Nintendo y Sony – Polos opuestos, ¿mismo objetivo?

Hace unos pocos días estuve teniendo bastantes discusiones con un buen amigo mío sobre la motivación de los videojuegos y sus propósitos. Ambos chocábamos bastante en cuanto a nuestra visión de los videojuegos. Realmente no hay una visión válida y otra que no lo sea, sencillamente cada uno tiene su propia opinión de cuál ha de ser el objetivo de la industria del videojuego. Lo que me di cuenta, es que ambas visiones son compartidas por un gran grupo de gente, y se podrían extrapolar a muchas de las eternas discusiones que se tienen entre aficionados.

Básicamente se reducía a lo siguiente: yo me quejaba de la poca capacidad de Nintendo de inventar una nueva franquicia o de hacer algo completamente nuevo cogiendo una franquicia ya asentada. Mi posición se basaba en que no había riesgo alguno en Nintendo de buscar crear algo nuevo y que se basaba básicamente en vivir de los Mario, los Zelda y demás franquicias conocidas por todos. Me apoyaba en que, en los últimos años, la única IP destacable e original que han hecho fue Splatoon, y quitando esta, tenemos que remontarnos a Super Mario Galaxy. No hablaba de buenos juegos, ya que un Mario Kart puede ser muy buen juego, pero no es nada nuevo que no llevemos viendo desde hace años y años. Su contra-argumento era el siguiente: lo importante en los videojuegos es la diversión, es un ocio del cual disfrutar al máximo, y una consola como Nintendo es la que mejor lo consigue desde hace años. Me comentaba que para él tenía más valor un nuevo Pokémon o un nuevo Smash Bros Brawl que un nuevo God of War o un Heavy Rain, por el factor de diversión y falta de pretensiones de querer ser “algo más” del videojuego. Efectivamente, se trata de dos visiones distintas, representadas por Nintendo y Sony, que se reducen a lo siguiente: ¿el videojuego merece ser un arte que busque la posibilidad de innovación y transgresión, o un arte que se limite al entretenimiento y al ocio a raudales sin parangón alguno?

Efectivamente, ambas visiones son acertadas y a la vez desacertadas. Es obvio que la naturaleza del videojuego ha cambiado con los años, desde aquellos Castlevania o Turtles in Time a los Uncharted o Life is Strange, y la visión del mundo respecto a los videojuegos ha cambiado totalmente. Obras como Heavy Rain, The Last of Us o la ya mencionada Life is Strange son un buen ejemplo de que los videojuegos pueden ser mucho más que un simple entretenimiento, y pueden conseguir poner la narrativa a un nivel estratosférico, adaptándola a la jugabilidad de una forma innovadora y rompedora incluso como es el caso de la saga Metal Gear Solid. Ahora bien, es cierto también que la base de todo videojuego es entretener, divertir, y ofrecer al jugador un nivel de ocio considerable que no pueda compararse al cine o la literatura. A veces al buscar esa intención de que los videojuegos sean mucho más que un simple juego, podemos perder el factor más importante al fin y al cabo que es hacerte pasar un buen rato. Esto incluye también los videojuegos de terror, ya que estos son también (obviamente) una forma de diversión a través de los miedos y la tensión.

Ambas banderas son ondeadas al mismo tiempo, y han de ser reconocidas al mismo nivel de repercusión para un videojuego, cuyas pretensiones tienen el límite que el creador quiera darle. Al hablar con mi amigo sobre esto me di cuenta de que no todo ha de residir en la búsqueda de lo innovador, lo diferente y lo nuevo, sino que una misma fórmula repetida o con ligeros cambios en cada entrega, y que funciona a la perfección, puede ofrecer una satisfacción incluso mayor que otras experiencias jugables. Un jugador es público de todo tipo de productos, pero al final las guerras de consolas son absurdas, pues deberíamos dar gracias de que existan distintos sistemas. El PC tiene su público objetivo, Microsoft tiene el suyo, y tanto Nintendo como Sony tienen su target al cuál destinan con sus propuestas. Y es precisamente esta variedad la que sí que hace elevar al videojuego como un arte totalmente distinto a cualquier otro, pues es el perfecto ejemplo de la subjetividad de arte, representada en diferentes compañías y juegos. Al final, todo se reduce a lo que uno quiera buscar cuando agarra su mando, teclado o ratón, e inicia un viaje que le llenará de aquello que busque.

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