Análisis Alba: A Wild Life Adventure

Montse MSillero

Montse MSillero

De cazadora de Pokemons a alma que vaga por el castillo de Drangleic, no hay experiencia a la que no se apunte.

Después de prácticamente un año de semi confinamiento, las escapadas, aunque virtuales, se agradecen. Y qué mejor que una escapadita al verano, a la infancia, a ese pueblo costero de playa gracias a Alba: A Wild Life Adventure. Y es que Ustwoo Games, creadores de Monument Valley, se atreven ahora con esta propuesta que no solo nos llenará de nostalgia sino que nos dará toda una lección ecológica.

Hotel de Lujo

Alba: A Wild Life Adventure te devuelve a la inocencia e ilusión de Alba, una pequeña de unos 7 años que se va de vacaciones a Pinar del Mar, el pueblo de los abuelos. Un pueblo costero ambientado en cualquier pueblo del Mediterráneo, especialmente de Valencia. Y como tal reconoceremos los chiringuitos con sombrillas, colchonetas y demás bártulos de playa, su paseo marítimo y su tranquilidad. Pero nuestro abuelo tiene la afición de avistar aves, así que lo primero que nos dará al llegar al pueblo es una guía con la fauna de la zona y un móvil para que podamos fotografiar y coleccionar todas las especies que podamos. 

Sin embargo, lo que comienza y se plantean como las típicas vacaciones tranquilas, se acaban convirtiendo en todo una aventura cuando se anuncia la construcción de un macro hotel para recuperar la economía de la isla. El problema es que este proyecto urbanístico pretende destruir la reserva natural.

Tirad el reloj hacia atrás y decidme si cuando erais pequeños y pequeñas no os montabais aventuras de cualquier situación. Pues aquí ya tenemos una misión real, así que Alba, junto a su amiga Irene, crearán una asociación cuyo reto será salvar la reserva natural. Y lo que tendremos que hacer es reunir firmas para frenar esos planes y rehabilitar la reserva.

Escanear Ave

Pero no nos olvidemos que estamos de vacaciones y Alba es una niña. Como tal, corretearemos por toda la isla mientras cumplimos ciertos objetivos diarios. Porque al inicio mencionaba que quieren darnos cierta lección ecológica, así que tendremos misiones simples como reparar elementos de la zona como nidos o parte del patrimonio de la zona, salvar animales, recoger basura… Y a medida que lo vamos haciendo, más animales irán apareciendo, lo que a su vez permitirá abrir los ojos a los habitantes del pueblo para que valoren la riqueza natural que tienen. Gracias a esos encargos y a esas mejoras recaudaremos firmas para parar ese horrible hotel.

Si os preguntáis si cumplir esas misiones puede verse como algo tedioso os respondo que no lo es, para nada, puesto que lo plantean de una manera muy natural. Y quizá una de las cosas que más valoro es como han logrado que lo vivamos desde esa perspectiva de una niña que disfruta de la aventura que se ha visto envuelta. Disfrutaremos con los gestos infantiles que hace, totalmente fieles al que sería el comportamiento de una alegre e inocente niña de su edad. Y es precisamente cuando te dejas llevar por esa ilusión que transmite Alba, cuando más disfrutas y te relajas. Porque Alba: A Wild Life Adventure es una aventura para disfrutarla de manera tranquila. 

Reserva Natural

Mientras, fotografiaremos especies locales para que queden registrados y podamos tener su ficha. Sí, como si de una Pokédex se tratase. Y realmente en nuestra cabeza sonará ese “Hazte con todos”. Más de 50 animales representados de manera muy fiel tanto en su apariencia como en el propio comportamiento y movimientos que lo hacen de lo más realista. 

Se echa de menos más variedad de animales. Quizá poder profundizar no solo y especialmente en aves, aunque también hay ardillas, gatos y hasta delfines, pero sí más variedad como por ejemplo insectos, peces o plantas.  Pero es cierto que me imagino estando por el Delte o por alguna reserva natural de la zona y probablemente piense en lo que exactamente han creado.

Del mismo modo que los sonidos. El juego no tiene demasiada música porque lo que quieren es que estemos pendientes y disfrutemos del sonido de las olas, de las diferentes aves, y de toda la naturaleza que nos rodea. Aunque como curiosidad, podremos sintonizar la emisora que queramos si nos encuentras una radio. Todo denota el cuidado y mimo que le han dedicado a este título. 

Alba: A Wild Life Adventure nos hace pasear por un pueblo ficticio pero ambientado de tal manera que logra hacértelo tuyo por recordarte a algún pueblo costero en el que has veraneado: los chiringuitos de la playa, las tiendecitas, las callejuelas e incluso el castillo en la cima, el aroma a mar que casi puedes percibir, el arrozal y como no esas paellas.Todo ello para hacerte meter más fácilmente en la piel de Alba, devolverte ese recuerdo de la infancia y hacerte sentir nostalgia. Y gracias. Gracias por saber definir tan a la perfección un pueblo de la costa mediterránea y a esto me refiero hacerlo sin nombrar los toros ni el “OLÉ”.

Pinar del Mar es el típico pueblo en el que la gente joven se ha ido en busca de un futuro mejor y que, sin apenas turismo, se pretende dar un soplo económico. Todos hemos visto desaparecer esa zona más verde convertida en bloque de edificios, o esa antigua librería convertida en algo más moderno y lucrativo. Crecer y recordar ese pasado crea nostalgia y es algo con lo que han sabido jugar muy bien. Pero el mensaje de concienciación es potente: es una denuncia a la masificación de las costas, a la corrupción, a la necesidad de reciclar.. Pero va más allá. Está claro que los políticos tienen responsabilidad, pero nosotros también. No solo porque escogemos a esos políticos que nos gobiernas son porque está en nuestras manos provocar un cambio, forzarlo.

Es curioso como con esa calma e inocencia y jugando con la nostalgia en el fondo nos transmiten fuerza para darnos cuenta que los pequeños detalles suman. Se trata de una aventura muy necesaria en los tiempos que corren. Y aunque los más pequeños la disfrutarán muchísimo y les servirá como herramienta educativa, los más mayores sabremos valorar el mensaje que lleva. No nos olvidemos que hace tiempo que los juegos son algo más, pueden ser cultura, y lo son. Proteger el medio ambiente está en manos de todos y las acciones del día a día, cada pequeño gesto cuenta, son los que acaban provocando cambios.

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