tu vista. Por ello, la isla tiene un general y un pequeño ejército. Todo está tranquilo hasta que tus tropas avistan embarcaciones vikingas en el mar, con intención de invadirte. Pero el general coloca a sus tropas en el sitio adecuado y espera al momento preciso para derrotar al enemigo y salvar la isla.

Bad North es así. Un videojuego de estrategia puro. Su sistema de juego te lleva en un mapa en el que, por turnos, tienes que ir pasando de isla en isla y evolucionando tus tropas sin descanso. Su estilo ‘rogue-like’ hace que en cada partida las islas sean diferentes y los objetos y ayudas que encuentres, también. Pero para empezar, es un juego de pausas.

Las primeras islas de Bad North no te avisan del cataclismo final que te espera. Son calmadas, incluso relajantes experiencias de un videojuego de estrategia minimalista hasta decir basta. Solo puedes desplegar un máximo de cuatro tropas en una misma isla y estas pueden escoger tres clases pagando seis monedas de oro, que te dan cuando superas una isla, por los edificios que has conseguido mantener a salvo.

Así que vas avanzando y conviertes a tus tropas en soldados, fuertes contra arqueros por sus escudos; arqueros, fuertes contra tropas sin escudos, sobre todo si los colocas en las alturas y lanceros, fuertes contra tropas con escudos, sobre todo si los colocas en la orilla, para tirar a tus enemigos al mar.

Además de esto, tus tropas pueden conseguir sus habilidades de clase. También en ciertas islas encontrarás objetos que mejorarán algunas características de tus tropas (el número de personas en una tropa, su resistencia, etc…) Todas estas características puedes mejorarlas, así que tendrás que saber muy bien cómo gestionar las monedas que recibes, pues después de salvar una isla, repartes las monedas que te proporcionan los edificios que han quedado a salvo entre todas tus tropas. Así, al final de una isla, una tropa puede tener cinco monedas, una ocho y otra dos. Para que se entienda mejor, la mejora de clase cuesta seis monedas y solo puedes mejorar a una tropa si posee esas monedas. Así que saber a qué tropa dar prioridad es muy importante, casi tanto como saber posicionarlas en el mapa.

Y por esto Bad North es un videojuego de mínimos que se hacen máximos. Tienes que controlar cuatro ‘cosicas’. En las primeras islas serán, incluso, dos: poner a tus tropas en la isla y en algún caso, llevar a alguna a que se cure en los edificios. Pero según vas avanzando, tienes que estar más concentrado en la geografía de la isla que ahora tienes que defender; en cómo, cuándo y dónde vas a colocar tus tropas y usar sus habilidades. El milímetro es la medida perfecta en esas ocasiones: no haber invertido una moneda más en esa tropa te supone perder más de una hora de partida y entonces, vuelta a empezar.

A Bad North su ritmo le juega una mala pasada, demasiado lento al principio y demasiado precipitado en los últimos compases de la partida. Su curva de dificultad se ensancha de repente y ahí es cuando tienes que pensar en qué has hecho mal. El juego de Plausible Concept te enseña con la primera partida, sí, pero te hace ‘pasar por el aro’ de la derrota y eso puede echar para atrás a más de uno. Esto pasa cuando ya sabes perfectamente lo que tienes que hacer, pero tienes que pasarte 5 o 10 islas en las que los enemigos vienen ‘de mil a quinientas’ y eso retrasa mucho la rejugabilidad del juego, que es su punto fuerte.

Y es que sí, jugar a Bad North es divertido. Si tienes un ‘ratico’, enciendes la consola, cargas el mapa y directamente entras en la acción. Cada partida es diferente y cada isla te propone un nuevo reto. Su progresión, aunque injusta en ocasiones, te reta a cada instante a mejorarte a tí mismo. Cuando en los últimos niveles realizas el ‘timing’ perfecto te sientes un dios bendecido por la sabiduría de la estrategia. Y eso engancha. Sus sonidos calmados y sus silencios en las batallas te meten de lleno en la epicidad y concentración que requieren estos juegos. Sus gráficos sencillos, minimalistas (como todo el juego) y agradables, dan juego a un espacio vivo y versátil.

Así que si buscas un juego de estrategia en tiempo real, sencillo en sus propuestas pero desafiante en su ejecución y de estilo minimalista, Bad North es tu título. Lo recomiendo para esos casos en los que te viene bien una experiencia que te haga descansar de ese juego de mundo abierto al que llevas echándole 100 horas de punto A hasta el punto B. Y no me digas que no te ha pasado. Te lo prometo, dale la oportunidad a Bad North y te dará ese momento diferente que estabas buscando.

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