Análisis Assassin’s Creed: Origins

Hace poco menos de un año que llegó al mundo Assassin’s Creed: Origins, la última entrega de la exitosa franquicia de Ubisoft que se tomó un descanso tras Assassin’s Creed: Syndicate, abandonando los lanzamientos anuales, para revisitar la saga y darle un nuevo enfoque que aseguraría su futuro y abandonaría la sensación de agotamiento que comenzaba a haber. Así fue, pues el equipo de Ubisoft nos brindó el mejor juego de la saga (con permiso de Assassin’s Creed II) que le daba una vuelta de tuerca para mantener a los fans acérrimos, atraer a los que lo abandonaron y captar nuevos interesados. Con el lanzamiento de Assassin’s Creed: Odyssey a la vuelta de la esquina, es una buena ocasión para descifrar las claves que marcarán esta nueva entrega y que hicieron de Assassin’s Creed: Origins un resurgir más que necesario.

ARGUMENTO Y PERSONAJES: NUEVAS VISIONES

Assassin’s Creed: Origins nos lleva al antiguo Egipto marcado por la presencia de figuras como Cleopatra o Julio César, para ponernos en la piel de Bayek, un antiguo medjay egipcio que protege a los ciudadanos del Reino Ptolemaico y que, a su vez, busca venganza por la muerte de su hijo, asesinado por una misteriosa orden desconocida que controla la mayoría de los territorios egipcios bajo las sombras con dureza y maldad. Bayek, junto a su esposa Aya, se alían con Cleopatra por mutuos intereses para perseguir a esta oscura orden.

Assassin’s Creed: Origins puede presumir de tener una de las mejores historias de la franquicia, reconocimiento tampoco difícil debido al bajo nivel narrativo de muchos de los juegos, pero si remarcable. Bayek funciona a la perfección como un protagonista querido y entendible, estando siempre alerta ante las posibles traiciones de Cleopatra por intereses políticos más allá de su deseo de venganza, actitud que choca con la de su media naranja, Aya, quién es fiel y leal a los intereses de Cleopatra. Los personajes secundarios en esta entrega (fuera de los que ayudan a mover la trama) no son tan potentes como en la grandísima saga de Ezio Auditore, pero ayudan a vivir anécdotas graciosas, curiosas o incluso lucrativas.

Algunos de los momentos más potentes los vivimos gracias a los flashbacks que puedes encontrar a través de la búsqueda de círculos de piedra por todo el territorio egipcio. Estos círculos de piedra forman constelaciones, y representan los lugares con los que Bayek iba con su hijo. Mientras buscas la constelación correcta, puedes disfrutar de los diálogos que ambos tenían en momentos mucho más felices, lo que crea una conexión mucho más cercana por nuestra parte con el vínculo que tienen ambos personajes, nos ayuda a comprender mejor las acciones de Bayek, y todo esto sin cinemáticas. La trama tiene otros puntos álgidos, como el famoso momento de la gran serpiente (tan cuestionado por su tráiler), o todos los compases finales. Lamentablemente, todo lo que ocurre fuera del Animus (es decir, nuestro mundo actual), carece de interés absoluto y total. Tras abandonar el camino de Desmond Miles en Assassin’s Creed 3, cualquier conexión con el personaje conectado al Animus es innecesario. Aún así, es muy interesante ver sus conexiones de lore con anteriores entregas e incluso con las novelas o la película.

JUGABILIDAD: UN CAMBIO QUE NO ABANDONA LA ESENCIA

No podemos hablar de la jugabilidad de Assassin’s Creed: Origins sin hablar primero de su sistema de combate, pues es el cambio más sustancial que ha sufrido la saga desde el paso del Assassin’s Creed original a Assassin’s Creed II. Si bien en anteriores entregas el combate ha sido estático, exageradamente fácil y, por momentos, aburrido, esta nueva etapa de la saga cambia de rumbo. Nos encontramos con un sistema de combate mucho más estratégico, más cercano a un RPG que a un Batman: Arkham Asylum como teníamos hasta ahora. El bloqueo, la evasión y las distancias son ahora vitales para salir airoso de un combate, ya no hay machaque de botones. El combate, el cual se siente mucho más pesado, pero muchísimo más satisfactorio, es marcado por la inclusión de un nuevo sistema de niveles, insólito para la franquicia. Este sistema de niveles va a determinar tu habilidad en el combate y la de tus enemigos, pues olvídate de atacar a un rival de nivel 20 si tu nivel es el 13. Podrías ganar, sí, pero el reto es mucho mayor. La clave del éxito del sistema de niveles en Assassin’s Creed: Origins es que no se queda en un simple número, sino que se aplica con la lógica necesaria para no frustrarte. No solo hay distintos niveles para los enemigos, sino que hay diferentes tipos de enemigos: si un soldado raso Ptolemaico es nivel 20 te va a ser mucho más fácil de eliminar que si fuese un soldado pesado del mismo exacto nivel, y esto se aplica incluso si eres de un nivel mayor a tus enemigos. No solo vas a limitarte a ver el número indicado arriba, sino que también vas a tener que tener en cuenta a qué tipo de enemigo de enfrentas. Todos estos cambios han rejuvenecido la saga a niveles más que satisfactorios, pues ya no vale solo con saltar y clavar tu hoja oculta, la dificultad es mayor, más exigente y más lógica.

La subida de niveles se consigue a través de puntos de experiencia que obtienes cumpliendo misiones, descubriendo partes nuevas del mundo, realizando secundarias, atacando a enemigos, cazando… es decir, jugando al juego. Nada está condicionado por los cofres y lootboxes, nada limita el progreso natural de personaje. ¿Están presentes? Sí, lo están, pero un servidor ni se dio cuenta hasta que hacia el final del juego lo vio en el menú principal, a diferencia de un videojuego como La Tierra Media: Sombras de Guerra, el cuál te está constantemente forzando intrusivamente a que compres lootboxes. Es algo a agradecer a Ubisoft, pues sientes que puedes jugar de forma natural y a tu propio ritmo para poder crear tu historia y personaje.

Esta subida de niveles te recompensa, no solo con mayores atributos de personaje que puedes ir mejorando, sino también con nuevas habilidades que pueden ser desbloqueadas a través de un gran y completo árbol de habilidades que aborda tres campos: el combate, el sigilo y la caza. Cada rama te otorga distintos atributos que puedes escoger a medida que avanzas el juego, y todo se siente en la medida que debe estar. Son completos, pero no son inagotables, síntoma que han tenido la mayoría de los juegos de mundo abierto que creen que más es mejor, cuando eso lo que convierte a un videojuego es en demasiado abrumador. La cantidad justa se encuentra en Assassin’s Creed Origins.

Otro de los novedosos añadidos es Senu, tu fiel y leal águila que puedes controlar a modo de “dron aéreo” para investigar la zona o descubrir secretos y enemigos. Controlar a Senu es muy intuitivo y le aporta una nueva mecánica al juego que justifica la ausencia de un minimapa, además de darle un toque más estratégico a la planificación de un ataque sigiloso.

Aun con todas estas nuevas mecánicas, nunca sientes que estás jugando a una “copia de”, pues la esencia de lo que hace Assassin’s Creed ser lo que es sigue ahí. Los controles de escalada e interacción con el mundo se han refinado, pero a la vez siguen siendo tan fluidos y bien implementados como en las anteriores entregas; la interacción con los NPC’s y las multitudes se han establecido mucho más, pero sigues sintiendo esa magnífica sensación de apartar a aquellos que se te cruzan por el camino que sientes desde el primer Assassin’s Creed; los escondites, saltos de fe y conducción de caballos y carromatos se han vuelto mucho más creativos y realistas, sin perder ni un atisbo de la espectacularidad y emoción que caracteriza estos momentos en la franquicia.

EL MUNDO ABIERTO: LA MARAVILLOSA EGIPTO

Posiblemente el mayor atractivo de la franquicia han sido siempre sus mundos, esas civilizaciones históricas que puedes explorar y rememorar, esos personajes icónicos que puedes conocer, esas regiones que no conocías y que puedes descubrir de un contexto histórico concreto. Egipto era una parada obligatoria para la saga, y una de las decisiones más inteligentes tras el tiempo sabático que se tomó Assassin’s Creed, que ya estaba agotada de ver ciudades y edificios, y no solo es inteligente por el cambio de registro más drástico, sino por el período escogido. El ascenso de Cleopatra, la presencia Romana en territorio egipcio y el misticismo presente de los antiguos faraones y la primera civilización egipcia consigue dotar al universo de Assassin’s Creed: Origins una variedad, interés y verosimilitud perfectas. No podemos olvidarnos del ESPECTACULAR apartado gráfico, con un campo de visión sorprendentemente largo, grande y detallado, una de las mejores recreaciones y físicas del agua jamás vista en un videojuego, y un nivel de detalle apabullante. Ya sean las zonas más pobladas, las más rurales, los desiertos más desolados, las criptas y cuevas más insólitas o los pantanos más peligrosos, la calidad gráfica es de digno reconocimiento.

La cantidad de cosas que puedes hacer en este gran territorio de Egipto es numerosa: podemos comprar nuevos atuendos que definirán nuestro nivel de alerta en según qué territorios, armas de distinto tipo (espadas largas y cortas, mazas, arcos…) que sirven para distintos cometidos como la lucha o la caza, y caballos o camellos pensados para cada tipo de superficie o territorio; podemos realizar misiones secundarias a modo de medjay protector, todas ellas variadas y nada repetitivas; podemos acabar con puestos enemigos y campamentos para reducir la presencia ptolemaica o romana de la zona; podemos ir a cazar todo tipo de animales (los cocodrilos y los leones te darán muchísimos quebraderos de cabeza) para venderlos o usarlos para mejorar nuestros atributos; tenemos la opción de abordar campamentos de caza y barcos enemigos para hacernos con su botín (o liberar a los animales) de diferentes y creativas formas; está la opción de luchar contra grandes colosos de la mitología egipcia en medio del desierto a modo de eventos temporales que Ubisoft realiza; podemos incluso luchar contra elefantes, y creednos, en algunos casos no es tarea nada fácil.

Uno de los puntos más importantes de este gran y amplio mundo es la exploración, ya sea de tumbas en las grandes pirámides u otras zonas inexploradas. La búsqueda de tablas antiguas, tesoros y secretos de las pirámides es emocionante de primeras, pero lamentablemente acaban repitiéndose más de lo que desearíamos. No por ello se hace pesado o aburrido, pero sí que estos interiores no están tan trabajados como esperábamos, más comparado con el nivel de detalle que tenemos en todo el mundo de Assassin’s Creed: Origins. No os equivoquéis, la exploración de cuevas, pirámides y secretos en este mundo es entretenida, divertida y más que interesante y satisfactoria. Es más, los secretos que descubrimos (y no revelaremos aquí) son merecedores de ser vistos. Esta exploración no es solo sobre terreno conocido y firme, sino que la exploración submarina cobra mucha importancia en esta entrega.

Para poder llegar a los distintos lugares de este gigantesco mapa tenemos distintas formas de transporte. Puedes escoger el viaje rápido a través del mapa o puedes ir tú mismo, recorriendo las distancias reales. Estos viajes variarán dependiendo del terreno, pues en algunos casos no tendrás más opción que ir a pie, bucear, ir en barca entre navíos enemigos o animales salvajes, o montar a caballo tanto rato que acabarás viendo espejismos en el desierto que te confundirán. Al no haber minimapa, te has de guiar solamente por una brújula que hay situada arriba de la pantalla, y si te pierdes siempre puedes seguir las estrellas fugaces, que te conducirán a la ciudad más cercana cuando estés perdido en el desierto. No solo el sistema de transporte es vital, sino que también el temporal determinará como abordas una misión o cuándo y cómo llegas a una zona en concreto.

CONCLUSIONES FINALES

Assassin’s Creed: Origins lo tiene todo para ser uno de esos videojuegos que marcan un antes y un después para una franquicia. El tiempo sin videojuegos de la saga le ha sentado de maravilla, y era más que necesario para poder tener entre nosotros uno de los mejores juegos de esta generación. Aún con sus puntos más flojos, no lo son lo suficiente como para manchar un Action-RPG de mundo abierto que merece ser jugado por todos, pero sobre todo por aquellos que dejaron la saga por agotamiento para darle una nueva oportunidad. Ahora, con el lanzamiento de Assassin’s Creed: Odyssey a la vuelta de la esquina, no hay mejor oportunidad de poder experimentar el renacer de una saga que ha asegurado de nuevo un futuro prometedor.

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