Análisis Alpaca Ball: Allstars

Reconozco que recibí mi copia de Alpaca Ball: Allstars con cierta ilusión. ¿Un arcade de fútbol en el que controlas alpacas que, aprovechando sus largos cuellos, golpean el balón con la cabeza? Tamaña locura, que bien podría haber surgido en una noche de borrachera con los colegas (“Sujétame el cubata”), enseguida captó mi atención.
Y es que, a falta de un Mario Strikers, la idea de un juego de fútbol desenfadado y alejado de la habitual experiencia de simulación que cada año nos traen el enésimo FIFA o PES, se me antojó más que apetecible.

Alpaca Ball: Allstars se divide principalmente en dos modos de juego distintos. El primero es el modo historia, un modo campaña bastante típico para estos juegos. En él te moverás por el mundo compitiendo en diferentes partidos de alpacaball, que así es como el juego se refiere a este hilarante deporte, con el objetivo de convertirte en campeón del mundo. En estos partidos se utilizarán distintos tipos de balón y de estadios, lo que le da una ligera variedad al juego (aunque eso es algo en lo que profundizaré más adelante). Entre partido y partido habrá distintos fragmentos de historia donde conocerás a tus compañeros de equipo y algunos personajes más. La historia, aunque un poco tonta, está salpicada con toques de humor que te sacarán más de una sonrisa.

El segundo modo de juego es básicamente uno en el que puedes elegir el tipo de estadio, duración, tipo de balón, número de jugadores, etc. Hacerte un partido a la carta, el amistoso de toda la vida. El juego admite partidos de hasta cuatro contra cuatro, eso sí, sólo en local. Así que si no tienes amigos/familiares suficientes para jugar, siempre podrás asignar el control de varias alpacas a bots.

Pero bueno, hablemos de lo que es jugar como tal más allá de sus modos de juego:

Para empezar, es importante resaltar que las reglas de Alpaca Ball no son las del fútbol: no hay saques de banda, ni faltas. Los partidos sólo se interrumpen tras anotar un gol. Hasta el saque de centro es diferente: aquí el balón nunca es para el equipo que haya recibido un gol, siempre se disputa. Todo muy similar a Rocket League, en el que seguro que los chicos de Salt Castle Studio, el equipo desarrollador, encontraron gran parte de la inspiración. De hecho, no sería descabellado decir que Alpaca Ball: Allstars es un Rocket League en el que se cambian coches por alpacas.

Los movimientos básicamente consisten en correr, golpear el balón con la cabeza, o intentar una suerte de coz en el aire. Aunque es muy posible que aturdas a tu propia alpaca mientras intentas este último tipo de golpeo, pues resulta poco menos que incontrolable. De hecho, yo acabé optando por no arriesgar y “asegurar”, así, con comillas, con el golpeo de cabeza. Lo pongo entrecomillado porque si hablamos del control tenemos que decir que aquí nos encontramos con el principal problema del juego. Y es que prácticamente nunca tienes la sensación de que realmente controlas ningún tipo de golpeo, todo parece cuestión de azar y, aunque precisamente por eso, muchas veces se dan rebotes, autogoles y situaciones divertidas, lo cierto es que este control basado en físicas resulta decepcionante, demasiado aleatorio. Por ejemplo: recuerdo un partido que perdí por cero a cuatro y que en la revancha gané por diez a uno sin sentir que realmente hubiera jugado mejor. La impresión jugable que te deja Alpaca Ball es que, más que un juego como tal, se trata de un simple mini juego de algún party game, y no precisamente uno de los más inspirados.

Existen ciertos power-ups que aparecen aleatoriamente para darle aliciente a los partidos. Desde uno que alarga el cuello de la alpaca, aumentando así su rango de golpeo; a otro que reduce drásticamente el tamaño de todas las alpacas salvo a una, lo que le deja cierta ventaja mientras dura el efecto; pasando por equiparnos  con un casco que nos permitirá noquear con facilidad a los rivales.

Pero estos potenciadores no son lo único distintivo del juego. También tenemos los diferentes tipos de balón que mencioné más arriba. Además del tradicional esférico, disponemos de una enorme pelota de playa, un disco de hockey, uno de rugby, otro con forma de dado y mi favorito: una suerte de balón bomba que de cuando en cuando estalla dejando aturdida a cualquier alpaca que se moviera dentro del radio de su onda expansiva. El problema es que realmente, salvo quizá el balón bomba, ninguno resulta más divertido que el balón normal. De hecho, la peculiar forma de algunos, hacen que sea totalmente impredecibles, lo que acentúa  aún más la sensación de aleatoriedad.

Los diferentes estadios  también pueden marcar una gran diferencia. Hay varios tipos, cada uno con un tamaño ligeramente diferente. Pero no sólo es una cuestión de tamaño, también los hay que cambian las esquinas del rectángulo por un semicírculo que, en mi opinión, mejora considerablemente la experiencia, ya que evita los muy habituales, e injugables, atascos en la zona del córner. Pero lo más llamativo es cuando el terreno de juego directamente sustituye su habitual superficie por, por ejemplo, una pista de hielo o por la arena de una playa. Lo triste, e incomprensible, es que no tendrá ninguna consecuencia sobre el control de nuestras alpacas, que se moverán exactamente igual.

A nivel gráfico es obvio que el juego no resulta ningún portento, pero es que tampoco lo pretende. Sus simpáticos diseños resultan más que convincentes y cumplen sobradamente con su objetivo. El apartado sonoro es simplemente perfecto, los sonidos de los chuts, explosiones y demás efectos, cumplen de sobra. Por otra parte, me veo obligado a destacar sus simpáticas melodías, que acompañan magníficamente, y que provocaron que más de una vez me sorprendiera a mí mismo tarareándolas.

La sensación final que te queda tras jugar a Alpaca Ball: Allstars es que, o bien les faltó ambición para llevar el juego más allá, o que el resultado se quedó a medio cocer por falta de tiempo. Una pena, porque la idea, como ya expresé al principio, es tan hilarante como atractiva. Podría haber resultado en una manera genial de pasar el tiempo con amigos.

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