Uncharted 4 – Un regalo para el jugador

Allá por 2007, cuando salió PlayStation 3 al mercado, fue una época de grandes lanzamientos para la plataforma de Sony. Recuerdo tener la consola un día anterior de la fecha de lanzamiento gracias a unos chanchullos de mi querido padre, y al día siguiente registrarme en PSN para descargarme todas las demos que habían. Tengo un claro recuerdo de descargar la demo del genial Resistance: Fall of Man, del entonces sorprendente MotorStorm, y de uno en particular que me encandiló a amar lo que se había hecho. Era el primer juego de la nueva franquicia de la desarrolladora que marcó mi infancia con un Bandicoot que me hizo disfrutar como nunca, una entrega que cambiaría por completo la escena del videojuego en ese momento, que sorprendería por su encanto y sus magníficas mecánicas. El juego de Naughty Dog, Uncharted, supuso una fascinante diversión para miles de jugones, que encontraron en la consola de Sony un sitio para vivir experiencias que se acercaban más a un enfoque semi-cinematográfico que otras. Naughty Dog volvió a ganarse un puesto entre las grandes con Uncharted 2, que sobrepasó todos los límites de lo que entendemos por calidad y colocó una obra maestra en su catálogo, y con Uncharted 3 confirmó que la desarrolladora era capaz de crear momentos absolutamente espectaculares. Ahora bien, para comprender la epicidad creativa que hay detrás de esta última entrega de PS4 hay que pararse un segundo a hablar de una de las mayores obras de arte de los videojuegos.

Aunque parezca extraño, no se puede entender este último episodio de la saga sin The Last of Us. Es más, creo que ahora ya no podemos entender a Naughty Dog sin hablar de The Last of Us, y de lo que ha supuesto. El juego que cerró su generación incluía una narrativa de una madurez creativa que salía de los estandartes de la desarrolladora, cogieron todo lo que funcionaba en Uncharted y lo mejoraron al 200% y, lo más importante, le aportaron un toque humano de escándalo. No nos engañemos, la saga Uncharted no se caracteriza por una profunda historia, bebiendo directamente de la saga cinematográfica de Steven Spielberg Indiana Jones, sino que juega en otro tipo de liga, en la cual sigue siendo líder. Uncharted 4: A Thief’s End es la esencia de Naughty Dog, es el cóctel de lujo de todo aquello que han experimentado, envuelto en un acabado asombroso. Uncharted 4 no puede comprenderse sin hablar de The Last of Us, y eso es porque en el final de la saga nos encontramos con un potente factor humano, una narrativa que ya no bebe solo de situaciones, sino de las sensaciones de personajes. ¿Por qué tenemos entonces sensaciones similares que en The Last of Us cuando estamos con Nathan Drake en su habitación disparando con una pistola de mentira como un niño, cuando escapamos de la prisión, o cuando llegamos al prólogo final? Muy fácil, por el viaje de nuestros protagonistas durante 9 años. Ya pueden ser los personajes más planos de la historia que sentirás un especial cariño hacia ellos. Naughty Dog sabía muy bien lo que hacía con el juego de la última consola de Sony, y lo ha aprovechado a la perfección. Momentos como los comentados se suman a la espectacularidad ya conocida de una saga que sorprende constantemente, sobre todo en el apartado gráfico. En serio, el nivel de detalle que tiene este videojuego es memorable.

Tal y como predica el título, este es el final de un ladrón, y el símil con el pirata Henry Avery no podía ser más acertado. Al igual que le ocurre a nuestro caza tesoros favorito en las anteriores tres entregas, al viejo pirata le podía la codicia y la búsqueda hasta el final del tesoro. Ahora nuestro protagonista es ya maduro, y sabe que hay un momento donde terminar todo. Su hermano, por el contrario, no ha evolucionado en ese sentido y se sigue poniendo en peligro para llegar al final de la historia. Es cuando Nathan Drake decide ir tras él, porque no puede arriesgarse a perder “de nuevo” a su hermano, el impulso emocional es más poderoso que el racional. Ese momento quizás sea una representación de lo que nosotros como jugadores queremos sentir en Uncharted, una aventura que estimula nuestro impulso emocional, no jugamos al juego por escondernos o acercarnos a una huida como con The Last of Us, sino para experimentar el riesgo y la tensión de todo lo más espectacular que se pueda imaginar sin perder la verosimilitud dentro del pacto jugador-videojuego. Obviamente hay mucho a comentar, como la evolución personal de Drake respecto a su futuro y su relación con Elena, la espectacular elaboración de los scripts en según qué zonas, las partes del juego más cargadas de fuerza emotiva como las fases de jóvenes, la exploración por las islas de los dos hermanos, la escalada en solitario a través de las montañas lluviosas, pero hay dos elementos que son los que definen a Uncharted 4: A Thief’s End como mucho más que un simple cierre de saga. El epílogo y el cameo del primer Crash Bandicoot.

Esta obra podría haber terminado perfectamente con esa secuencia en el muelle, en la que Sam y Sully parece que seguirán con sus aventuras, y Elena y Nathan se embarcan en otro tipo de aventura, esta vez sin disparos ni explosiones de por medio. Un final convencional, al igual que los de los anteriores juegos. Naughty Dog nos sorprende y aparece de repente un epílogo en el que manejamos a una joven niña por su casa. Resulta ser la hija de Nathan y Elena. A través de sus ojos exploramos la vida de nuestros protagonistas, esa vida que no hemos visto y que ha ocurrido en una gran elipsis temporal. Una vida de ensueño en una casa junto a la playa. En ese viaje por el tiempo a través de unos ojos jóvenes nos encontramos también al bueno de Crash, pero comentaremos eso más tarde. Llega el momento clave en el que abrimos un armario que se suponía que no debíamos abrir, y lo que nos encontramos es un buen cúmulo de armas, reliquias, y lo más importante, un álbum. Al abrir ese álbum sacamos las lágrimas al ver las fotografías tomadas durante El Tesoro de Drake, El Reino de los Ladrones y La Traición de Drake, junto a los escritos de todas nuestras aventuras vividas. Acto seguido, aparecen nuestros protagonistas, ya bastante más maduros físicamente para explicar sus aventuras a su hija, todo aquello que han vivido y todas las maravillas que han presenciado. Un regalo para los jugadores, pues es el regalo que nos merecemos. Estamos rodeados de finales insatisfactorios en sagas importantes (muy buenas Mass Effect, sí, estoy hablando de ti), y por fin tenemos un final que no nos concentra solamente en el final, sino en un último viaje amable a través de 4 videojuegos que han marcado un antes y un después. La última fase de exploración que tendremos jamás en Uncharted, y no es una exploración de ruinas y mundos perdidos, sino una exploración a través de las memorias, de los recuerdos, del amor a los personajes que nos han acompañado este tiempo. Un cierre que reconforta una sensación de satisfacción y agradecimiento por los videojuegos de una forma única y especial.

Y acabamos el artículo hablando del cameo del Crash Bandicoot original. No es un simple cameo, pues aparece en dos momentos muy bien escogidos del juego. Uno de ellos es hacia el principio, cuando controlamos a un Drake nostálgico en su casa, y podemos jugar al juego de 1996 mientras él y Elena lo van comentando. La nostalgia de Drake unida a la nostalgia de nosotros, los jugadores, con el primer juego que realizó Naughty Dog. El siguiente momento es durante los créditos anteriores al epílogo, donde de nuevo controlamos al querido personaje, para después enseñarnos que hemos estado jugando como la hija de la pareja de exploradores. Aquí la nostalgia ya no se siente como algo melancólico, sino como una nostalgia de agradecimiento, una sensación de gratitud por todo lo acontecido con esta compañía, y no solo eso, sino como una forma de recordarnos que los tiempos y las formas cambian, pero la esencia siempre será la misma, la original, la que hace grande a Naughty Dog, la que ha hecho grande a Uncharted, y la que hace grande a los videojuegos.

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